“Los y las jóvenes son fruto de su tiempo y en buena medida del contexto social e histórico en el que viven, un contexto que hemos ido moldeando los adultos, pero en el que los y las jóvenes también tienen la capacidad de influir a través de sus diferentes formas de pensar, actuar o relacionarse.”

Con esta afirmación, la Fundación SM y la FAD, a través del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, presentan una publicación conjunta denominada “Protagonistas y espectadores”, a través de la cual ofrecen un retrato de la juventud española, analizando su evolución a lo largo de los años, y los discursos actuales de los y las jóvenes.

La publicación consta de dos volúmenes. El primero de ellos, titulado Una mirada longitudinal sobre la juventud española, pretende analizar la evolución de la juventud en nuestro país durante los últimos 40 años, desde diferentes perspectivas: estructural, política, ética (valores y religiosidad), ocio y tiempo libre (y sus riesgos), y digital (uso de TIC).

Según los autores del documento, se trata de generaciones marcadas por la desregulación laboral, por los cambios en el modelo de ocio, en los valores éticos y morales y por la influencia de las TIC en las dinámicas relacionales.

De acuerdo con los datos, con respecto a los indicadores estructurales, el desempleo juvenil ha sido “una preocupación constante llevada al extremo” en los últimos veinte años. Asimismo, la emancipación del hogar familiar ha quedado postergada, ya retrasada de base con respecto a Europa por factores culturales. Se observa una mayor complejidad en las transiciones a la vida adulta (nuevas formas de convivencia, renuncia a tener hijos, etc.).

Por ende, se agudizan las desigualdades sociales y se profundiza la brecha social: aparece un grupo importante de jóvenes en riesgo de exclusión.

La quiebra del “Estado de bienestar” y la parálisis del “ascensor social” aumentan la desconfianza y la inseguridad. Tal y como señala el documento, “es la primera generación, desde hace muchas décadas, que cree que sus hijos vivirán peor que ellos”.

Se detecta también, como consecuencia, una reacción clara de desafección con lo establecido (“no nos representan”), un hecho que se traduce en importantes cambios en el contexto político y partidario del momento.

En relación con los valores éticos, se ha producido en los últimos años un cambio notable en los valores colectivos juveniles: se reivindican valores tradicionales (esfuerzo, prudencia, moralidad, religiosidad…) y refuerzo de las demandas de seguridad en unos tiempos inciertos (orden, control, defensa de lo propio y rechazo de lo diferente…). En detrimento de los valores presentistas y hedonistas de tiempos pasados.

El individualismo impregna a todos los grupos de edad, incluidos los y las jóvenes, y se da prioridad al proyecto individual sobre el proyecto global.

Los aspectos que priorizan en la vida de los y las jóvenes siguen teniendo que ver con la familia y la salud. En el balance positivo queda la percepción de los y las jóvenes españoles/as sobre su estado de salud: una mayoría refleja constantemente, que su estado de salud es muy bueno o bueno, siempre por encima de sus coetáneos europeos. Sufren de pocas limitaciones físicas, o de problemas psicológicos como la depresión u otras problemáticas de índole psicológica, en las que se colocan por debajo de sus compañeros europeos. También fuman menos y tienen a consumir menos alcohol que en años pasados, aunque consumen más cannabis. Tal y como señala el documento, “es innegable la inclusión de los consumos de drogas en las prácticas cotidianas de los y las jóvenes”.

Los datos referentes al ocio y tiempo libre, indican que disfrutar de ello se mantiene en las series de estudios sobre valores sociales, como uno de los principales referentes entre los aspectos que los y las jóvenes consideran más importantes en la vida. En las últimas décadas, han ido surgiendo y desarrollándose unos nuevos modelos de ocio joven.

En el campo de la información, junto con enormes beneficios, las TIC también han significado una ruptura de límites en el caudal de contenidos, algo que, para los autores, facilita el acceso, por ejemplo, “a informaciones falsas o a material sensible que nutre mitos o distorsiones de lo real. Así, si bien las herramientas digitales suponen una mayor conectividad, pueden generar también riesgos asociados a la gestión de la identidad online (invasiones de la privacidad, acoso o falta de seguridad).

Durante estos últimos diez años, se ha incrementado la concienciación en torno a las posibles adicciones digitales, poniéndose cada vez más de relieve la necesidad de “una educación virtual basada en la alfabetización mediática y en el desarrollo del pensamiento crítico”.

Por su parte, el segundo volumen de la publicación (Los discursos de los jóvenes españoles), se basa en los resultados de encuestas a jóvenes de entre 15 y 29 años sobre diferentes cuestiones clave en sus discursos, relacionadas con  sus valores, actitudes, modelos de vida, posturas morales y expectativas, etc.

Los datos recogidos en este documento muestran hiperconsumismo (visión negativa asociada al nivel de consumo o de dependencia con respecto al consumo, y una visión positiva asociada a la búsqueda de experiencias), hiper-conexión (visión negativa asociada al estar conectado/a constantemente y una visión positivaasociada a las múltiples posibilidades que brindan las TIC e Internet) e hiper-relación (visión negativa asociada a la sublimación de la importancia de tener muchas relaciones sociales, online y offline, y una visión positiva asociada a la diversidad de relaciones).

Al hablar de valores, resulta clásica la alusión a los mismos en clave de pérdida, dibujando un escenario en el que “cualquier tiempo pasado fue mejor”. El peligro de esta premisa es que se proyecta en las generaciones más jóvenes la imagen de que son, siempre, “la peor versión”.

La tecnología y su empleo encuentran un espacio destacado en este discurso. Para quienes lo defienden, “cualquier tiempo pasado sin TIC e Internet fue mejor”. Para la juventud que ha nacido en un mundo ya hiperconectado al que resulta casi imposible renunciar, esta visión resulta completamente disfuncional.

La incertidumbre (imposibilidad de proyectar la vida a largo plazo) y la inseguridad (laboral, económica, emancipatoria) provocan un presentismo obligatorio u obligado que se afronta desde el pragmatismo y desde la necesidad de reducir al máximo las probabilidades de frustración y desengaño.

Existe una asunción general en torno a la idea de que su principal responsabilidad son los estudios. Responsabilidad que limita su alcance a la esfera de lo personal.

El compromiso resalta aquí como un valor muy marcado por su asimilación con las relaciones sentimentales y de pareja. Resulta un lugar común hablar del “miedo al compromiso” casi como actitud que se espera de ellas y ellos.

Se observa un descreimiento, desde una visión muy negativa de la sociedad. Frente a los argumentos más críticos y descreídos, el feminismo, el ecologismo y la diversidad son espacios en los que se considera que se han producido avances y conquistas, en relación directa con los valores, y con especial protagonismo de los y las jóvenes.

Solidaridad, tolerancia o compromiso son amenazados por el egoísmo y el hedonismo, y no se reconoce la autenticidad de los actos si no hay esfuerzo o renuncia.

Se detecta una incapacidad para gestionar las emociones y los afectos. Se intuye que el tema genera incomodidad, o al menos inseguridad, a pesar de que se percibe la certeza de estar ante cuestiones esenciales para el crecimiento personal y el conocimiento de uno mismo o una misma.

Se puede acceder al estudio desde la página Web de la FAD, o bien directamente a través de los siguientes enlaces:

Una mirada longitudinal sobre la juventud española Investigación documental y lectura longitudinal de datos

Los discursos de los jóvenes españoles. Grupos de discusión y grupos triangulares

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