Raquel Gallego1, Mercedes Novo1, Francisca Fariña2 y Ramón Arce1

1Universidad de Santiago de Compostela, España

2Universidad de Vigo, España

En la actualidad el estudio de la violencia filio-parental suscita un gran interés que guarda relación con el incremento súbito de las tasas registradas de esta modalidad de violencia familiar. En España, donde se ha realizado la mayor parte de la investigación de campo, la tasa de prevalencia asciende al 21% en violencia física y abuso psicológico y a un 46% en abuso emocional (Ibabe, 2015). La investigación también pone de manifiesto una elevada discrepancia en las tasas de prevalencia que guarda relación con las diferentes definiciones de violencia filio-parental y, por extensión, de las medidas empleadas. De hecho, conviven en la literatura desde definiciones que implican únicamente la emisión de comportamientos (o amenaza) de violencia física, a otras que añaden violencia psicológica y abuso económico); desde las que requieren de un único acto a otras que precisan de reiteración; o de definiciones que exigen conciencia de causar daño (se excluye la derivada de patologías, drogodependencias u homicidios, o intento de, sin historial de violencia), a otras que no. Consecuentemente, los instrumentos de medida también son muy dispares en cuanto a la operativización de la  violencia filio-parental. Además, paradójicamente, los instrumentos empleados no evalúan la reiteración, que es un aspecto crítico, sobre todo, en la violencia psicológica; ni la intención de causar daño; así como tampoco el daño causado (Arce, Fariña, y Vilariño, 2015).

Para explicar la violencia filio-parental a nivel teórico se ha recurrido a la teoría del aprendizaje social (Bandura y Walters, 1959, 1963). Esta teoría sostiene que las conductas violentas que los progenitores emplean para relacionarse, tanto entre sí (victimización vicaria) como con los hijos (victimización directa), sirven de modelo para que los hijos aprendan por modelado. A este respecto, se han considerado como  moderadores de la relación entre la violencia entre progenitores y descendientes, así como los tipos de victimización infantil (directa y vicaria) como el tipo de violencia ejercida por los descendientes (física y psicológica). Tanto el tipo directo de victimización infantil como vicario se cree que incrementan la probabilidad de desarrollar conductas violentas ascendentes, encontrándose resultados similares en poblaciones comunitarias y judiciales. Si bien, la teoría y los modelos derivados del aprendizaje social han recibido apoyo general, se han encontrado resultados contrarios.

Con estas consideraciones en mente, nos planteamos un estudio meta-analítico con el objetivo de conocer si la victimización infantil predice la aparición de la violencia filio-parental y también los efectos de los moderadores mencionados en la literatura, esto es, el tipo de victimización sufrida (vicaria o directa), la tipología de la violencia ejercida (psicológica o física) y el tipo de población (comunitaria o judicial). Tras la búsqueda de estudios y la aplicación de los pertinentes criterios de inclusión se obtuvieron 19 estudios primarios con 26 tamaños de efecto. Se realizó un meta-análisis psicométrico correlacional de efectos aleatorios, procedimiento de Hunter y Schmidt (2015), corrigiendo el tamaño del efecto por el error de muestreo y por la falta de fiabilidad del predictor y del criterio.

Los resultados del meta-análisis global de la violencia filio-parental revelaron un tamaño del efecto verdadero positivo (entre haber estado expuesto a violencia directa o vicaria durante la infancia y el desarrollo de conductas violentas hacia los progenitores), significativo, generalizable y de magnitud moderada que explica el 13.0% de la varianza. Del efecto obtenido se desprende que los menores que hayan sido victimizados por sus progenitores tienen un 71% más de probabilidades de ejercer violencia filio-parental, sobre aquellos que no experimentaron ningún tipo de victimización.

El mismo patrón de resultados (i.e., un tamaño del efecto verdadero positivo, significativo, generalizable y de magnitud moderada) se observó en la victimización directa y vicaria, explicando 16.8% y 13.7%, respectivamente. Comparativamente, la victimización directa y la victimización vicaria del menor se relacionan por igual con la violencia filio-parental. La tipología de la violencia filio-parental ejercida (física y psicológica) mostró un tamaño del efecto verdadero positivo, significativo, generalizable y de magnitud moderada, explicando el 9.6% y el 10.9% de la victimización paterna física y psicológica, respectivamente. La comparación del tamaño del efecto del tipo de violencia ejercida sobre los progenitores, física o psicológica, mostró que los menores ejercen ambos tipos de violencia por un igual sobre los progenitores. También el mismo modelo de resultados (i.e., tamaño del efecto verdadero positivo, significativo y moderado se encontró para el moderador población (judicial y comunitaria), explicando el 12.9% y el 17.6% de la varianza en la población comunitaria y judicial, respectivamente. En todo caso, el tamaño del efecto registrado en las poblaciones comunitaria y judicial es igual. De los resultados obtenidos se extraen algunas implicaciones de interés:

    1. La exposición de los hijos a violencia parental es un predictor significativo de la violencia filio-parental. Quedaría por determinar si los efectos recíprocos (i.e., simultáneos o cercanos en el tiempo) también pueden explicar la relación entre la violencia filio-parental y la victimización (bidireccionalidad).
    2. La probabilidad de ejercer violencia filio-parental en los menores victimizados por sus progenitores se sitúa en un 70% por encima de la línea de base (menores no victimizados por sus progenitores) en diferentes condiciones (población, tipo de violencia y tipo de victimización).
    3. La medición real no discrimina de manera efectiva entre menores agresores y menores no agresores porque comparten comportamientos que los instrumentos de medida evalúan como violencia hacia sus progenitores. Es por ello que investigaciones futuras deben contemplar en sus diseños la medida independiente de ambos grupos, utilizando otros instrumentos de medición con criterios rígidos y claramente definidos para clasificar los tipos de violencia.
    4. Los resultados muestran que los moderadores analizados (tipo de victimización sufrida, tipología de la violencia ejercida y tipo de población) son predictores robustos y significativos de la violencia filio-parental, con una capacidad predictiva equiparable.
    5. Investigaciones futuras deberían centrarse en el análisis simultáneo de la violencia filio-parental y la violencia ejercida hacia los descendientes, así como la violencia ascendente como predictora de la violencia de progenitores a hijos.

El artículo completo junto con las referencias pueden consultarse en la revista The European ournal of psychology Applied to legal Context:

Gallego, R., Novo M, Fariña F., y Arce R. (2019). Child to parent violence and parent to child violence: a meta-analytic review. The European Journal of psychology Applied to legal Context, 11, 2, 51-59.

 

Referencias:

Arce, R., Fariña, F., y Vilariño, M. (2015). Daño psicológico en casos de víctimas de violencia de género: Un estudio comparativo de las evaluaciones forenses. Revista Iberoamericana de Psicología y Salud, 6, 72-80. http://dx.doi.org/10.1016/j.rips.2015.04.002.

Bandura, A., y Walters, R. (1959). Adolescent aggression: A study of the influence of child-training practices and family interrelationships. Nueva York, NY: Ronald Press.

Bandura, A., y Walters, R. (1963). Social learning and personality development. Nueva York, NY: Holt, Rinehart and Winston.

Hunter, J. E., y Schmidt, F. L. (2015). Methods of meta-analysis: Correcting error and bias in research findings. Newbury Park, CA: Sage.

Ibabe, I. (2015). Predictores familiares de la violencia filio-parental. El papel de la disciplina familiar. Anales de Psicología, 31, 615-625. http://dx.doi.org/10.6018/analesps.31.2.174701.

Raquel Gallego González. Doctora en Psicología y mediadora familiar. Desarrolla su actividad profesional en el ámbito familiar, realizando labores de intervención e investigación. Actualmente ejerce como psicóloga en el Proyecto Convivendo  de Vigo (Fundación Amigó), recurso especializado en la prevención e intervención en violencia filio-parental.

Mercedes Novo es profesora titular de Psicología de la USC y miembro de la Unidad de Psicología Forense de dicha universidad. Se ha especializado en el ámbito de la Psicología Jurídica y Forense, y cuenta en su haber con numerosas publicaciones. Es miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Psicología Jurídica y Forense, de la Asociación Iberoamericana de Justicia Terapéutica, y de la Junta Directiva de la División de Psicología Jurídica del COP.

Francisca Fariña Rivera, catedrática de Psicología Básica y Psicología Jurídica del Menor, e Investigadora Principal del Grupo Psicología Jurídica de la Universidad de Vigo. Fundadora y presidenta de la Asociación Iberoamericana de Justicia Terapéutica, y miembro de la Junta Directiva de la Conferencia de Universidades para el Estudio de la Mediación y el Conflicto y de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Psicología Jurídica y Forense.

Ramón Arce es Catedrático de Psicología Social (Jurídica y Forense) desde 2008 y  Director de la Unidad de Psicología Forense de la Universidad de Santiago de Compostela. Fundador y Presidente de la Sociedad Española de Psicología Jurídica y Forense y  Editor in Chief de la revista The European Journal of Psychology Applied to Legal Context.

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