Encabezando el ránking de países más felices del Informe Mundial de Felicidad 2018 (World Happiness Report 2018), encontramos a Finlandia, Noruega y Dinamarca; siendo los diez primeros países los mismos que en los últimos dos informes, aunque con algunos intercambios de lugares. España, en el puesto 36, ha caído dos posiciones en este ránking, a pesar de que el año pasado había recuperado algún puesto en la lista. Entre los países con peores puntuaciones se encuentran Burundi (156), República Centroafricana (155), Sudán del Sur (154) o Tanzania (153), confirmando, de este modo, que África es el continente menos feliz. Además, siguiendo su tendencia de los últimos años, Venezuela es el país que más puestos ha descendido en la tabla, situándose en el puesto 102, frente al puesto 82 del informe del 2016. En contraposición, es Togo el país que mejor ha evolucionado, ascendiendo 17 puestos desde que en 2015 ocupara el último de la lista.

Fue en julio de 2011 cuando la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), aprobó una resolución histórica, invitando a los países miembros a medir la felicidad de su población, con el objetivo de utilizar estos datos para ayudar a guiar las políticas públicas. Desde la publicación del primer informe sobre la felicidad mundial en 2012, se ha recorrido un largo camino en este tema, consiguiendo que, cada vez más, se considere la felicidad como una medida adecuada del progreso social y el objetivo de muchas políticas estatales.

El sexto de estos informes, el Informe Mundial de Felicidad 2018, fue publicado hace unos días y contiene algunas novedades con respecto a sus antecesores. Además de su clasificación habitual de los niveles y los cambios en la felicidad en todo el mundo, según variables como los ingresos, la solidaridad, la esperanza de vida saludable, la libertad para tomar decisiones, la generosidad o la percepción del nivel de corrupción, este año el informe está enfocado a la felicidad de los migrantes dentro y entre los países.

Cinco de los siete capítulos del informe abordan principalmente la migración, en los que se estudia no solo la felicidad de los migrantes y sus comunidades de acogida, sino también la de los que se quedan, ya sea en el campo o en el país de origen. Quizás el hallazgo más sorprendente es que la clasificación de países según la felicidad de sus poblaciones inmigrantes es casi exactamente la misma que para el resto de la población. Los diez países más felices en el ranking general también ocupan diez de los primeros once lugares en el ranking de felicidad de los inmigrantes. Finlandia está en el primer puesto de ambos rankings en este informe, con los inmigrantes más felices y la población general más feliz.

La cercanía de las dos clasificaciones muestra que la felicidad de los inmigrantes depende predominantemente de la calidad de vida en la que viven ahora. La felicidad puede cambiar, y cambia, de acuerdo con la calidad de la sociedad en la que vive la gente. Según el informe, la felicidad depende de una gama de características del tejido social, que se extiende mucho más allá de los ingresos. Los países con los inmigrantes más felices no son los países más ricos, sino los países con un conjunto más equilibrado de apoyo social e institucional para una vida mejor.

No obstante, aunque la convergencia a los niveles de felicidad locales es bastante rápida, no es completa, ya que existe un efecto de "huella" basado en la felicidad en cada país de origen. Efecto que oscila entre 10% y 25% y explica por qué la felicidad de los inmigrantes es menor que la de los lugareños en los países más felices. Además, las actitudes locales hacia los inmigrantes es otro factor que influye en la felicidad; una mayor aceptación de la inmigración está relacionada con una mayor felicidad tanto para los inmigrantes como para los nativos.

El informe también estudia la migración rural-urbana, principalmente a través de China, que ha tenido la mayor migración masiva en la historia. Esa migración muestra algunas de las mismas características de convergencia de las migraciones internacionales, con la felicidad de los migrantes acercándose a la de los habitantes de la ciudad, pero aún por debajo de los promedios urbanos.

La importancia de los factores sociales en la felicidad de todas las poblaciones, ya sean migrantes o no, se enfatiza en el Capítulo 6, donde se describe cómo el aumento de la felicidad en América Latina podría deberse a la mayor calidez de la familia y las relaciones sociales más cercanas. Más allá de los ingresos o la seguridad ciudadana, la abundancia y calidez de las relaciones sociales, es determinante para la felicidad.

El informe finaliza alertando sobre tres problemas de salud emergentes que amenazan la felicidad: la obesidad, el consumo de opioides y la depresión. Aunque estos problemas son globales, la mayoría de las pruebas y debates se centran en los Estados Unidos, donde la prevalencia de los tres problemas ha crecido más y más rápido que en la mayoría de los demás países.

Se puede descargar el informe completo en el siguiente enlace:

World Happiness Report 2018

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