Grupo de Trabajo de Psicología e Igualdad de Género del Consejo General de la Psicología

En este 25 de noviembre, el Consejo General de la Psicología manifiesta su total rechazo a cualquier forma de violencia física, psicológica o sexual, ejercida contra la mujer, al mismo tiempo que desea trasladar toda su solidaridad y apoyo a las familias y personas próximas a las víctimas de esta terrible lacra que ha costado la vida a 44 mujeres este año, además de tres casos más en investigación.

Nos conmociona conocer que un niño de 3 años haya presenciado el asesinato de su madre a balazos perpetrado por su propio padre a las puertas de su colegio, pero más allá de ese primer y brutal impacto, el caso se diluye en el tiempo y queda oculto tras la frialdad de unas estadísticas, ese recuento anestesiante de la peor consecuencia de una sociedad aún machista.

Por eso, en esta fecha en que repudiamos la execrable violencia contra la mujer, debemos abrir nuestra mirada para comprobar que la huella de la violencia de género es mucho más extensa. El más dramático de los ejemplos son los ocho niños y niñas que han sido asesinados y asesinadas como consecuencia de la violencia machista, como forma de infligir el mayor daño posible a sus madres. Es nuestro mayor fracaso como sociedad.

Además, veintitrés niños y niñas han quedado huérfanos al ser sus madres víctimas de un crimen mortal a manos de su pareja o expareja. Pero día a día, de forma más o menos invisible, miles de niños y niñas crecen en entornos de violencia, de abuso de maltrato, en situaciones en que su propia integridad corre peligro. Como profesionales de la psicología somos conocedores de los riesgos y las secuelas que entraña crecer en un hogar en el que se ejerce la violencia machista. Hablamos de ansiedad, depresión, patologías físicas y mentales, trastornos alimentarios, estrés postraumático, dificultades en el vínculo de apego, y también de la predisposición a sufrir o a ejercer violencia en la adolescencia y en la edad adulta.

No podremos presentarnos como una sociedad plenamente desarrollada mientras mujeres y también niños y niñas, son asesinados por el lastre de la desigualdad de género. De nada sirven minutos de silencio y consternación si no se toman medidas decididas e integrales para atajarla.

El Pacto de Estado contra la Violencia de Género es una buena noticia: es asumir que se trata de un problema de gran magnitud que transciende los colores políticos. Pero no puede quedarse en un mero gesto simbólico y, lamentablemente, no contamos con garantías ni plazos para su aplicación: ninguna de las medidas cuenta con fecha de ejecución ni presupuesto asignado. Como profesionales de la psicología demandamos un compromiso real, que aborde la violencia de género de forma integral, con políticas preventivas y de intervención psicológica desde las más tempranas edades, para poder erradicar las desigualdades sobre las que se asienta la violencia machista.

 

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