“Desde el punto de vista de la comunicación menos formalizada, especialmente la que se mueve desde las redes sociales, se encuentran referentes claros que también refuerzan determinadas ideas y valores asociados. Y se identifican varias claves: el alardeo, vinculado a resaltar los elementos más glamurosos, el poder, la potencia y la identidad; los malos ejemplos, de personas famosas que reflejan los ideales del mal uso y la mala práctica; los buenos ejemplos, desde los profesionales del motor; los referentes de la fantasía al volante que conectan la conducción con aspiraciones vinculadas al placer, la felicidad, el ligue.”

Esta es una de las conclusiones del último informe realizado de forma conjunta por el Centro Reina Sofía de Adolescencia y Juventud de la Fad y la Fundación Mapfre, sobre valores y referentes culturales ligados a la conducción entre los jóvenes (un estudio que da continuidad al informe de 2016, sobre Conducción y drogas: factores subyacentes a los comportamientos de riesgos).

El propósito de este nuevo análisis se centra en determinar la relación entre los diferentes referentes culturales y sociales (valores, expectativas, vínculos…) y el modo en que las personas jóvenes los asocian a la conducción, pero desde el punto de vista de las concordancias entre las prácticas comunicativas y relacionales y los valores y expectativas compartidos al respecto.

Tal y como señalan los autores, el estudio no pretende encontrar causalidades o determinar influencias lineales entre la comunicación social y los referentes de la conducción, sino más bien identificar la interacción entre las aspiraciones y percepciones (personales y colectivas) y la forma en que los y las jóvenes articulan y reciben la comunicación social en relación con el universo “coche y conducción”, analizando, para ello, la manera en que algunos referentes sociales, mediáticos y culturales pueden influir (o no) en su relación con el coche y la conducción, pudiendo dificultar (o facilitar) las estrategias de prevención o reducción de daños.

En esta línea, se ha buscado, desde la perspectiva de personas jóvenes, la identificación de canales y referentes, a la vez que se ha rastreado este juego comunicacional dinámico en el que estos referentes puedan estar representados (qué imágenes, estereotipos y opiniones les llegan a través de la publicidad, de las redes sociales e internet, qué modelos de conducta comparten, qué personajes de la vida pública les inspiran, qué mensajes reciben de la ficción que consumen, etc.).

A continuación, resumimos las principales conclusiones del estudio:

  • Los datos muestran muy claramente la existencia de una dinámica comunicativa en bucle, que se alimenta y retroalimenta entre canales y colectivos, tanto de forma masiva como personalizada. Así, la información apunta a los modos en que la comunicación y las realidades sociales se refuerzan mutuamente, a partir de unos contenidos y referencias claramente definidas y, en muchos aspectos, estereotipadas.

  • Se evidencia una relación estrecha, robusta y sistemática de los entornos y prácticas comunicativas con el entramado de valores, experiencias, emociones y expectativas asociados a la conducción que, muy claramente se expresan en las conversaciones (en las de los grupos de discusión, pero también en las que se producen de forma espontánea en las redes sociales analizadas).

  • En el conjunto de valores identificados se percibe claramente la relevancia del binomio coche-conducción como realidad “que va mucho más allá del hecho o la necesidad de transportarse y que expresa elementos clave relativos la identidad reconocida o aspiracional”.

  • El análisis perfila los principales referentes discursivos que se manejan en la comunicación sobre la conducción entre los y las jóvenes: primero, la experiencia de la conducción en el contexto urbano (el estilo de vida que viene dado por “la jungla del asfalto”), y segundo, por la “obligación” de conducir, donde sacarse el carnet se convierte en un rito en el proceso de socialización juvenil.

  • El estudio detecta muy claros referentes comunicativos, tanto en el plano individual como colectivo. Entre estos referentes, se identifica la publicidad (potenciando ideales y aspiraciones, pero también aspectos de riesgo); diferentes personalidades como referentes (el alardeo, buenos y malos ejemplos); fantasías al volante (películas, videojuegos…) y mensajes de prevención (desde instituciones públicas y privadas).

  • Asimismo, y en relación con todo lo anterior, se reconoce en la comunicación un amplio conjunto de estereotipos ideales, que funcionan y retroalimentan los modelos esperables de comportamiento en la conducción.

    El más claro, en opinión de los autores del estudio, es el estereotipo vinculado al género, desde el que se configura, en todos los espacios de comunicación, “un universo extremadamente machista que proyecta todas las aspiraciones positivas hacia los varones y todas las limitantes y símbolos de lo que no debería ser hacia las mujeres”.

    Se considera también un factor muy potente el estereotipo vinculado a la edad, “situando en el espacio de lo indeseable a los grupos de edad extremos”: si para la conducción óptima es necesaria experiencia y confianza, el límite a la experiencia es la pérdida de capacidades (reflejos). El ideal apunta, por tanto, a jóvenes con experiencia, fundamentalmente varones.

Se puede acceder al informe completo desde la página Web de MAPFRE, o bien directamente a través del siguiente enlace:

Jóvenes y conducción: valores y referentes culturales

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