M. Jesús Flores Fresco, M. Carmen Blanco Gandía y Marta Rodríguez-Arias

Facultad de Psicología. Universidad de Valencia

La adicción a las drogas es un trastorno multifactorial que resulta de la interacción entre factores genéticos y ambientales. La conducta adictiva se caracteriza por una compulsión por la búsqueda y consumo de la droga, una pérdida de control en la ingesta, y la aparición de un estado emocional negativo cuando se impide el acceso a la sustancia. El trastorno por uso de sustancias (TUS) debe considerarse una enfermedad de carácter crónico, ya que incluso tras un proceso de desintoxicación satisfactorio y largos periodos de abstinencia, es frecuente que el adicto recaiga en el consumo. Se han estudiado numerosos factores que pueden influir en el desarrollo de la adicción, como los genéticos, la influencia de los amigos durante la adolescencia, la exposición a situaciones de estrés, la falta de apoyo social, etc. Sin embargo, prácticamente no se habían realizado estudios que evaluaran el papel de la dieta en la vulnerabilidad a desarrollar un trastorno adictivo. Desde hace unos pocos años, se han realizado una serie de estudios en modelos animales en los que se ha demostrado que el consumo de una dieta alta el azúcar o en grasa, favorece el consumo de determinadas drogas.

Nuestro grupo de investigación ha demostrado que los ratones que ingieren una dieta alta en grasa de forma intermitente (modelo de atracón) presentan un consumo mucho mas elevado de cocaína e ingieren más alcohol que aquellos que son alimentados con una dieta equilibrada. Estos atracones de comida grasa recuerdan a la típicas conductas de compulsión que son una característica fundamental del proceso adictivo. Pero ¿por qué a los animales (y también a los seres humanos) nos gusta tanto la comida rica en grasa o en azúcar?

Comer es una necesidad esencial para la supervivencia y es uno de los grandes placeres del ser humano. Desde un punto de vista evolutivo, nuestro organismo se desarrolló en un contexto caracterizado por la escasez nutricional y conseguir alimentos era un objetivo fundamental para sobrevivir. Ya que nuestro cuerpo procesa los alimentos de forma rápida, presentamos una preferencia innata por las comidas con alto contenido energético y muy calóricas, ya que en una situación de escasez supondría una reserva energética que nos ayudaría a subsistir. Estos alimentos, al igual que las drogas de abuso como la cocaína, el alcohol o la nicotina, provocan una liberación de dopamina en el sistema cerebral de recompensa, lo que explica la sensación de placer que experimentamos al consumirlas. En la sociedad actual existe tal abundancia y variedad de alimentos que esta adaptación evolutiva orientada a alimentarse por la supervivencia, se convierte en un peligro, ya que comemos no sólo por hambre, sino también por placer. En las últimas décadas se ha producido un dramático incremento en la incidencia de obesidad en los países desarrollados, siendo España un país especialmente afectado. La obesidad no sólo afecta a la población adulta, sino también a los niños, y en especial a los adolescentes.

Aunque son todavía escasos, algunos estudios realizados en nuestro país han puesto de manifiesto que los pacientes con trastorno de la conducta alimentaria (TCA) consumen, en su mayoría tres sustancias adictivas: la cafeína, el alcohol y el tabaco. Esta comorbilidad psiquiátrica complica la evaluación de ambos trastornos y su posterior tratamiento. Sin embargo, prácticamente no se han realizado estudios en poblaciones adictas a drogas que evalúen si los trastornos en la alimentación se presentan de manera más frecuente que en la población general. Por este motivo, desarrollamos un estudio en una Unidad de Conductas Adictivas de la Comunidad Valenciana que demostró una mayor presencia de TCA en la población estudiada. Los participantes  que presentaban TUS obtuvieron mayores puntuaciones en todas las escalas que apuntabann a la presencia de un TCA, siendo especialmente elevadas las puntuaciones observadas en las mujeres adictas. La mayoría de los pacientes presentaban adicción al alcohol, cocaína o eran policonsumidores, observándose en todos ellos elevadas puntuaciones en la escala referidas a la impulsividad. Entre los TCA se observaron alteraciones en el apetito y la saciedad, comportamientos obsesivos, compulsivos y conductas de autodestrucción. Estos resultados son comparables a los estudios previos realizados sobre esta comorbilidad en otros países.

Estos estudios alertan en especial acerca del riesgo que se presenta en la población adolescente, en la que con frecuencia se producen conductas de ingesta excesiva de comida rápida junto a grandes cantidades de alcohol. Existe un gran número de factores explicativos de esta comorbilidad como es la pérdida de control, la sensibilidad a la recompensa (ya sea mediante la droga o la comida), la baja autoestima o la automedicación, utilizando la droga o la comida para aliviar un estado emocional negativo. Pero también se ha planteado una teoría de puerta de entrada entre el consumo de comida y el abuso de sustancias, que postula que la ingesta compulsiva de comida puede facilitar el desarrollo de otro comportamiento desadaptativo, como es el consumo de drogas. Durante un periodo en el que el cerebro es especialmente plástico, la ingesta de comida altamente reforzante puede modificar el sistema cerebral de recompensa de estos jóvenes y cambiar la forma en la que responden a las drogas, incrementándose su vulnerabilidad a la adicción.

Estos estudios indican que se debería incluir un control o cribado de TCA en la población adicta, ya que ambos trastornos pueden alterar el curso de la enfermedad y el desarrollo del tratamiento. La intervención y la prevención deberían enfocarse ya desde la adolescencia, edad crítica para la aparición de estos trastornos

El artículo completo junto con las referencias pueden consultarse en la Revista Clínica y Salud :

Flores-Fresco, M.J., Blanco. M.C., y Rodríguez-Arias, M. (2018). Alteraciones de la conducta alimentaria en pacientes con trastorno por abuso de sustancias. Clínica y Salud, 29, 3, 125-132.

 

M. Jesús Flores Fresco. Psicóloga Sanitaria y Forense inscrita en el Colegio Oficial de Psicólogos de la Comunidad Valenciana, Master en Investigación, Tratamiento y Patologías Asociadas de Drogodependencias, miembro del Listado Oficial de Psicólogos Forenses y especialista en drogodependencias de la Unidad de Valoración y Apoyo en Drogodependencias (UVAD) y del Centro de Día Hedra de la Fundación Adsis en Valencia.

M. Carmen Blanco Gandía. Profesora Ayudante Doctor en la Universidad de Zaragoza, Master Oficial en Investigación, Tratamiento y Patologías asociadas en Drogodependencias, miembro de la Unidad de Investigación Psicobiología de las Drogodependencias. Trayectoria científica centrada en el estudio de los factores de vulnerabilidad en el consumo de cocaína y alcohol, concretamente en la influencia de diferentes tipos de dieta durante la adolescencia.

Marta Rodríguez Arias. Catedrática de Psicobiología de la Facultad de Psicología de la Universidad de Valencia. Estudia las bases neurobiológicas de la adicción a las drogas, con especial interés en el efecto del estrés social y las variables ambientales como la dieta.

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