Los trastornos de ansiedad y del estado de ánimo son los trastornos emocionales más frecuentes entre la población general. Concretamente en España, se estima que aproximadamente dos millones y medio de personas presentan un trastorno depresivo, y se cree que, casi dos millones de personas, tienen un diagnóstico de trastorno de ansiedad, lo que supone el 5,2% y al 4,1% de la población, respectivamente. Esto resulta en un coste directo de 22.000 millones de euros y un gasto indirecto de 78.000 millones de euros. La suma total de estos gastos representa un alarmante 2,2% del Producto Interno Bruto del país (PIB).

A esto se suma la excesiva demanda de atención en Salud Mental dentro del Sistema público de Salud  en nuestro país, que produce largas listas de espera y hace que sea imposible dedicar el tiempo necesario al tratamiento de todas las personas que solicitan atención psicológica.

Todo ello, pone de relieve la necesidad de invertir más recursos para la intervención en los trastornos emocionales y, a su vez, ofrecer tratamientos eficaces y rentables en el sistema público.

Con esta introducción, se presenta un estudio llevado a cabo de forma conjunta por investigadores de distintas Universidades, Centros de Salud Mental y Hospitales de Zaragoza, Castellón, Alicante, Valencia y Pamplona, publicado en la Revista Plos One bajo el título What format of treatment do patients with emotional disorders prefer and why? Implications for public mental health settings and policies (¿Qué formato de tratamiento prefieren los pacientes con trastornos emocionales y por qué? Implicaciones para marcos y políticas en Salud Mental Pública).

Tal y como señalan sus autores, el propósito del mismo es conocer la preferencia de los pacientes por distintos formatos de intervención psicológica (esto es, individual, grupal u online), así como los argumentos que justifican tales preferencias, en una muestra de 267 pacientes del sistema público de salud mental con un diagnóstico primario de trastorno emocional (según criterios del DSM-IV-TR y el DSM 5).

Poniendo de relieve la existencia de investigaciones previas que indican cierto rechazo hacia la terapia grupal y la online, junto con una imagen desfavorable de ambos formatos de tratamiento (frente a la buena aceptación de la terapia individual), el presente estudio resalta la importancia de explorar tales barreras, en aras de reducir la “resistencia” a las intervenciones grupales y online. Asimismo, subraya la relevancia de analizar si las variables sociodemográficas, la experiencia terapéutica previa, la satisfacción con la misma, y el tipo de diagnóstico, pueden facilitar la comprensión de las preferencias de tratamiento.

A continuación, recogemos las conclusiones principales:

  • Los datos obtenidos muestran que la mayoría de los participantes prefieren recibir tratamiento psicológico en un formato individual (85,4%), seguido de un formato grupal (14,2%) y, rara vez, en un formato online (0,4%). Estos resultados son consistentes con investigaciones previas que muestran la preferencia de la mayoría de las personas por la terapia individual en comparación con otras opciones de tratamiento.

  • Se evidencia una alta tasa de rechazo hacia la terapia online que “podría explicarse por la falta de familiaridad con este formato”. En este sentido, los autores manifiestan que, a diferencia de otros países, la terapia online para la evaluación y el tratamiento de los trastornos psicológicos no se ofrece en el sistema de salud pública español.

  • Los hallazgos indican que haber tenido experiencia previa con la terapia grupal, aunque la misma haya sido positiva, no cambia la preferencia de los pacientes a favor del formato grupal, señalándose igualmente como primera opción el tratamiento individual.

  • Al preguntar a un grupo de usuarios de Atención Primaria sobre sus preferencias entre el tratamiento psicológico o farmacológico, si bien la mayoría de las personas prefieren el tratamiento psicológico, el farmacológico ha sido el más utilizado por aquellas que han requerido tratamiento. Para los autores, es posible que estos resultados se expliquen “por el estigma social asociado con la Psicoterapia en general y la terapia grupal en particular”.

  • De acuerdo con los datos, la mayoría de los pacientes con trastorno emocional prefiere la terapia individual si se les da la posibilidad de elegir. Los argumentos a favor son la facilidad de expresión, la intimidad/privacidad y la atención personalizada. Ninguno de los pacientes argumentó en contra de la terapia individual. En opinión de los autores del estudio, esta mayor preferencia puede convertirse “en un obstáculo para la aceptación de formatos que mejoren el binomio coste-beneficio en salud mental”.

  • La razón más frecuente para elegir la terapia grupal como primera alternativa fue la posibilidad de compartir experiencias, la oportunidad de aprender de los demás y recibir comentarios y apoyo por parte de otros. Empero, los argumentos más fuertes en contra incluyeron la falta de privacidad, la poca eficacia percibida, la percepción de que la relación con el terapeuta es menos estrecha en un formato grupal y la dificultad que algunas personas experimentan para expresarse frente a otras.

  • El único argumento a favor de la terapia online es su conveniencia, mientras que las razones por las que se elige como última opción y también por las que se rechaza, es el considerarla como ineficaz e impersonal.

El estudio concluye subrayando las importantes implicaciones que tiene el rechazo de la terapia grupal y la online en la gestión de los servicios públicos de salud mental, especialmente cuando es necesario reducir las listas de espera y mejorar el binomio coste-beneficio de los tratamientos psicológicos. En este sentido, los autores consideran aconsejable que los terapeutas aborden las bondades y beneficios tanto de la terapia grupal como de la individual, informando sobre sus características y funcionamiento, y analizando los distintos aspectos que más preocupan entre los usuarios (la falta de privacidad, de eficacia, las dificultades para expresarse en público…).

A través de este proceso simple y económico, manifiestan, sería posible adaptar las expectativas de los pacientes y aumentar la aceptación de estos formatos de terapia más rentables en los centros públicos de salud mental. Otras iniciativas más complejas, como las campañas de sensibilización del público, también pueden ser útiles, “pero requerirán la participación de entidades”.

Fuente: Osma, J., Suso-Ribera, C., Peris-Baquero, O., Gil-Lacruz, M., Pérez-Ayerra, L., Ferreres-Galan, V., Torres-Alfosea, Mª, López-Escriche, M., Domínguez, O. (2019) What format of treatment do patients with emotional disorders prefer and why? Implications for public mental health settings and policies. PLoS ONE 14(6): e0218117. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0218117  

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