“Las ciencias sociales y del comportamiento son el futuro de la salud pública”. Con esta afirmación, el Departamento de Salud Pública de Inglaterra (Public Health England-PHE) ha presentado una nueva guía, a través de la cual se expone una estrategia integral y de colaboración, que permitiría a los profesionales de la salud pública aplicar las ciencias sociales y del comportamiento en pro de la mejora de la salud y el bienestar de la población, reduciendo así las desigualdades existentes en salud.

El documento, desarrollado en colaboración con diversas asociaciones, sociedades científicas y entidades de salud pública británicas, pone de relieve como muchos de los problemas que actualmente afectan a la salud poblacional -por ej., fumar, los malos hábitos de alimentación y la inactividad física-, tienen determinantes estructurales, sociales y de comportamiento (a saber: el contexto, la educación, el empleo, el acceso a los servicios de salud, nuestras experiencias y percepciones, el comportamiento social, el estigma y la discriminación, el desarrollo de las nuevas tecnologías, etc.), por lo que, en aras de reducir estas problemáticas, es esencial adoptar un enfoque integral, fundamentado en las ciencias sociales y del comportamiento, con intervenciones basadas en la evidencia que se centren en la conducta individual, así como en lo social y estructural.

En la elaboración del informe, titulado Improving people’s health: Applying behavioural and social sciences to improve population health and wellbeing in England, han participado distintos profesionales pertenecientes a diversas disciplinas, aportando cada uno de ellos sus perspectivas y aportaciones, e identificando de forma conjunta, objetivos comunes; es, precisamente, este enfoque multidisciplinar el que promueve la estrategia propuesta.

Tal y como advierten sus autores, la mejora de la salud a nivel poblacional, no puede depender únicamente de los modelos biologicistas y médicos. En este sentido, ponen de manifiesto el rol fundamental de las ciencias sociales y del comportamiento dentro de un enfoque multidisciplinar para abordar la salud, siendo clave para la mejora de la salud física y mental de la población, así como para prevenir la morbilidad y la mortalidad evitables en el transcurso de la vida, y reduciendo a su vez, la carga económica que conllevan, al implementar intervenciones más rentables.

A este respecto, la aplicación de las ciencias sociales y del comportamiento pueden tener un impacto beneficioso en una amplia variedad de temas, tales como el estudio de la salud laboral y la igualdad y la diversidad en el ámbito de trabajo, la comprensión del papel que juegan las preferencias, los incentivos y las percepciones sobre las conductas que ponen en riesgo de una mala salud, el fomento del acceso al empleo y la promoción laboral de las personas con problemas de salud mental, o la reducción de la ansiedad y el estrés postraumático derivado de situaciones vitales estresantes, entre otros.

El informe resalta las ventajas de las ciencias sociales y del comportamiento, al aportar rigor y disciplina al diseño, desarrollo y evaluación de las intervenciones, y utilizar teorías y modelos basados en la evidencia para respaldar dichas intervenciones. Entre la variedad de disciplinas que abarca, destaca el importante papel que puede desempeñar la Psicología en la salud pública.

Según manifiestan los autores del informe, la Psicología comprende un amplio conjunto campos y ámbitos, que van desde el estudio de la cognición individual hasta el de las conductas grupales. En línea con el objetivo de la estrategia, el documento recoge como punto de partida tres ámbitos de la Psicología: Psicología de la salud, Psicología cognitiva y Psicología social.

Con respecto a la Psicología de la Salud, se enfatiza el uso del modelo biopsicosocial para promover y mantener la salud, mejorar el bienestar de las personas afectadas por enfermedades, optimizar el sistema de atención médica, y apoyar la promulgación de políticas de salud. A juicio de los autores, “conocer cómo las personas piensan, sienten y aprenden puede ayudarnos a comprender y predecir de qué manera actuarán, y decidir cómo cambiar las conductas negativas para mejorar la salud”.

Definiendo la Psicología cognitiva como el estudio de procesos mentales internos como la atención, el uso del lenguaje, la memoria, la percepción, la resolución de problemas y el pensamiento, el documento pone de relieve su importancia a la hora de ofrecer herramientas clave para los profesionales de la salud pública, por ejemplo, de cara a detectar posibles sesgos cognitivos en la toma de decisiones médicas y conocer cómo estos sesgos pueden afectar a los clínicos.

El informe presta especial atención también a la Psicología Social, definiéndola como el estudio científico de cómo los pensamientos, sentimientos y conductas de las personas están influidos por la presencia real, imaginada o implícita de otros, y considerándola un “dominio interdisciplinario que cierra la brecha entre la Psicología y la Sociología”.

En relación con este ámbito de la Psicología, destaca algunos conceptos clave y teorías que podrían aplicarse en la estrategia, entre ellas, la teoría de la comparación social, la teoría del aprendizaje social o la teoría de la acción razonada.

La guía se encuentra disponible a través de la página de Public Health England, o bien directamente a través del siguiente enlace:

Improving people’s health: Applying behavioural and social sciences to improve population health and wellbeing in England

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