Tal y como ha anunciado el Gobierno de Castilla-La Mancha, el Servicio de Salud de Castilla-La Mancha ha firmado un convenio de colaboración que asegura la prestación de atención psicológica in situ y mediante teleasistencia a pacientes ingresados en las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI), a sus familiares y al personal sanitario de estos servicios, a través de un programa de intervención psicológica enmarcado en el Proyecto HUCI.

Dicho Proyecto, del que ya se habló en Infocop (ver aquí), tiene como finalidad disminuir y aliviar la sobrecarga de estrés y sufrimiento psicológico que están experimentando todos los agentes implicados en las UCI, en relación con la situación actual de crisis sanitaria derivada del COVID-19.

Proyecto HUCI

Para los profesionales sanitarios, la sobrecarga asistencial en las UCI, junto con la exposición a situaciones de riesgo para su salud y el trabajo en condiciones críticas y difíciles, suponen unos niveles de estrés y ansiedad que pueden tener un grave impacto en su bienestar físico y mental a corto y a largo plazo. Asimismo, el agotamiento y los elevados niveles de ansiedad pueden mermar su capacidad para tomar decisiones clínicas y para asegurar su protección y autocuidado.  Por otro lado, la experiencia de ingreso en una UCI para las personas afectadas de COVID-19, supone una situación altamente estresante y crítica que, unida al cansancio físico asociado al cuadro clínico, la situación de aislamiento y la restricción de contactos, puede afectar notablemente a su estado de ánimo y a la evolución de la enfermedad. Finalmente, los familiares de personas ingresadas en estas unidades deben lidiar día a día con la incertidumbre y la culpa de no poder acompañar a sus seres queridos y, en los casos de fallecimiento de estos, tienen que hacer frente a procesos de duelo complicados.

Por todos estos motivos, las Unidades de Cuidados Intensivos se han convertido en uno de los escenarios donde la atención psicológica supone una necesidad fundamental, tal y como defienden los impulsores del Proyecto HUCI, que cuenta, además, con el aval de numerosas sociedades y colegios sanitarios de nuestro país, incluido el Consejo General de la Psicología de España (COP).

La decisión adoptada por el Gobierno de Castilla-La Mancha, a través de la firma de este convenio de colaboración, convierte al Servicio de Salud de Castilla-La Mancha en pionero en nuestro país en la incorporación de psicólogos en las Unidades de Cuidados Intensivos, una medida que, sin duda, será bienvenida para los pacientes, familiares y profesionales sanitarios que trabajan en dichas unidades.

Según ha manifestado Macarena Álvarez, doctora en Psicología y directora del Proyecto de Intervención Psicológica en las UCI durante la crisis del COVID-19 (Proyecto HUCI), “si esto ha salido adelante es porque hemos sido capaces de aunar sinergias en bien de un objetivo que transciende a cada una de las partes que componemos este proyecto: el cuidado de las personas como fin último de los profesionales de la Salud. Desde esa perspectiva, el SESCAM, la Oficina de Salud Mental, el Colegio Oficial de Psicólogos de Castilla La Mancha, los Servicios de Salud Mental de cada Hospital, Proyecto HUCI y todas y cada una de las personas que los componen, junto a los psicólogos con experiencia en intervención en crisis y emergencia que colaboran, se han coordinado en sumar y en poner en valor el cuidado emocional de las personas en esta situación de crisis asistencial”.

Los hospitales en los que se va a comenzar a implantar este programa son el Hospital General de Albacete, el Hospital de Hellín, el Hospital General Universitario de Ciudad Real, el Hospital Puertollano, el Hospital General La Mancha Centro, el Hospital Virgen de la Luz de Cuenca, el Hospital Provincial de Toledo y el Hospital Público Nuestra Señora del Prado de Talavera.

María Dolores Gómez, decana del Colegio de Psicología de Castilla-La Mancha, valora muy positivamente la acogida inicial del programa por parte del personal de las UCI de estos complejos hospitalarios. “La puesta en marcha de esta iniciativa demuestra que la demanda existente en los servicios de salud pública va más allá de la atención a la patología y que los aspectos psicológicos, entendidos como reacciones no patológicas a situaciones extraordinarias, deben ser atendidos para mejorar el clima, los resultados y el funcionamiento de determinados servicios. Una atención sanitaria de calidad debe contemplar los aspectos psicológicos implicados en los procesos de salud, desde una perspectiva contextual, en el conjunto de los agentes implicados en los servicios sanitarios: pacientes, familiares y profesionales”, ha señalado.

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