Andrés A. Fernández Fuertes, Antonio Fuertes Martín y Ramón Fernández Pulido

Facultad de Psicología – Universidad de Salamanca

En la actualidad, nadie duda de que la violencia en el contexto de una relación de pareja es un problema social de grandes proporciones y que, ante él, sólo cabe poner todo nuestro empeño y los recursos necesarios para lograr erradicarlo. Ésta es una exigencia social que ya ha comenzado a dar sus frutos, pero que todavía distan de ser suficientes.

Con respecto a este tema, es posible que la mayor parte de los ciudadanos consideren que éste es un problema que se da, casi exclusivamente, en parejas adultas heterosexuales, normalmente casadas y de clase social media-baja. Además, si alguien tuviese que identificar quién es comúnmente el agresor, en nuestra opinion, la mayor parte de las personas coincidirían en asignar al varón este papel.

Seguramente, en muchos casos no les faltaría razón para tener en mente esta representación del problema, pero al mismo tiempo, este estereotipo está ignorando que este fenómeno, en realidad, no entiende de edades, clases sociales, ni orientación del deseo. No tener esto en cuenta puede estar contribuyendo a la perpetuación de este tipo de violencia (Lewis y Fremouw, 2001), una afirmación que comparten buena parte de investigadores que trabajan en estos temas y de la que nosotros participamos.

 

Como datos meramente ilustrativos, tenemos que entre un 10 y un 20 por ciento de los adolescentes norteamericanos han sido agredidos sexual y/o físicamente por su pareja en, al menos, una ocasión (Wolfe et al., 2003); en España, según estudios actuales, parece que la situación es bastante similar a la descrita (Fernández-Fuertes y Fuertes, 2005; González y Santana, 2001; Medina-Ariza y Barberet, 2003). No obstante, cuando se adopta una perspectiva más amplia, que incluya también las agresiones verbales, estas cifras incluso superan un 50 por ciento (Wolfe et al., 2003).

Desde nuestro punto de vista, el estudio de la violencia en las parejas de los adolescentes es crucial. Por una parte, en esas primeras relaciones es dónde van a formarse sus ideas iniciales sobre qué esperar de una relación de pareja y cómo comportarse en la intimidad, algo que va a repercutir en su vivencia de la etapa adulta (Wolfe et al., 2003). Por otra parte, no hay que perder de vista que estamos ante un fenómeno que causa un sufrimiento a los chicos y chicas que se ven envueltos en estas situaciones (Ackard y Neumark-Sztainer, 2005).

Ante la realidad descrita anteriormente, puede sorprender la escasez de estudios que hayan abordado la investigación de este problema entre adolescentes, especialmente en nuestro país. En nuestra opinión, es posible que carecer de un instrumento de evaluación adecuado en castellano tenga mucho que ver con ello.

De entre las diferentes pruebas existentes para evaluar la existencia de conductas violentas, posiblemente las más usadas han sido el Psychological Maltreatment Women Inventory (PMWI; Tolman, 1989), la Sexual Experiences Survey (SES; Koss y Oros, 1982) y, sobre todo, la Conflict Tactics Scale (CTS; Straus, 1979). Inicialmente estas herramientas, especialmente útiles en investigación y para comprobar la eficacia de programas preventivos, fueron diseñadas para adultos, por lo que es bastante probable que estos instrumentos no evalúen adecuadamente lo que sucede entre los jóvenes.

Teniendo presentes estos aspectos, Wolfe et al. (2001) elaboraron el Conflict in Adolescent Dating Relationships Inventory (CADRI). Estos investigadores se basan en la CTS y en el PMWI pero, sobre todo, en la forma en la que los jóvenes establecen sus relaciones de pareja y en aquellos tipos de violencia que pueden ayudar a discriminar entre sujetos violentos y no violentos (violencia sexual, violencia relacional, violencia física, violencia verbal-emocional y amenazas). Por eso, este instrumento supera muchos de los inconvenientes de las pruebas en las que se fundamenta.

Con el anterior contexto como referente, llevamos a cabo un estudio con casi 600 adolescentes de Salamanca, con un doble objetivo: evaluar las propiedades psicométricas de una versión del CADRI en castellano y realizar un primer estudio exploratorio sobre este problema, con especial atención a posibles factores contextuales del mismo, entre ellos, los motivos y las consecuencias de las agresiones en estas parejas.

 

Con respecto al primero de los objetivos, los resultados de este trabajo permiten afirmar que la fiabilidad y la validez de esta versión parecen bastante similares a los de la prueba original (Fernández-Fuertes, Fuertes y Pulido, 2006). En relación al segundo, encontramos que un amplio grupo de adolescentes admitieron que en su relación de pareja tuvo lugar algún tipo de agresión y, aunque la frecuencia con la que se produjeron estos episodios parecía fundamentalmente baja (normalmente sucedió en una o dos ocasiones durante toda la relación), el escenario que describe este estudio incide en la necesidad de llevar a cabo programas preventivos, seguramente en edades previas al establecimiento de las primeras relaciones de pareja (González y Santana, 2001).

Ante estos resultados, nos pareció interesante seguir profundizando en la investigación de este fenómeno. Por ello, en la actualidad y en colaboración con la University of Central Lancashire (UK), estamos trabajando en un estudio con el que pretendemos conocer qué variables podrían ser interesantes para elaborar una propuesta preventiva y que, al mismo tiempo, nos permitan comprender algunas de las características de este problema entre los adolescentes.

Ver referencias bibliográficas del artículo.

Sobre los autores:

Andrés A. Fernández Fuertes es becario de investigación (Conserjería de Educación, JCYL), adscrito al departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación y doctorando del doctorado de Sexualidad y Relaciones Interpersonales (Universidad de Salamanca). Además, desde el 2005, es miembro de la International Society for Research on Aggression (ISRA).

Antonio Fuertes Martín es Profesor Titular de Psicología Evolutiva y de la Educación en la Universidad de Salamanca y coordinador del Programa de Doctorado de Sexualidad y Relaciones Interpersonales en la misma universidad. En los últimos años ha centrado su labor investigadora en el problema de la coerción sexual en la adolescencia y juventud.

Ramón Fernández Pulido es Profesor Titular de Psicometría (Universidad de Salamanca). Actualmente es director del departamento de Psicología Básica, Psicobiología y Metodología de las Ciencias del Comportamiento y desde 1995 hasta el 2001 fue decano de la Facultad de Psicología. Sus últimos trabajos de investigación los ha dedicado a analizar las propiedades psicométricas de diversos instrumentos.

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