Mª José Gutiérrez-Cobo1, Rosario Cabello2 y Pablo Fernández-Berrocal1

1Universidad de Málaga

2Universidad de Granada

La relevancia que tiene el comportamiento agresivo en niños y adolescentes para nuestra sociedad es de máxima prioridad, porque continuamente se registran datos de un aumento de la agresividad en esta población. La gravedad de la misma recae en las consecuencias psicosociales negativas que tiene tanto para la víctima como para el agresor. Cabe destacar que numerosas investigaciones están focalizadas en encontrar aquellos factores que puedan proteger a niños y adolescentes de la emisión de conductas agresivas. Entre estas variables protectoras podemos encontrar la inteligencia emocional (IE), la habilidad de control cognitivo y el estatus socioeconómico de los padres (ESE).

Mediante una revisión de la literatura existente, hemos examinado aquellos estudios que evalúan cómo estos tres factores protectores se relacionan con la conducta agresiva de niños y adolescentes. Un total de 19 estudios arrojan importantes resultados acerca de esta cuestión.

La inteligencia emocional es entendida como la integración de la habilidad para percibir, usar, comprender y regular nuestras emociones y la de los demás. Diversos estudios han mostrado cómo una adecuada IE se relaciona con una disminución de la conducta agresiva. Este resultado es congruente, dado que, por ejemplo, una adecuada capacidad para percibir las emociones de los demás y de uno mismo puede ayudar a los niños y adolescentes a interpretar la situación de manera menos aversiva. Asimismo, una mayor capacidad de regular sus emociones, les puede ayudar a contener la emisión de la conducta no deseada, a pesar de que la situación haya generado una emoción negativa. De mayor relevancia, varias investigaciones en las que, por un lado, se entrenaba a un grupo de adolescentes en IE (grupo experimental) a lo largo del curso escolar siguiendo el programa INTEMO, frente a otro grupo que no recibía ningún tipo de entrenamiento (grupo control), han demostrado que dicho entrenamiento en IE reducía la conducta agresiva en esta muestra, así como mejoraba los niveles de empatía de la misma.

La habilidad de control cognitivo es la capacidad para inhibir una respuesta preponderante y con cierto grado de automaticidad, en favor de otras respuestas que necesitan de la puesta en marcha de procesos atencionales más elaborados. Esta habilidad nos permite comportarnos de forma más flexible en nuestro día a día y un déficit en la misma se relaciona con problema de impulsividad y abuso de sustancias. Cabe destacar, que nuestra revisión ha encontrado que, además de estas consecuencias, un déficit en esta habilidad se relaciona con una mayor agresividad en niños y adolescentes, posiblemente a través de la dificultad para contener la emisión de la conducta agresiva ante situaciones que les generan al niño y al adolescente un estado emocional muy negativo.

El estatus socioeconómico de los padres es una medida que incluye aspectos como el nivel de educación, los ingresos o el estado y prestigio del empleo de los padres. De nuevo, la revisión de la literatura ha arrojado datos acerca del papel negativo de un déficit en esta variable sobre la conducta agresiva en niños.

Frente a la IE y el control cognitivo, que son variables propias del niño o adolescente, el ESE es una variable externa al mismo y donde los psicólogos poco podemos intervenir. Debido a esto, resultados prometedores se encuentran en las variables de control cognitivo e IE. De esta forma, futuras líneas de investigación deberían ir centradas en el entrenamiento de la IE y la capacidad de control cognitivo para conocer si dicha intervención mitiga los efectos de un déficit en el ESE en la conducta agresiva de niños y adolescentes.

En conclusión, la conducta agresiva en niños y adolescentes debe ser un foco de atención en nuestra sociedad. Reducir la misma debe convertirse en una prioridad. Esta revisión ofrece nuevas líneas de actuación sobre variables modificables y altamente relacionadas con la agresión: la inteligencia emocional y el control cognitivo. En definitiva, se recomienda el entrenamiento en las mismas con la finalidad de prevenir y/o reducir los perjuicios que la agresividad en esta edad presenta, así como para disminuir el papel negativo de otras variables no accesibles para el psicólogo como el estatus socioeconómico de los padres.

El artículo completo puede encontrarse en la Revista Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado:

Gutierrez Cono, M.J.; Cabello, R. y Fernández-Berrocal, P. (2017). Inteligencia emocional, control cognitivo y estatus socioeconómico de los padres como factores protectores de la conducta agresiva en la niñez y la adolescencia. Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 88. 39-51.

María José Gutiérrez-Cobo es doctora en Psicología y profesora del Departamento de Psicología Básica en la Universidad de Málaga, y miembro de la International Society for Emotional Intelligence. Publicaciones: https://www.researchgate.net/profile/Maria_Jose_Gutierrez-Cobo

Rosario Cabello es profesora Contratada Doctora Dpto. Psicología Evolutiva y de la Educación en Universidad de Granada, docente en másteres universitarios en educación emocional e inteligencia emocional y miembro de la International Society for Emotional Intelligence. Publicaciones: https://www.researchgate.net/profile/Rosario_Cabello

 

Pablo Fernández-Berrocal es catedrático de Psicología, director del Laboratorio de Emociones y codirector del Master Inteligencia Emocional Universidad de Málaga, y vicepresidente International Society for Emotional Intelligence. Publicaciones: https://www.researchgate.net/profile/Pablo_Fernandez-Berrocal

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