Entrevista publicada en el Boletín de Sept.-Dic. de 2019, de la División de Psicoterapia del COP

Desde la División de Psicoterapia continuamos con nuestro deseo de seguir profundizando en la realidad profesional de la psicoterapia en España, las expectativas, objetivos, necesidades y preocupaciones, y siempre con el objetivo en mente de establecer posibles desarrollos profesionales; de la mano de los profesionales que trabajan día a día en este campo. En esta ocasión, la Junta Directiva de la División de Psicoterapia ha decidido entrevistar para nuestra interesante sección “Perspectivas en psicoterapia”, a Abelardo Rodríguez González.

 

Abelardo Rodríguez

Abelardo Rodríguez es Psicólogo y Coordinador Técnico de la Red Pública de Atención Social a Personas con Enfermedad Mental Grave y Duradera, perteneciente a la Dirección General de Atención a Personas con Discapacidad, de la Consejería de Políticas Sociales, Familias, Igualdad y Natalidad de la Comunidad de Madrid. Es un reconocido psicólogo experto en este ámbito. Abelardo ha luchado siempre por fomentar la plena inclusión de estas personas en el ámbito social y laboral, como un componente imprescindible en la mejora de su calidad de vida, componente que no debiera ser olvidado en ninguna intervención psicológica de calidad. Comenzó hace más de 30 años, cuando abrió el primer Centro de Rehabilitación Laboral de la Comunidad de Madrid. Gracias al efectivo desarrollo de programas de atención e intervención, no sólo orientados a las personas que sufren este tipo de trastornos, sino también a sus familiares y entorno, hoy en día en la Comunidad de Madrid hay 255 Centros de Asistencia a Personas con Enfermedad Grave Duradera. Destaca también su papel en la puesta en marcha de programas de sensibilización contra el estigma, que se desarrollan desde los centros y servicios de la Red de Atención Social a personas con enfermedad mental.

ENTREVISTA

En la actualidad, padecer un trastorno mental es uno de los principales factores de sufrir estigmatización y discriminación. Así queda reflejado en numerosos informes de diversas organizaciones e instituciones nacionales e internacionales, como el Ministerio de Sanidad, la Unión Europea o la Organización Mundial de la Salud. Usted lleva casi toda una vida dedicada al trabajo y asistencia de personas que padecen un trastorno mental grave y duradero. ¿Cuáles son las principales barreras y dificultades a las que se enfrentan a día de hoy estas personas y sus familiares?

Para responder a esta pregunta, quizás sea útil primero enmarcar a qué nos referimos con enfermedad mental grave y duradera: personas que tienen diagnosticado un trastorno del espectro de la psicosis, un trastorno bipolar o trastornos graves de personalidad. En estos casos, además de la dimensión psicopatológica, es fundamental que no nos olvidemos de la dimensión de funcionamiento social y laboral. Por tanto, las personas que padecen un trastorno mental grave presentan las mismas necesidades y problemáticas que todos tenemos en nuestro día a día (no son “extraterrestres”, no son “los otros”, sino que forman parte del “nosotros”), y dificultades añadidas (psicopatológicas, sociales y laborales), fruto del trastorno en sí mismo. Es por ello, que las personas con un diagnóstico de enfermedad mental grave tienen dificultades “añadidas” para desenvolverse en el ámbito social y laboral.

Con la adecuada atención sanitaria y social, estas personas, como cualquier otra, pueden desarrollarse plenamente: personal, social y laboralmente. Sin embargo, el estigma muchas veces supone un techo de cristal. Las personas con trastorno mental grave muchas veces interiorizan este estigma, el cual afecta a su autoimagen y autoestima, lo que dificulta la realización de su desarrollo personal. Además, el estigma también actúa a nivel social. Han sido múltiples las ocasiones (más en el pasado que en la actualidad) en las que esto, por ejemplo, ha supuesto dificultades añadidas para poder abrir centros. Esto obviamente, repercute también de manera directa en la atención que las personas con trastorno mental grave pueden recibir. Es por ello que en la Red de Atención no sólo trabajamos la rehabilitación social y laboral de los usuarios, sino que también llevamos a cabo numerosas campañas de sensibilización y concienciación en las comunidades. Estas campañas están en constante evolución. Hace 15 años, era el profesional del centro el que iba, por ejemplo, a institutos a impartir charlas; a día de hoy, optamos por un enfoque más dinámico y de interacción directa, en el que usuarios de la Red son los que acuden junto a los profesionales a dar estas charlas.

En cuanto a las familias, estas son el principal núcleo de cuidado y convivencia de personas con trastorno mental grave (¡y de cualquiera!). En muchas ocasiones, las familias no han tenido la información necesaria acerca de este tipo de problemáticas (problemáticas que socialmente, siempre han estado muy estigmatizadas). La percepción muchas veces de la familia, ante el diagnóstico de una enfermedad mental grave, es que la persona no va a ser ya capaz de trabajar nunca, de llevar una vida “normal”. Afortunadamente, desde hace más de 30 años contamos en la literatura científica con programas validados de psicoeducación, de intervención en habilidades sociales, de comunicación o de manejo de problemas que dotan a las familias con un mayor conocimiento de la problemática y les permite abordar con mayor eficacia las dificultades de convivencia cotidiana.

Cuando hablamos de trastorno mental, hablamos de todo el espectro de trastornos psicológicos que podemos padecer las personas en algún momento determinado de nuestras vidas. Sin embargo, respecto a los niveles de estigmatización y discriminación que se sufren, ¿considera que hay diferencias entre las personas que padecen un trastorno mental grave y duradero y las personas que padecen otro tipo de trastorno mental?

Desde hace unos 12-15 años hay un fenómeno muy preocupante (en donde los psicólogos también tenemos nuestra parte de responsabilidad): la psicopatologización, psiquiatrización y medicalización de la vida cotidiana. Ahora, ante cualquier adversidad que se sufre en el día a día, la tendencia es a tratar de resolverla a través, no tanto de tu grupo de apoyo social o familiar como antes, sino de un profesional que parece tener la respuesta fácil y rápida para ello. Este enfoque hace que la responsabilidad de la gestión de los problemas cotidianos recaiga, no en la persona, sino del profesional. Esta psicologización de la vida diaria hace que las personas con trastorno mental grave queden, de alguna manera, olvidadas. Dicho olvido hace que el estigma siga sin trabajarse socialmente, por lo que, aunque hoy en día está socialmente aceptado ir a terapia por un problema de la vida cotidiana, el estigma social que recae sobre la enfermedad mental grave sigue muy presente. En los últimos tiempos, sí se ha trabajado el estigma asociado a trastornos de ansiedad o del estado de ánimo. Sin embargo, los trastornos psicóticos, bipolares o límites muchas veces siguen viéndose como “locura”.

El estigma es un fenómeno muy complejo en el que intervienen múltiples factores, no sólo el propio trastorno, sino la historia de cómo se ha tratado y conceptualizado. Hay también factores sociales, ideológicos o económicos. Parece que estamos ante un momento de involución ideológica, de rechazo al otro; en un momento de hiperindividualismo, donde las redes de apoyo se están viendo cada vez más dañadas. También es importante el papel que juegan los medios de comunicación, muchas veces actuando como altavoz del estigma (como lo que ha sucedido recientemente con el caso del Hospital de Alcorcón). Todos estos factores han de tenerse muy en cuenta si se quiere combatir de manera eficaz el estigma.

Debido también a este fenómeno de psicologización del que hablamos, a día de hoy, los centros de Salud Mental están saturados de personas sanas e infelices, de códigos Z y patologías menores. Como es obvio, esto hace que las personas que padecen un trastorno mental grave no puedan recibir la atención y seguimiento que sería recomendable para sus patologías. Los psicólogos debiéramos hacer un ejercicio de autocrítica y ver qué estamos haciendo que no favorece que las personas traten de resolver sus problemas cotidianos por sí mismas, y si, de alguna manera, estamos contribuyendo a la infantilización y psicopatologización de la sociedad. Perdemos la perspectiva global de los fenómenos, y son los más vulnerables los que peor parados salen de esta situación.

En muchas ocasiones, las personas que sufren un trastorno mental grave no acceden a recursos de atención especializada. ¿Cuáles considera que son las principales dificultades a las que se enfrenta esta población para acceder a estos recursos, y cómo podría resolverse?

He de decir que, afortunadamente, en los últimos 30 años la atención de la salud mental ha mejorado enormemente. En la actualidad, la Red que tengo el honor de dirigir en la Comunidad de Madrid cuenta con 255 centros. Ahora ya no hay tantas barreras de acceso porque no haya recursos. Ahora el problema principal quizás viene más asociado a la demora en la identificación del problema y a la dificultad de auto-reconocerlo. Hay que destacar que, precisamente, esta negación del problema va muy de la mano con el estigma asociado a estos trastornos (p.ej., yo no soy un loco peligroso, no soy un inútil o alguien impredecible. Yo no tengo esquizofrenia. Lo mío es otra cosa).

Nuestra Red de Atención está totalmente coordinada con los servicios de Salud Mental. Esto hace que se pueda atender de una manera eficaz las necesidades, no sólo psicológicas, sino también sociales y laborales de los usuarios. Esta coordinación da resultados excelentes. Como decía antes, muchas veces el paciente no quiere reconocer que padece, por ejemplo, esquizofrenia, pero si acepta la ayuda que se le ofrece para tratar de mejorar su día a día. Es en eso en lo que desde ambos recursos nos centramos en trabajar, diagnósticos al margen. Nunca hemos de olvidar que son personas, no etiquetas.

Con el objetivo de seguir superando barreras, hace 15 años creamos los Equipos de apoyo Social Comunitario, que cuentan con un psicólogo/a, un trabajador/a social y dos educadores/as. Su misión no es estar en un centro, sino ir allí a donde se encuentran las personas con mayores dificultades con un doble objetivo: 1) apoyo al mantenimiento en la propia vivienda y 2) romper el Efecto Mateo (atender al que más demanda y no al que más lo necesita).

En el Sistema Nacional de Salud español, existen recursos especializados para la atención a personas que padecen un trastorno mental grave y duradero, como los Centros de Rehabilitación Psicosocial (CRPS), los Centros de Rehabilitación Laboral (CRL) o los Centros de Día. Estos recursos se caracterizan por su trabajo y aproximación multidisciplinar para ofrecer la mejor atención a los usuarios. En la Comunidad de Madrid, a fecha de enero de 2019, existían 6.669 plazas en los recursos especializados para la atención a personas con trastorno mental grave y duradero ¿Cuál sería el papel que los psicoterapeutas desarrollan en estos recursos?

Como indicaba antes, la intervención con estas personas debe tener un doble enfoque. Por un lado se ha de trabajar desde los recursos del Sistema Sanitario de atención a la salud mental, ofreciendo una evaluación, diagnóstico, tratamiento y seguimiento. Por otro lado, estarían todos los recursos de apoyo social para intentar trabajar y fomentar las habilidades de funcionamiento psicológico, social y laboral que se hayan podido perder o ver afectadas por la patología, así como para fomentar su integración en todos los ámbitos de la vida. Es en este segundo grupo donde la Red de Atención Social a Personas con Enfermedad Mental Grave y Duradera quedaría enmarcada.

Es muy importante resaltar esto, ya que explica el encuadre desde el que se trabaja en nuestros centros. Nosotros no nos encargamos de la parte de intervención psicoterapéutica per se (que se realiza en los Centros de Salud Mental), sino que nos centramos en esa otra parte fundamental de intervención: el ámbito social, familiar, laboral y comunitario.

Por este motivo, los psicólogos/as que trabajan en nuestros centros no tienen que ser clínicos o sanitarios. En nuestros recursos, el objetivo no es hacer psicoterapia. Es por ello que, en nuestros servicios, consideramos de una mayor utilidad que el psicólogo/a tenga formación en intervención comunitaria o rehabilitación psicológica, social y laboral. Por supuesto, es fundamental y útil que conozcan las características de los trastornos, sus manifestaciones y sus repercusiones, pero este conocimiento va siempre orientado a poder ofrecer la mejor intervención psicológica y social/laboral.

En la Red de Centros de la Comunidad de Madrid, a día de hoy hay más de 200 psicólogos/as que trabajan en equipos multidisciplinares (formados además por trabajadores/as sociales, terapeutas ocupacionales y educadores/as) de manera coordinada y cooperativa. Todos tienen aptitudes, conocimientos y competencias necesarias – ninguna es mejor que otra o “más importante” – poniéndose en común para planificar de manera individualizada las intervenciones con cada usuario/a.

Para acceder a la entrevista completa pincha en el siguiente enlace (página 5): Boletín de la División de Psicoterapia, Sept.-Dic. 2019

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