“En la actualidad, las enfermedades no transmisibles y los trastornos mentales representan una de las mayores amenazas para la salud y el desarrollo en todo el mundo, especialmente en el mundo en desarrollo. La falta de intervenciones de eficacia demostrada está incrementando rápidamente los costes de la atención sanitaria, y la constante falta de inversión en medidas contra las enfermedades no transmisibles tendrá descomunales consecuencias sanitarias, económicas y sociales en todos los países”.

Así lo advierte la Comisión Independiente de alto nivel de la OMS sobre Enfermedades no Transmisibles, en un informe a través del cual aborda el problema actual de las ENT y ofrece una serie de recomendaciones para acelerar la consecución de la meta 3.4 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible para reducirlas en 2030.

Tal y como alerta el informe, miles de personas a nivel mundial están afectadas por Enfermedades No Transmisibles, y en todas las etapas de la vida, desde la infancia hasta la vejez.

Muchas de ellas, advierte, “morirán prematuramente por cuatro enfermedades no transmisibles, a saber: enfermedades cardiovasculares, cáncer, enfermedades respiratorias crónicas y diabetes”, si bien señala que estas cuatro enfermedades son prevenibles en gran medida, a través de políticas públicas que controlen los cuatro principales factores de riesgo: consumo de tabaco, consumo nocivo de alcohol, dietas malsanas y sedentarismo.

A este respecto, los autores ponen de relieve la advertencia de la OMS sobre la trascendencia de reducir este problema “especialmente grave y creciente”, recordando sus argumentos en favor de la inversión en la esfera de las Enfermedades No Transmisibles (“el apoyo en intervenciones coste eficaces en países de ingresos bajos y medianos, para 2030 verán un retorno de 7 dólares por persona por cada dólar invertido (…) el tratamiento de la depresión también es una buena inversión, recuperando 5 dólares por cada dólar invertido”).

En esta línea, la Comisión Independiente de alto nivel indica la existencia de una mayor conciencia acerca de la necesidad de prevenir y tratar los trastornos mentales como una parte integral de las medidas contra las Enfermedades No Transmisibles, dado que suponen una enorme carga de morbilidad en las sociedades, exponiendo para ello los siguientes datos preocupantes: “la depresión afecta por sí sola a 300 millones de personas, y es la principal causa de discapacidad en todo el mundo. Cada año se suicidan casi 800.000 personas. El suicidio y los traumatismos, de los que una gran proporción guardan relación con trastornos derivados del consumo de sustancias, representan una importante causa de defunción entre los jóvenes. La demencia es una de las 10 principales causas de defunción. Las personas con trastornos mentales graves tienen una esperanza de vida reducida en 10 a 20 años, debido principalmente a enfermedades no transmisibles no tratadas”.

Estas medidas expuestas en el informe se contemplaron ya en 2015, cuando se acordaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que incluían un objetivo sanitario específico en el ODS 3 (“Garantizar una vida sana y promover el bienestar de todos a todas las edades”) así como una meta específica (meta 4 del ODS 3) sobre Enfermedades No Transmisibles en el contexto de ese objetivo (“reducir en un tercio la mortalidad prematura por enfermedades no transmisibles mediante su prevención y tratamiento, y promover la salud mental y el bienestar“).

Sin embargo, a pesar de que se han adoptado algunas medidas, tanto de alcance nacional como internacional, contra las Enfermedades No Transmisibles, no ha habido progresos mundiales suficientes, y la Organización Mundial de la Salud prevé que la meta 4 del ODS 3 no se alcanzará “a menos que se produzca un profundo cambio de enfoque”.

Por este motivo, se instó a la Comisión Independiente de Alto Nivel de la OMS sobre Enfermedades No Transmisibles a establecer recomendaciones relativas al modo en que los países podrían acelerar los progresos hacia el logro de la meta 3.4 de los ODS.

Cabe señalar que, si bien el enfoque se centra en lograr dicha meta, la Comisión también ha tenido en cuenta la enorme incidencia de las Enfermedades No Transmisibles y los trastornos de salud mental durante todo el ciclo de vida, así como “el incalculable sufrimiento que ocasionan, especialmente sus efectos en los niños y los jóvenes”.

Afirmando que “no hay excusa para la inacción, toda vez que disponemos de soluciones basadas en pruebas científicas”, el informe recoge las siguientes recomendaciones:

1. Comenzar desde el principio

Liderazgo y responsabilidad políticos, de las capitales a los pueblos. Los Jefes de Estado y de Gobierno, así como los Ministerios de Salud, deberían supervisar el proceso orientado a generar conciencia, en el ámbito nacional, en torno a  las enfermedades no transmisibles y la salud mental.

2. Priorizar e incrementar

En función de las necesidades de salud pública, los Gobiernos deberían identificar y adoptar un conjunto específico de prioridades en el marco general del programa sobre Enfermedades No Transmisibles y salud mental.

3. Integrar y ampliar: Enfermedades No Transmisibles en los Sistemas de Salud y la Cobertura Sanitaria Universal (CSU)

Para el Alto Comisionado, el logro de la Cobertura Sanitaria Universal (CSU) es esencial para el programa sobre Enfermedades No Transmisibles. Los Sistemas de Salud frágiles, el acceso limitado, y la falta de servicios de prevención y promoción de la salud y de intervenciones y medicamentos basados en pruebas científicas son también obstáculos en el camino de cada país hacia la CSU, en consonancia con sus circunstancias y prioridades nacionales. Empero, lamenta que los trastornos mentales se excluyan del conjunto básico de prestaciones de la CSU con demasiada frecuencia, lo que conlleva una brecha “excepcionalmente amplia” en lo que respecta al tratamiento.

En este sentido, propone que los Gobiernos reorienten los Sistemas de Salud en función de los contextos y las necesidades nacionales, con el fin de incluir en sus políticas y planes de CSU la promoción de la salud, la prevención y el control de las enfermedades no transmisibles, y los servicios de Salud Mental.

Los Gobiernos deberían garantizar que el conjunto de prestaciones públicas de la CSU en el ámbito nacional incluya servicios relativos a las Enfermedades No Transmisibles y la Salud Mental, en particular los de prevención e intervenciones tempranas, así como el acceso a medicamentos y tecnologías esenciales.

Los servicios de Atención Primaria de salud deberían fortalecerse con un número suficiente de profesionales sanitarios bien formados, con el fin de asegurar la cobertura equitativa, concretamente, en lo concerniente a las funciones básicas de salud pública.

Se deberían identificar sinergias en las plataformas existentes de atención crónica (por ejemplo, las de VIH y tuberculosis), con miras a poner en marcha servicios de Enfermedades No Transmisibles y Salud Mental.

4. Colaborar y reglamentar

Los Gobiernos deberían intercambiar experiencias y problemáticas, en particular sobre los modelos normativos más eficaces, y fortalecer una reglamentación eficaz y una apropiada interacción con el sector privado, los círculos académicos, la sociedad civil y las comunidades, sobre la base de un enfoque de las enfermedades no transmisibles que abarque a toda la sociedad.

5. Finanzas

Los Gobiernos y la Comunidad internacional deberían desarrollar un nuevo paradigma económico para financiar las actividades relativas a las Enfermedades No Transmisibles y la Salud Mental.

Los Gobiernos nacionales deberían desarrollar y aplicar un nuevo paradigma económico para actuar contra las Enfermedades No Transmisibles, basado en las pruebas según las cuales las medidas eficaces suponen inversiones en capital humano y crecimiento económico.

Realizar, con el respaldo de los instrumentos desarrollados por la OMS, evaluaciones de los efectos sanitarios y, cuando sea posible, calcular el coste total e identificar los factores del coste real para las sociedades, derivados de las políticas que inciden en las Enfermedades No Transmisibles.

"La OMS debería priorizar las Enfermedades No Transmisibles y la Salud Mental".

6. Promover la rendición de cuentas

Los Gobiernos deberían fortalecer la rendición de cuentas ante sus ciudadanos en lo concerniente a las Enfermedades No Transmisibles.

La OMS debería simplificar el mecanismo de rendición de cuentas existente en relación con las Enfermedades No Transmisibles y establecer un sistema claro de seguimiento y rendición de cuentas para los programas de mayor efecto, que puedan conducir al logro de la meta 4 del ODS 3, en particular una cuenta regresiva para 2030 armonizada en lo que respecta a las enfermedades no transmisibles y la salud mental.

El documento completo se encuentra disponible en la página Web de la OMS, o bien directamente a través del siguiente enlace:

Es hora de actuar: informe de la Comisión Independiente de Alto Nivel de la OMS sobre Enfermedades No Transmisibles [Time to deliver: report of the WHO Independent High-level Commission on Noncommunicable Diseases]. Ginebra: Organización Mundial de la Salud; 2018. Licencia: CC BY-NC-SA 3.0 IGO

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