Ángel Rosa-Alcázar1, Ana I. Rosa-Alcázar2, Pablo J. Olivares-Olivares2, José L. Parada-Navas2, Encarnación Rosa-Alcázar2 y Julio Sánchez-Meca2

1Universidad Católica de Murcia, España

2Universidad de Murcia, España

El inicio temprano del Trastorno Obsesivo-Compulsivo  (TOC, en adelante) es refrendado por varias investigaciones que indican que, en muchas ocasiones, el niño/adolescente no es diagnosticado adecuadamente, bien porque oculta sus preocupaciones y rituales, bien porque los familiares las banalizan y no suelen considerarlas desproporcionadamente exageradas o ilógicas, creyendo que se trata de manías pasajeras.

La importancia de la inclusión de los familiares en el tratamiento de niños con TOC, especialmente cuando son muy pequeños, es esencial por varias razones. En primer lugar, la ausencia o poca introspección de los menores sobre las obsesiones y compulsiones dificulta que se impliquen en el tratamiento y se motiven para el cambio. En segundo lugar, los altos niveles de estrés, ansiedad y conflicto encontrados en familias de niños con TOC pueden afectar al mantenimiento del trastorno y a la eficacia de las intervenciones.

En tercer lugar, las respuestas de acomodación de la familia, dirigidas a aliviar el malestar del niño participando en la ejecución de los rituales, conllevan que el trastorno siga avanzando ya que reducen la exposición a los estímulos temidos y, por lo tanto, impiden que se produzca su habituación y la comprobación de que las consecuencias temidas no ocurren. Por último, y dado que la intervención psicológica a edades tempranas hay que realizarla allí donde se presenta el problema, el hecho de que los padres participen como coterapeutas y lleven a cabo las tareas de exposición en el hogar permite generalizar la aplicación del tratamiento y a mantener los logros.

Nuestro equipo llevó a cabo un estudio con  44 niños de edades  comprendidas entre 5.20 y 7.90 años (Media = 6.66, DT = .72)  que padecían TOC. El objetivo principal fue evaluar la eficacia diferencial de un protocolo de intervención cognitivo conductual familiar para niños pequeños que constó de 12 sesiones de tratamiento de 60 minutos (Rosa-Alcázar, 2012). El concepto del TOC fue presentado a los niños como “la Bola Cansina”.

Las condiciones de tratamiento fueron 3: Grupo 1: Entrenamiento a padres y niño/a. Los padres y el niño/a realizaron juntos las sesiones. La exposición en casa debía ser guiada y supervisada por ambos padres, reforzando los logros del niño/a. Todas las técnicas aplicadas en la intervención fueron descritas en los manuales entregados a los padres. Grupo 2: Entrenamiento madre e hijo/a. En esta condición, todos los participantes eran madres. La madre y el niño/a realizaban juntos las sesiones. La exposición en casa era guiada y supervisada por la madre. En esta condición, el padre tenía que leer los libros de trabajo con el fin de que pudiera colaborar en la reducción de las respuestas de acomodación Familiar, el control de respuestas problema en casa y el refuerzo de las exposiciones al estímulo temido, o, en el peor de los casos, para que no obstaculizase la actuación de la Madre. Grupo 3: Tratamiento a la madre. Todos los participantes eran madres. La madreasistió sola a las 12 sesiones semanales con el psicólogo.  El tratamiento fue el mismo pero, en este caso, el tiempo que se debía invertir con el niño/a se centraba en explicar y entrenar a la madre (Role-playing) sobre lo que debía hacer en casa con su hijo/a (tal y como se hubiera realizado en la consulta). De igual modo que en la condición 2, el padre tenía que leer el libro de trabajo  para colaborar con la madre tanto en reducir las respuestas de acomodación Familiar como en las conductas problemas del niño/a y el refuerzo de las tareas de exposición.

Los resultados indicaron que el protocolo fue efectivo en la reducción de síntomas obsesivo-compulsivos y acomodación familiar en el postest y seguimiento en las tres condiciones. No obstante, la  inclusión de los padres activamente en el tratamiento, actuando como coterapeutas, no sólo permitió reducir la “Acomodación familiar”, sino mantener y generalizar los logros (entre contextos: del contexto clínico al hogar; entre personas: a los padres no asistentes; y en el tiempo: incremento de las mejoras en las medidas de seguimiento).  Además, en aquellos casos en los que los niños presentaban además problemas internalizantes o externalizantes, la condición más eficaz era la que incluía a ambos padres y al niño.

Se puede concluir que en la intervención del TOC infantil, la inclusión de ambos padres y el niño en el tratamiento, es necesaria no sólo para que disminuyan las conductas obsesivo-compulsivas, sino también para reducir la Acomodación familiar, cuya existencia constituiría una barrera casi insalvable para una aplicación eficaz del tratamiento psicológico. Además, la implicación directa del niño en el tratamiento es relevante, tanto para aumentar la motivación de éste como para fomentar e intensificar la seguridad de los padres en el manejo de conductas problemáticas que se puedan presentar durante su tratamiento en contextos no clínicos.

Por lo tanto, estimamos que se debería caminar hacia una visión más transdiagnóstica del suicidio (más centrada en dimensiones protectoras), poniendo en marcha unas políticas públicas sanitarias más globales y otras más focalizadas en personas con vulnerabilidad, para intentar potenciar los factores de protección que promueven un mayor grado de resiliencia a un posible resultado adverso o letal, porque seguir focalizando el interés en factores de riesgo sigue sin ser una estrategia adecuada para salvar vidas.

El artículo completo junto con las referencias pueden consultarse en la Psicopatología y Psicología Clínica:

Rosa-Alcázar, Rosa-Alcázar, Olivares-Olivares, Parada-Navas, Rosa-Alcázar y Sánchez-Meca (2019). Family involvement and treatment for young children with obsessive-compulsive disorder. International Journal of Clinical and Health Psychology, 19, 218-227.

 

Referencias:

Rosa-Alcázar, A.I. (2012a). El trastorno obsesivo-compulsivo en la infancia. Una guía de desarrollo en la familia. Madrid: Pirámide.

Ángel Rosa-Alcázar. Profesor Contratado Doctor Universidad Católica San Antonio (Murcia). Doctor en Psicología. Máster en Psicología Clínica y Psicología General Sanitaria.

Ana Isabel Rosa-Alcázar. Catedrática de Psicología en la Universidad de Murcia. Doctora en Psicología. Máster en Orientación, Terapia y Mediación Familiar.

Pablo J. Olivares Olivares. Profesor asociado en la Universidad de Murcia. Doctor en Psicología. Máster en Psicología Clínica y Psicología General Sanitaria.

José Luis Parada Navas. Profesor asociado en la Universidad de Murcia. Doctor en Psicopedagogía. Máster en Orientación, Terapia y Mediación Familiar.

Encarnación Rosa-Alcázar. Psicóloga sanitaria, Enfermera y Fisioterapeuta.

Julio Sánchez-Meca. Catedrática de Psicología en la Universidad de Murcia. Doctor en Psicología.  Experto en Metodología.

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