Con un cartel en la puerta de entrada que dice “tratamiento sin fármacos” se recibe a los pacientes que acuden al hospital psiquiátrico de Asgård, en Tromsø (Noruega). Se trata del primer centro para pacientes con trastorno mental grave (psicosis, trastorno bipolar, etc.) que ofrece tratamiento psicológico en vez de farmacológico y cuya iniciativa, promovida por el Ministerio de Salud de Noruega, supone un cambio de paradigma en la atención a la salud mental en este país.

Tal y como expone Robert Whitaker en un artículo publicado sobre este nuevo dispositivo, el centro ha sido creado para ofrecer una alternativa de tratamiento para todos aquellos pacientes (cada vez más) que rechazan consumir psicofármacos o que desean reducir paulatinamente su consumo. Precisamente esta es una de las fortalezas de este centro y es la de adoptar un actitud no paternalista hacia los pacientes, ofreciéndoles la posibilidad de que elijan libremente y que participen activamente en la decisión sobre su tratamiento.

La creación de este centro responde a una petición de varias organizaciones de pacientes, realizada en el año 2011, que se unieron para firmar una Acción conjunta para el tratamiento sin fármacos en psiquiatría. Tras varios años de diálogo con el gobierno de Noruega (con un sistema político que se enorgullece de escuchar a cualquier ciudadano o grupo, independientemente de su influencia o capacidad de presión, y especialmente comprometido hacia la inclusión de los propios usuarios en las tomas de decisiones), finalmente el gobierno ha optado por hacer realidad este proyecto, y todo ello a pesar del rechazo del colectivo de médicos. Tal y como han manifestado alguno de los miembros de las asociaciones de pacientes promotoras de esta idea, y que se recogen en el artículo citado, “queríamos crear una alternativa a la psiquiatría (…) Nuestro objetivo era crear un lugar, o un centro, caracterizado por la libertad del paciente, sin tratamiento forzoso y sin medicamentos como el eje central de la intervención”.

La petición de los propios pacientes, unida a la crisis actual de la psicofarmacología, que ha recibido numerosas críticas por su incapacidad para demostrar las causas biológicas de los trastornos mentales después de varias décadas de investigación (ver más información aquí y aquí), así como por los sesgos de los estudios de eficacia de los antipsicóticos (ver más información aquí) han allanado el camino para la implantación real de nuevas alternativas de intervención.

Asimismo, la puesta en marcha de este centro cuenta con el apoyo de una línea de estudios previos, conocidos como estudios de Diálogo Abierto (Open Dialogue study), en los que se ha demostrado la eficacia de la intervención psicológica temprana en el tratamiento de pacientes con un primer episodio de psicosis. Las diferentes investigaciones que han puesto a prueba este modelo han demostrado que transcurridos 2 años desde el primer episodio psicótico, cerca del 80% de los pacientes había vuelto a trabajar o a estudiar o no presentaba ninguna sintomatología psicótica residual, sin estar tomando ningún antipsicótico (ver aquí).

De esta manera, el modelo de atención implantado en el hospital de Asgård pretende poner también el énfasis en el abordaje psicológico. El dispositivo fortalece los derechos del paciente, situándole en el centro de la atención, bajo la premisa de que nadie debe verse obligado a ser internado forzosamente o a seguir un tratamiento farmacológico que no quiere, siempre y cuando existen formas alternativas y eficaces de intervención que no son coercitivas. Al mismo tiempo, los impulsores de este centro están desarrollando un programa de mejora continua, que han denominado “Uso correcto y reducido de medicamentos”, a través del cual pretenden difundir entre los profesionales médicos un protocolo para garantizar la prescripción de psicofármacos en las mínimas dosis posibles para cada paciente, seleccionando aquellos con menos efectos adversos (utilizando, por ejemplo, ansiolíticos en vez de neurolépticos), y al mismo tiempo evitar la tendencia a prescribir psicofármacos para el manejo de los problemas de la vida diaria y elaborar un plan de eliminación segura de los psicofármacos cuando no están produciendo un efecto positivo en el paciente.

La creación de este centro está generando un intenso y fructífero debate en Noruega y, de obtener resultados exitosos, sentará un precedente de cara a la atención que reciben los pacientes con trastorno mental grave en todo el mundo. En una época en la que se necesita una revolución en la atención a la salud mental (ver más información aquí), estancada en un sistema medicalizado y coercitivo, este tipo de propuestas supone una oportunidad para avanzar en nuestra manera de comprender y actuar frente al sufrimiento psicológico.

Fuente:

Whitaker, R. (2017). The Door to a Revolution in Psychiatry Cracks Open

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