Federico Pulido-Acosta y Francisco Herrera-Calvo

Universidad de Granada

Resulta fundamental saber reaccionar a las emociones y gestionarlas de forma adecuada. Dicha capacidad de manejar las emociones de forma eficiente es lo que se entiende como Inteligencia Emocional (IE), la cual está integrada por un elevado número de aptitudes emocionales, con uno mismo y con los demás. Esto puede llegar a convertirse en un arma con la que alcanzar el éxito personal, académico y profesional.

Las capacidades que constituyen la IE facilitan una regulación emocional adecuada, la cual está asociada al ajuste de la vida personal y social del sujeto, impidiendo el desarrollo de conductas desajustadas. De esta manera, niveles altos de IE son sinónimo de una mayor calidad de vida, mayor bienestar personal, laboral y académico, así como una mejor salud mental.

Por otro lado, dentro de los elementos que encuentran un claro beneficio en este tipo de habilidades, se ha de considerar el desarrollo académico. En este punto, se introduce el concepto de rendimiento académico, entendido como el nivel de conocimientos y destrezas escola­res exhibi­dos por los estudiantes.

IE y rendimiento se relacionan entre sí

Varios trabajos muestran la estrecha relación existente entre este conjunto de habilidades emocionales (IE) y el desempeño académico de los alumnos dentro del sistema educativo. De hecho, el rendimiento académico funciona como uno de los más importantes predictores de este conjunto de habilidades o, lo que es lo mismo: las personas que obtienen calificaciones más altas son también las que exhiben un mayor control y una más importante autogestión de sus propias emociones, así como una relación más eficiente con los demás. Esta afirmación es especialmente evidente entre los más jóvenes: los niños.

Otros factores influyentes

Es cierto que dichas habilidades emocionales tienen en el rendimiento académico uno de sus más importantes predictores. Sin embargo, ni mucho menos son los únicos. En este sentido, sobre la IE tiene una influencia evidente la edad del sujeto. Resulta fácil de entender que a medida que aumenta esta última, el sujeto va adquiriendo un mayor número de habilidades para la gestión y manejo de emociones, cada vez más complejas y eficaces.

El desarrollo emocional es el motor que conduce a estas mejoras, en lo que tiene una importancia crucial el ambiente en el que el sujeto se cría. Precisamente el estatus socioeconómico y cultural -el cual depende del ámbito de desarrollo del sujeto-, es otro de los indicativos que permiten determinar la IE.

Así, se observa una relación directamente proporcional (cuanto más bajo es el nivel socio-económico menos eficaces son las capacidades para gestionar las emociones). En todos los casos excepto en Autocontrol), se observa una distribución desorganizada. Desde esta perspectiva, las personas pertenecientes a estatus más altos tendrían un mejor ajuste socioemocional general y mejores capacidades para pensar de manera positiva, lo que justificaría dichas diferencias comentadas.

Finalmente, el género es otra de las variables a tener en cuenta: las chicas muestran puntuaciones superiores a los varones, en todas y cada una de las habilidades que integran la IE. No se deben considerar aquellas concepciones basadas en criterios de tipo biológico y sí aquellas otras que se relacionan con patrones de socialización y desempeño de distintos roles, diferentes en el proceso de socialización mujeres y varones.

Las influencias que se comentan en el párrafo anterior se pueden ver en todas y cada una de las capacidades que, de forma conjunta, integran la IE.

La relación en ambos sentidos

La relación entre la IE y el rendimiento académico vuelve a quedar reforzada si la vemos desde la “otra cara de la moneda”. La media del rendimiento está también bajo la influencia de la IE si se considera que los alumnos que alcanzan puntuaciones más elevadas son también los que demuestran mejores y más eficaces capacidades socio-emocionales. La relación entre ambas variables, también desde esta perspectiva, vuelven a ser directamente proporcionales. Pero, como ocurre con dichas habilidades emocionales, si bien es cierto que se trata del principal predictor, no es la única fuente de influencia sobre el rendimiento. En esta ocasión, es el grupo cultural de referencia el que resulta indicativo del rendimiento.

La sociedad actual es cada vez más diversa y compleja y los centros educativos son un fiel reflejo de ella. Por ello, las personas que pertenecen al grupo cultural mayoritario son los que reflejan niveles académicos superiores, con respecto a los grupos culturales minoritarios. El hecho de que la cultura sea un factor determinante en las calificaciones académicas se relaciona con las dificultades para la integración socio-educativa, así como las posibles diferencias en la lengua materna entre los diferentes grupos culturales en contextos en los que aparece esta diversidad lingüística. En dicha influencia, las diferencias de estatus socioeconómico y cultural son otro importante justificante. Precisamente esta variable sociodemográfica (estatus) aparece como otro de los elementos que influyen en el rendimiento académico: son las personas que se desarrollan en un ámbito con mejores condiciones y un nivel económico más desahogado, las que reflejan un rendimiento académico más elevado.

Potenciar las capacidades emocionales

Como conclusión, se puede afirmar que las habilidades emocionales son fundamentales para la mejora del rendimiento académico. Cada una de las dos variables actúa como principal predictor de la otra, siendo directamente proporcionales. Para realizar aprendizajes significativos es fundamental el campo emocional. Sin embargo, el desarrollo de este tipo de habilidades no se considera en el actual currículum. Por esta razón se deben considerar y potenciar las habilidades emocionales en la búsqueda de la mejora del proceso de aprendizaje.

El artículo completo así como las referencias pueden encontrarse en la Revista Psicología Educativa:

Pulido-Acosta, F., y Herrera-Calvo, F. (2019). Prediciendo el Rendimiento Académico Infantil a través de la Inteligencia Emocional. Psicología Educativa, 25 (1), 23-30.

Federico Pulido Acosta: Maestro, Licenciado en Psicopedagogía, doctor en Psicología por la Universidad de Granada y doctor en Ciencias de la Educación. Docente especialista en Pedagogía Terapéutica en el IES Almina, y colaborador en Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Granada, en la Facultad de Educación y Humanidades de Ceuta.

Francisco Herrera Clavero: Maestro, doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación por la UNED, doctor en Psicología por la Universidad de Granada y Profesor Titular en Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Granada, destinado en la Facultad de Educación y Humanidades de Ceuta.

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