“Cuando experimentamos problemas de salud mental y buscamos la ayuda de un profesional de la salud, es probable que obtengamos un diagnóstico. Esto tiene importantes consecuencias, tanto positivas como negativas.”

Con esta introducción, la Organización Mental Health Europe (MHE) –que agrupa a más de 3.000 ONGs y asociaciones de salud mental en toda Europa-, presenta su “Guía breve de diagnóstico psiquiátrico", un recurso cuyo propósito es el de ofrecer información sobre los problemas de salud mental y su abordaje, a las personas diagnosticadas y sus familias.

La MHE espera que esta Guía sirva para sensibilizar sobre la salud mental en la sociedad, impulsar el debate entre los profesionales de la salud y mejorar la calidad de la ayuda y el apoyo que se ofrecen. Para ello, a lo largo de sus páginas explica tanto la información relativa al diagnóstico, como los distintos enfoques en el abordaje de los problemas de salud mental.

Tal y como indica el documento, para algunas personas puede resultar útil y tranquilizador recibir un diagnóstico, mientras que para otras puede ser estigmatizante. De hecho, señala, en el campo de la salud mental, tanto el diagnóstico como el tratamiento médicos “son particularmente polémicos y pueden tener consecuencias negativas”: con frecuencia, el diagnóstico psiquiátrico conlleva a la prescripción de medicamentos. La medicación psiquiátrica puede brindar un alivio temporal, “pero también puede tener efectos desagradables o debilitantes”. Ante esto, la guía pone de relieve la importancia de comentarlo con un médico, principalmente ante los posibles efectos secundarios.

En este sentido, la Organización recuerda que todas las personas tienen derecho a que se les involucre de manera significativa en cada etapa de la evaluación, diagnóstico y el posible tratamiento, participando a lo largo de los procesos de toma de decisiones, discutiendo y acordando lo que considere el mejor curso de acción.

Los autores de la guía manifiestan que, a pesar de la existencia de información, “a menudo engañosa”, en los medios de comunicación, “los científicos aún tienen que descubrir marcadores genéticos, desequilibrios químicos u otras diferencias en la función cerebral que puedan predecir o identificar de manera confiable trastornos mentales”. A este respecto, subraya la clara existencia de diferencias genéticas que afectan a la forma en que respondemos a los eventos de la vida, y las consecuencias que producen en la química de nuestros cerebros las experiencias angustiosas; sin embargo, afirma que no es lo mismo sugerir que las enfermedades cerebrales "causan" trastornos mentales. El motivo es que “todavía no entendemos completamente cómo se relaciona la química cerebral con la angustia y, por lo tanto, es difícil ver cómo podríamos utilizar esto para ayudar a las personas”.

Con respecto a los sistemas de clasificación de los trastornos mentales, CIE y DSM, el documento señala que juntos “forman la lente principal a través de la cual se ven los problemas de salud mental, el llamado modelo médico del trastorno mental”. Asimismo, ambos se utilizan ampliamente en los sistemas de atención médica basados en seguros, para establecer el derecho al tratamiento y las ayudas, lo que a menudo supone que la ausencia de diagnóstico significa que no habrá tratamiento ni ayuda.

Reiterándose en que “no hay marcadores o pruebas físicas o biológicas que definan los problemas de salud mental”, la MHE recuerda que los manuales se basan en opiniones colectivas de los paneles de expertos, que deciden cómo describir las diferentes formas de angustia. Para ello, recopilan listas de pensamientos, sentimientos y comportamientos que se ajustan al trastorno que han nombrado y descrito. Estas listas en terminología médica se describen como síntomas. Empero, en realidad, “todos los síntomas son experimentados también por personas que no se describen como "enfermos mentales" y para quienes el impacto en sus vidas puede ser temporal o no problemático”.

Si bien la revisión periódica de estos manuales resulta tranquilizadora, dado que se traduce en “una mejora continua de la práctica”, para la MHE es esencial recordar que estos diagnósticos, en el mejor de los casos, reflejan una visión actual de la sociedad. En esta misma línea, afirman que los expertos cambian continuamente de opinión, tanto sobre qué formas de angustia incluir como sobre el modo de describir las diferencias entre los trastornos, de modo que muchos diagnósticos son, en realidad, “juicios morales que reflejan cambios en los valores y preocupaciones de la sociedad en lugar del progreso científico”.

En relación con lo anterior, el documento recoge los principales argumentos que cuestionan el modelo médico y los manuales ICD y DSM:

  • El debate constante sobre qué incluir como criterio de diagnóstico, indica una dificultad para decidir qué es una reacción humana normal ante determinadas circunstancias o experiencias angustiosas y qué no es normal o constituye un signo de trastorno.

  • Los "síntomas" a menudo se superponen entre los diagnósticos y, por lo tanto, las distinciones entre diferentes condiciones no son fiables. Esto puede llevar a una persona a recibir una serie de diagnósticos diferentes, lo que puede ser confuso e inquietante.

  • Combinar la opinión con la ciencia en Psiquiatría otorga una “autoridad artificial” a la profesión médica y al tratamiento médico, cuyos resultados no merecen.

  • Enfocarse demasiado en la enfermedad y en una perspectiva médica, puede actuar como una distracción de otros factores importantes responsables de la angustia mental, por ejemplo, los problemas sociales y culturales.

En palabras de Mental Health Europe, la existencia de otras aproximaciones alternativas al modelo médico, supone contar con una visión menos estrecha y no sólo con un único enfoque para todos los trastornos de salud mental.

Se puede acceder a la guía en varios idiomas (a saber, inglés, griego, italiano, alemán y francés), desde la página Web de la MHE, o bien directamente en inglés a través del siguiente enlace:

A Short Guide to Psychiatric Diagnosis

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