Hoy comienza el IX Congreso Español de Sexología - III Encuentro Iberoamericano de Profesionales de la Sexología, que durará hasta el próximo 4 de junio y en el que se espera una asistencia total de más de 500 profesionales de diferentes disciplinas.

El objetivo principal de este congreso, que cuenta con el respaldo de los Ministerios de Sanidad y Consumo y de Educación y Ciencia, es crear un espacio de integración y de encuentro entre profesionales, dentro de un marco con un claro carácter científico y multidisciplinar.

A lo largo de los cinco días que durará este encuentro nacional e internacional, se abordarán cuestiones de gran relevancia para el campo de la Psicología, como por ejemplo, el abuso sexual en niños, la violencia de género, los trastornos de la alimentación y su relación con la sexualidad, la sexualidad en personas con necesidades físicas especiales, la homosexualidad y homoparentalidad, etc.

El congreso está organizado por el Instituto Kaplan y cuenta con la colaboración de la Federación Española de Sociedades en Sexología (FEES) y la Asociación Española de Especialista en Sexología (AEES), así como el respaldo de la industria farmacológica.

Con motivo de la celebración del IX Congreso de Sexología, Infocop Online entrevista para sus lectores a la Presidenta de este evento. Mirem Larrazábal Murillo es psicóloga y sexóloga, presidenta del Instituto Kaplan de Psicología y Sexología de Madrid y miembro de la junta directiva de la FEES. Larrazábal ha dedicado su actividad laboral al campo de la sexualidad humana.

 

ENTREVISTA

¿Cómo surgió la iniciativa de organizar este congreso?

Pertenezco a la Junta Directiva de la Federación Española de Sociedades Sexológicas (FESS) y a la Asociación Española de Especialistas en Sexología (AEES) y en el último congreso que organizamos en Santander, me propusieron que fuera presidenta para este congreso que ahora se celebra en Madrid. El congreso lo organizamos conjuntamente el Instituto Kaplan, que presido, la FESS y la AEES.

Como es sabido, en el campo de la sexología, y sobre todo, en el mundo de los congresos de este tipo, donde hay mucho patrocinio de la industria farmacológica, el hecho de que una psicóloga fuera la responsable de la organización del evento era todo un reto. Pero en la organización de este congreso estamos profesionales psicólogos y médicos, que nos dedicamos al campo de la sexología y constituimos un equipo que funciona.

El hecho de que dentro de los comités del congreso haya compañeros médicos, y todos trabajemos unidos para este evento, me ha facilitado las cosas enormemente y en este encuentro tenemos mucha representación de grandes laboratorios que apoyan eventos científicos tan valientes como los congresos de sexología. Como psicóloga, profesional de la sexología y presidenta del congreso, estoy muy orgullosa del programa científico, que es multidisciplinar y excelente, y de todo el apoyo institucional que tenemos en nuestro comité de honor.

¿Cómo ha sido tu relación, como organizadora del congreso, con las empresas farmacológicas?

Muy buena. Al ser vocal de Junta Directiva de la FESS, constantemente trabajo con médicos mano a mano, médicos que se dedican al campo de la sexualidad. De hecho, el presidente del comité científico es un colega mío, Dr. Francisco Cabello, que es médico y psicólogo y con el que llevo trabajando en el ámbito de la sexología desde el año de 1992. Prueba del estrecho entendimiento es que Francisco y yo vamos a presentar en este congreso un máster de sexología que se va a realizar el próximo año por primera vez en Madrid. Así mismo, hemos organizado conjuntamente un curso previo al congreso para periodistas, con el título de Sexo es Salud, donde hemos formado un poco a los periodistas que van a cubrir las noticias del congreso. En esta actividad pre-congresual, se encontraba el ex presidente de ANIS, que es la Asociación Nacional de Informadores de la Salud. En definitiva, la acogida en el mundo médico y farmacológico ha sido fantástica.

La verdad es que he tenido un trato estupendo con los profesionales médicos. El secretario del congreso, el Dr. Carlos San Martín Blanco , siempre ha estado a mi lado para ayudarme y apoyarme. Su ayuda en este congreso ha sido y está siendo inestimable. Desde aquí doy las gracias a todos mis compañeros de la FESS.

¿Cuáles son los objetivos que se plantean en este encuentro nacional e internacional de profesionales de la sexología?

 

Efectivamente no es sólo nacional, ya que también es un encuentro iberoamericano. Como es sabido, la sexología se caracteriza por su multidisciplinariedad, donde los profesionales que nos dedicamos a ella contamos con muy distintos bagajes, sobre todo, médicos y psicólogos. En este sentido, uno de los grandes riesgos que tiene la sexología, precisamente por esta multidisciplinariedad a la que me he referido, es la dispersión. Por tanto, una de las metas planteadas es aunar esfuerzos para que los profesionales de la sexología no nos dispersemos. En este mismo sentido, el objetivo principal es el intercambio, donde se pueda ofrecer una visión integradora, donde no solamente esté presente el factor biológico, sino también el psicológico, sociológico y antropológico, que son fundamentales a la hora de enmarcar la sexología.

Los temas que se van a tratar en el Congreso abarcan una amplia gama de aspectos de la sexualidad, incluyendo cuestiones sociales, culturales, médicas, etc., pero ¿qué papel, juega concretamente la Psicología en el área de la investigación e intervención en la sexualidad humana?

Considero que la labor de los psicólogos dentro de la sexología es enorme, ya que uno de los problemas que está teniendo actualmente la sexología es el reduccionismo en sus objetivos. En otras palabras, la sexología, de alguna manera, ha vivido una época de mucha patologización, donde parecía que solamente se podía hablar de disfunciones sexuales y el tratamiento de las mismas, debido al gran auge que en los años 80 y 90 tuvieran los fármacos, sobre todo para la disfunción eréctil.

De alguna manera, el abordaje que hay en la actualidad es muy biológico, muy organicista. Dentro de este contexto, ¿qué papel tenemos los psicólogos y qué podemos aportar? Desde mi punto de vista, todo lo que tiene que ver con las emociones, los vínculos afectivos y con la terapia de pareja, que, por otra parte, es lo que están demandando la propia industria y mis compañeros profesionales de la sexología. En este sentido, básicamente de lo que voy a hablar en las mesas donde participo se podría resumir en una frase: "la disfunción eréctil es algo más que una falta de erección"... Es algo más que eso, ya que afecta a la relación de la pareja , a su intimidad, a su comunicación, a la autoestima del varón, a su calidad de vida, a su autovaloración, etc.

¿Cuál sería, por tanto, el aporte básico del Psicólogo clínico en el ámbito de la sexología? En general, podría decir, dedicarse a la terapia sexual de las disfunciones sexuales. Como psicóloga, yo utilizo en mi terapia el modelo cognitivo conductual, que tiene que ver con la técnicas de terapia sexual que más frecuentemente se utilizan desde esta sexología. En definitiva, la labor del psicólogo en este campo es impresionante.

Por ejemplo, en una de las mesas, José Antonio Carrobles presentará lo que se está trabajando en la Universidad Autónoma de Madrid sobre los factores subjetivos del orgasmo, a diferencia de otros acercamientos, donde se habla de los típicos factores fisiológicos y médicos. En otra mesa muy importante del congreso se abordarán los trastornos de la alimentación y los problemas de la sexualidad. En otra se hablará de la sexualidad en personas con necesidades físicas y psíquicas especiales, etc. En definitiva, todo esto refleja indudablemente el campo que tenemos los psicólogos, no solamente en lo que se refiere a las disfunciones sexuales, sino también en todo aquello que tiene que ver con necesidades sexuales especiales, en la educación sexual y la promoción de la salud sexual.

¿Cuáles son las principales demandas que hacen las personas cuando acuden a terapia sexual?

La demanda más fuerte con la que me encuentro es la falta de deseo sexual, que ha crecido mucho y está siendo una dificultad importante. Fundamentalmente en parejas que cada vez son más jóvenes. Ahora es frecuente que una pareja joven, después de cuatro o cinco años de convivencia, y teniendo una buena relación de pareja en general, se queje de apatía sexual o falta de deseo. No es raro encontrar parejas en las que sus relaciones sexuales no tienen ni la frecuencia ni la calidad que, en principio, pareciera o debiera ser la habitual en personas con una buena compatibilidad en otros ámbitos de su relación.

Por otro lado, el tema de la disfunción eréctil, sin duda, sigue siendo uno de los temas centrales, aunque los problemas de control de eyaculación también han aumentado. En el caso de las mujeres, estamos viendo muchos problemas de la excitabilidad, es decir, muchos problemas centrados en la falta de lubricación y dolor en el coito, la dispaurenia. Éstas serían las disfunciones sexuales más frecuentes.

A parte de los trastornos propiamente sexuales abordados en terapia sexual, ¿en qué otras áreas de la sexualidad humana puede intervenir el Psicólogo?

Un área importante es la de la promoción, la prevención y la educación. Concretamente, yo colaboro mucho con el Instituto de la Mujer y la Consejería de Salud de la Comunidad Autónoma de Andalucía, realizando cursos sobre salud sexual. No solamente los psicólogos nos debemos encargar de las patologías, nuestra tarea también debe centrarse en la consecución de una sexualidad más satisfactoria, más del placer. No sólo abocarnos a los problemas de las personas, sino que tenemos que ir más allá: enseñar a la gente cómo gozar más, cómo obtener más placer; en definitiva, cómo ser más felices con su sexualidad.

El concepto de salud sexual no sólo se refiere a aspirar, en el plano concreto de la sexualidad, a no tener disfunciones sexuales, sino también a promover actitudes, comportamientos y emociones que faciliten el libre disfrute y la satisfacción de la sexualidad, entendida como un área fundamental para la calidad de vida del ser humano.

 

En ese sentido, impartimos muchos talleres de promoción dirigidos tanto a jóvenes como a personas de la tercera edad. Concretamente, en mi ponencia inaugural, presentaré unos datos muy interesantes referidos a la sexualidad en la tercera edad. En esta línea, por ejemplo, es importante terminar con el mito que refuerza la idea de que la gente mayor no piensa en el sexo o que a las personas de la tercera edad no les interesa tener una buena sexualidad. Por el contrario, ellos también quieren tener una sexualidad plena. Una manera de promocionar esa sexualidad, desde la Sexología, se consigue enseñando y mostrando que llegar a la tercera edad no implica que uno tenga que acabar con la sexualidad. Esto con respecto al trabajo con los mayores.

En relación a los más jóvenes, es necesario acabar con los bloqueos mentales que suscita, por ejemplo, ver a sus abuelos tener alguna conducta sexual, que puede ser únicamente dar un simple beso. Es frecuente todavía que a la gente le incomode la sexualidad de los mayores. Este es otro campo muy importante de promoción de la salud, porque, además, se ha demostrado que la actividad sexual mejora muchísimos índices de la calidad de vida o la propia conciencia de no enfermedad. Una persona mayor que goza de una vida sexual satisfactoria se siente más sana y esto no es sólo una cuestión objetiva, sino que efectivamente así lo percibe. Hay, por tanto, una percepción de salud importante.

Resumiendo, el psicólogo cuenta con un campo importante de trabajo en el área de la promoción, la prevención y la educación.

Desde distintos sectores de la sexología se ha criticado la excesiva medicalización de las intervenciones a la hora de atender la sexualidad humana y más concretamente, los trastornos de índole sexual. En el caso de que esto fuera así, ¿qué papel puede desempeñar la Psicología para conseguir la desmedicalización en aquellos casos en los que efectivamente no sea necesaria?

Creo que es verdad que hay una gran medicalización de la sexualidad. Como antes apuntaba, ésta se produjo tras la aparición, en los años 80 y 90, de una serie de fármacos para las disfunciones sexuales, que sin duda alguna, no sólo han resultado ser fabulosos, sino también absolutamente necesarios en muchos casos. Esto supuso una revolución, lo que ocurre es que hay que saber utilizarlos y combinarlos de manera adecuada. Los psicólogos podemos contribuir mucho en este sentido, trabajando siempre de manera multidisciplinar y sin negar la parte orgánica de las disfunciones sexuales, ya que ésta es una postura que no nos beneficia nada. Hasta no hace mucho tiempo se oía a muchos psicólogos, probablemente no especialistas, decir cosas como que la disfunción eréctil mayormente era una disfunción de etiología psicógena y esto no es verdad. La disfunción eréctil tiene un componente orgánico fundamental, lo que ocurre es que el factor psicológico es muy importante y en muchos casos el más difícil de solucionar, y ese es precisamente nuestro campo de actuación, esa es nuestra labor.

Lo primero que los psicólogos tenemos que hacer es aceptar la parte orgánica de la disfunción sexual, pero además aceptarla con conocimiento; es decir, tenemos que formarnos más en el ámbito neurofisiológico, la sexualidad humana es compleja y la formación en este campo debe ser multidisciplinar.

Yo lo que quisiera transmitir es que, efectivamente, existe la medicalización, pero esto no es un impedimento para trabajar en la sexología clínica. No se puede ir de kamikaze y argumentar que en todas las disfunciones sexuales todo es psicológico, porque no es verdad; al igual que tampoco se puede mantener que todo es orgánico, porque tampoco lo es. Hay que conocer la investigación que se hace en sexología clínica y estar al día; en la sexualidad humana es importante conocer los avances, que se producen de manera muy rápida.

Por otra parte, también es verdad que en la sexología, la ciencia sexológica o la sexología clínica hay grandes olvidos, y uno de los grandes olvidos es la parte de los afectos, de los vínculos, de la pareja y del placer. La sexualidad habla mucho del deseo, pero entendido como una fase de respuesta sexual, como algo finalista; es decir, uno tiene deseo para conseguir el fin de la penetración o el fin del orgasmo.

El placer, entendido como sentimiento más general de bienestar humano, ha estado también bastante abandonado; por lo tanto, estos son temas que hay que recuperar para la sexología y que pertenecen claramente al ámbito de la Psicología . Aunque sin olvidar que la clave está en trabajar siempre en colaboración, ya que creo que es muy enriquecedor.

En la sexología no se puede trabajar únicamente desde lo psicológico, como tampoco se puede hacer desde lo médico. Los equipos deben ser multidisciplinares y cada uno cumplir con su cometido, y la verdad es que mi experiencia en ese campo, como ya he remarcado, es excelente. Nunca he tenido un tratamiento de segundo término por el hecho de ser psicóloga, al revés, estoy muy bien acompañada por mis colegas médicos, todos nos dedicamos a la sexología y me siento muy a gusto.

Me gustaría transmitir principalmente que debemos trabajar nuestras actitudes, no podemos ir creyendo que todo consiste en psicologizar, como tampoco lo inverso. Pero ahora hablo como psicóloga, y por tanto, no podemos ir creyendo que todo se puede reducir a lo psicológico, sino que hay que trabajar multidisciplinarmente, que es como uno aprende realmente en el campo de la sexología.

El tema del trabajo actitudinal y de los prejuicios con respecto al sexo ha sido siempre objeto de atención especial de la sexología, pero no es infrecuente oír todavía las dificultades que muchos psicólogos tienen a la hora de abordar aspectos sexuales de los pacientes en las sesiones. ¿Cómo incluir o abordar los aspectos sexuales dentro de una terapia que, propiamente no es de tipo sexual?

Lo primero que diría sobre esta cuestión es que los psicólogos, indudablemente, como todos los profesionales, no pueden abordar todos los temas clínicos. Pero yo entiendo que las cuestiones sobre sexualidad son preguntas de historia clínica general, por lo tanto, no creo que se puedan tener grandes problemas. La gente puede mostrarse más o menos reticente, pero al final, de una u otra manera, siempre se puede recoger información sexual, sobre todo, cuando el paciente se siente cómodo contigo y estableces una buena alianza terapéutica. Lo que considero es que los temas de sexualidad, como los de alimentación, por ejemplo, requieren de profesionales especializados. En otras palabras, yo puedo tener en terapia una persona que, a parte de sus problemas sexuales o de pareja, puede presentar un trastorno de alimentación. En estos casos, considero que lo importante es saberlo derivar al profesional más adecuado, ya que yo no me encuentro capacitada para tratar una anorexia. Por supuesto, puedo tener ideas generales sobre estos trastornos, sin embargo, no es mi foco principal de trabajo; otra cosa diferente es que yo, desde luego, pueda detectar y evaluar problemas de alimentación para poder derivarlos, si así lo creo conveniente.

De hecho, hay temas muy especializados, como por ejemplo, el de los abusos sexuales, que ni siquiera los tratan todos los sexólogos; o sea, hay gente muy especializada en temas de abusos, de violencia de género, etc. Yo aconsejaría a los profesionales que, en esos casos, los deriven a especialistas, ya que son los más idóneos para tratar esos temas tan específicos dentro de la sexualidad humana.

Por otra parte, desde la sexología, lo que queremos es que exista una especialización, tanto de médicos como de psicólogos. No todo el mundo puede tratar problemas sexuales. El sexólogo es mucho más que eso y por tanto, tiene que existir una formación. En este sentido, es necesario que la sexología se institucionalize.

En una de las mesas del Congreso se hablará de la formación en sexología, ¿cómo ves actualmente la formación del sexólogo y cómo se integra con la Psicología?

En el congreso vamos a presentar un Máster en Sexología que se realizará por primera vez en Madrid, pero que se lleva impartiendo ya nueve años en Andalucía. En este postgrado, los directores somos una psicóloga y un médico y los profesores serán especicalistas del campo de la sexología, médicos y psicólogos, y el objetivo que se quiere conseguir es precisamente incidir en esa multidisciplinariedad y en la especialización propia en sexología. Hasta ahora las sociedades científicas sexológicas han hecho una gran labor al realizar cursos de postgrado en sexología y poder formar a la gente que se quiera dedicar a este campo con conocimiento con seriedad.

 

Lo que pretende el máster de Madrid, organizado por El Instituto Kaplan de Psicología y Sexología y el Instituto Andaluz de Sexología (con el que llevamos trabajando desde el año 92) es, precisamente, contar con diferentes profesionales de las distintas áreas implicadas en este campo. Habrá profesores que vengan a explicar toda la parte biológica, hormonal, es decir, la parte orgánica; y aquellos que nos vamos a encargar de la parte psicológica de la terapia sexual, desde una perspectiva cognitivo conductual.

Lo importante es transmitir una perspectiva integradora, con buena voluntad de trabajar conjuntamente; sacando profesionales que sean sexólogos y que al final, el bagaje de médico o de psicólogo no sea lo más importante, sino que lo fundamental sea la formación sexológica.

En este sentido, una de las fortalezas y debilidades de la sexología es precisamente la falta de institucionalización. A mí me gustaría que existiera un título de sexólogo y que, de esta manera, convergieran tanto los médicos como los psicólogos en una misma formación. ¿Cómo podría ser? Pues tal vez haciendo que tanto médicos como psicólogos convergieran en un mismo camino curricular hacia la sexología a partir del tercer año de carrera; no lo sé, pero considero que debe existir una especialidad en sexología.

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