El Instituto para la Excelencia en Salud y Atención Médica del Reino Unido (NICE), dentro de su línea de trabajo sobre recomendaciones en la intervención de servicios sociales, ha desarrollado la guía de Apoyo a personas cuidadoras adultas (Supporting adult carers). La guía tiene como objetivo proporcionar recomendaciones, basadas en la evidencia científica, para la atención social de adultos, mayores de 18 años, que se dedican a establecer cuidados informales a algún familiar dependiente en su domicilio.

Mediante esta herramienta se pretende dotar a los profesionales de habilidades para la evaluación y el apoyo adecuados a los cuidadores, incluido a aquellos que prestan apoyo al final de la vida.

Fuente: www.pexels.com Artista:
Pixabay Fecha descarga: 05/03/2020

La guía del NICE reconoce el derecho a la información y a la prestación de servicios de apoyo que tienen los cuidadores de personas dependientes, al ser un colectivo especialmente vulnerable a los efectos del estrés. En esta línea, el NICE recomienda a los profesionales de los servicios sociales ser abiertos y honestos con los cuidadores sobre el estado de salud, discapacidad o necesidades que presenta la persona que cuidan, incluso cuando esta información sea difícil o molesta para el cuidador, haciéndole ver al cuidador la posibilidad de progreso de la enfermedad o condición y los cambios posibles en su rol de cuidadores. El objetivo de esta comunicación es poder preparar planes de actuación a medio y largo plazo y adelantar posibles dificultades que puedan surgir en el proceso.

Asimismo, el texto incide en la posibilidad de que el cuidador no se llegue a identificar con esa figura en la medida en que convertirse en cuidador puede ser consecuencia de un proceso gradual y lento, en el que el cuidador no reconoce el cambio en el tipo de relación que ha establecido con su familiar. Por otro lado, algunas personas prefieren seguir identificándose con el rol de esposo/a, pareja, hermano/a o hijo/a antes que con el de cuidador. Asimismo, un importante porcentaje de personas dedicadas al cuidado informal de algún allegado, a menudo simultanean su actividad de cuidador con su trabajo, dejando de lado sus propias necesidades de apoyo y por tanto, la búsqueda de ayuda. Otras dificultades que se pueden ver en esta situación es que sea la propia persona que necesita apoyo la que no acepte este rol de persona dependiente.

Una vez correctamente identificadas las personas que cumplen este papel de cuidadores, es necesario realizar una evaluación completa de todos los aspectos relevante de su salud física y bienestar psicológico. Los profesionales encargados de realizar esta evaluación deben estar debidamente capacitados para realizar esta tarea, en la medida en que una adecuada evaluación puede ser en sí misma una intervención terapéutica o el primer paso para prevenir posibles dificultades futuras, según el NICE. A la hora de establecer esta evaluación, se debe tener en cuenta aspectos esenciales tales como si la persona que se está cuidando se encuentra en el proceso de final de vida, el nivel de estrés que está suponiendo para el cuidador la situación, si se va a producir el alta hospitalaria en breve, si se han producido cambios importantes en el rol de ser cuidador y en general, cualquier impacto negativo que pueda derivarse de un retraso de la atención médica en la salud física y bienestar emocional del cuidador.

Una de las líneas de trabajo esenciales en el apoyo a cuidadores es proporcionar medidas para que la persona cuidadora pueda mantener o recuperar su empleo o mejorar su capacitación para poder acceder al mismo. Entre dichas medidas se incluyen apoyo mediante asistencia domiciliaria, la oportunidad de flexibilidad en el entorno laboral, etc. Asimismo, conviene que los cuidadores accedan y conozcan los diferentes recursos disponibles, desde grupos de autoayuda hasta ayudas económicas, fuentes de información fiables sobre el problema de salud de su familiar, asesoramiento legal, formación, etc.

Según establece la guía del NICE, los profesionales sanitarios y de la atención social deben insistir regularmente a los cuidadores establecer su necesidad de tomarse periodos de descanso o de retiro en su labor de ayuda. En este sentido, se debería fijar con el cuidador, sus periodos de descanso en cuanto a duración, momento, frecuencia, etc., así como apoyos para que durante la ausencia del cuidador haya un sustituto confiable que pueda dar continuidad a los cuidados.

Está demostrado que el entrenamiento de los cuidadores informales en habilidades para prestar un apoyo adecuado a su familiar es fundamental para reducir la carga de estrés a la que se encuentran sometidos. A este respecto, se debería ofrecer a todos los cuidadores programas estructurados u orientación individual por parte de un profesional especializado dirigidos a mejorar sus habilidades de prestación de cuidados. Estos programas de capacitación, según la guía del NICE, deben incorporar los siguientes componentes: psicoeducaión general sobre el estado de salud, enfermedad o discapacidad de la persona a la que prestan ayuda, capacitación en habilidades, incluido el manejo de los cambios del estado de ánimo y del comportamiento de su familiar, principios básicos de autocuidado, habilidades comunicación, planificación de actividades agradables y significativas junto con la persona que cuidan, información sobre servicios de interés y planes de actuación a medio y largo plazo.

Finalmente, el apoyo psicológico y social debe formar parte de la intervención con cuidadores, a través de diferentes formatos y posibilidades (en grupo, individual, online…). Estas intervenciones deben adaptarse además a las diferentes etapas del proceso de cuidado.

Las personas interesadas pueden consultar todas las recomendaciones en el siguiente enlace:

Supporting adult carers

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