Los efectos sobre la salud mental de la pandemia por coronavirus 2019 (COVID-19) podrían ser profundos y hay indicios de que las tasas de suicidio aumentarán, si bien esto no es inevitable. Es probable que el suicidio se convierta en una preocupación más apremiante a medida que la pandemia se propaga y tiene efectos a más largo plazo en la población general, la economía y los grupos vulnerables. Prevenir el suicidio, por lo tanto, necesita una consideración urgente.

Con esta introducción, se presenta un artículo publicado online en la revista The Lancet Psychiatry, a través del cual pone de relieve la necesidad de emprender acciones de cara a prevenir y detectar el suicidio, especialmente en la situación actual de crisis generada por la pandemia del coronavirus. Tal y como indican los autores del artículo, hay estudios que evidencian el incremento de muertes por suicidio en situaciones similares, como la pandemia de influenza (1918-1979) o la epidemia del síndrome respiratorio agudo severo (SARS) de 2003.

Foto: Sergij Fuente: pexels Fecha descarga: 29/04/2020

Por ello, en el contexto en el que nos encontramos en la actualidad, es clave dar una respuesta interdisciplinar de amplio alcance, que detecte cómo la pandemia podría elevar el riesgo y aplicar estos conocimientos sobre enfoques eficaces de prevención del suicidio. Para tal fin, se requieren intervenciones selectivas, indicadas y universales.

Los probables efectos adversos de la pandemia sobre la salud mental de las personas y de la población en general, pueden verse exacerbados por el miedo, el autoaislamiento y el distanciamiento físico. Asimismo, el riesgo de suicidio puede aumentar debido al estigma hacia las personas con COVID-19 y sus familias. Las personas con problemas de salud mental pueden experimentar un empeoramiento de los síntomas y otras pueden desarrollar nuevas problemáticas, especialmente depresión, ansiedad y estrés postraumático (todos asociados con un mayor riesgo de suicidio). Sin embargo, los problemas de esta índole son experimentados por la población en general y, especialmente, entre aquellas personas que están altamente expuestas a enfermedades causadas por COVID-19 (como las que se brindan atención médica de primera línea) y quienes desarrollan la enfermedad.

El artículo pone de relieve las consecuencias derivadas del estado de cuarentena actual, sobre los servicios de salud mental: mayores cargas de trabajo y la necesidad de encontrar nuevas formas de trabajar, como la atención psicológica a distancia a través de las tecnologías de la información y comunicación (TIC). Estas nuevas prácticas de trabajo deben implementarse más ampliamente, pero teniendo en cuenta las posibles implicaciones en relación con la privacidad y que no todos los pacientes se sentirán cómodos con tales interacciones online.

De acuerdo con los autores, una opción que podría beneficiar la salud mental de la población es ofrecer recursos e intervenciones online basados ​​en la evidencia, permitiendo su disponibilidad y acceso gratuito para toda la población. En esta línea, recomendamos el acceso al siguiente enlace, donde se encuentran recogidas diversas recomendaciones y recursos electrónicos disponibles en España, entre ellos, el Servicio telefónico de primera atención psicológica del Ministerio de Sanidad y el Consejo General de la Psicología, dirigido a la población general con dificultades relacionadas con la alerta y la cuarentena por Covid-19, familiares de fallecidos o enfermos y profesionales sanitarios y otros intervinientes, ya cerrado desde el pasado 27 de mayo, y que ha cubierto un vacío asistencial en materia de prestaciones psicológicas dentro de nuestro SNS (ver Infocop: http://www.infocop.es/view_article.asp?id=8670&cat=44).

Concretamente, las personas en crisis suicidas requieren atención especial. Algunas pueden no buscar ayuda, por temor a que los servicios estén saturados y que su asistencia a una cita cara a cara pueda ponerlas en riesgo, otras pueden buscar ayuda en líneas de ayuda voluntarias, sin lograr contactar, dado la elevada cifra de llamadas y saturación de líneas.

El artículo señala la importancia de que los servicios de salud mental desarrollen vías claras de evaluación y atención a distancia,  para las personas en riesgo de suicidio y capacitación del personal para apoyar nuevas formas de trabajo. Las líneas de ayuda requerirán apoyo y ofrecer métodos de trabajo más flexibles. Las intervenciones y aplicaciones online basadas en la evidencia deberían estar disponibles para apoyar a las personas en riesgo de suicidio.

Precisamente, el servicio de atención psicológica del Ministerio de Sanidad y el COP, ha tenido la particularidad de estar centralizado y ser profesionalizado, lo que ha permitido coordinar las acciones e intervenciones de los equipos y garantizar la calidad de estas, ofreciendo protocolos unificados de intervención, feedback continuo y apoyo a los propios profesionales que integran el servicio, que se enfrentan, en muchas ocasiones, a situaciones dramáticas.  Como ya informó Infocop, el dispositivo estaba integrado por 47 psicólogos y psicólogas expertos en trauma, duelo y situaciones de crisis y liderado por María Paz García Vera, catedrática de Psicología Clínica de la UCM. Ha contado, además, con el apoyo de un equipo de coordinación de expertos y administración para el desarrollo de todas las acciones.

De acuerdo con los datos, este servicio ha venido realizando, diariamente, entre 2 y 3 intervenciones en situaciones de riesgo de suicidio y violencia. Desde estos teléfonos se han ofrecido primera atención psicológica y atención psicológica breve, en los casos en que es necesario, realizando derivaciones a otros servicios especializados y el seguimiento de las personas que se dirigían a las líneas de atención, cuando se estimaba oportuno. 

Por otro lado, los autores del artículo apuntan a una serie de factores de riesgo del suicidio, tales como la pérdida de empleo y los factores estresantes económicos, siendo esencial que los gobiernos proporcionen redes de seguridad económica (por ejemplo, alimentos, vivienda y apoyo por desempleo), y tengan en cuenta no solo las situaciones actuales de las personas sino también su futuro.

Igualmente, la pandemia podría afectar negativamente a otros precipitantes conocidos del suicidio. Por ejemplo, durante la cuarentena forzosa, pueden incrementar los casos de violencia doméstica y de consumo de alcohol. En este sentido, las respuestas de salud pública deben garantizar que las personas que enfrentan violencia interpersonal reciban apoyo y que se transmitan a la sociedad mensajes de consumo seguro. El encierro, el aislamiento social y la soledad pueden contribuir también al riesgo de suicidio durante un estado de cuarentena, siendo de gran utilidad en este sentido, el apoyo comunitario a quienes viven solos/as. Igualmente, facilitar la ayuda a las personas en duelo es crucial.

Los autores inciden en el papel clave que desempeñan los informes irresponsables sobre el suicidio por parte de los medios de comunicación, y que pueden provocar picos en las tasas. La exposición repetida a historias sobre la crisis puede aumentar el miedo y elevar el riesgo de suicidio, por lo que es fundamental, que los profesionales de los medios se aseguren de que sus informes sigan buenas prácticas de información.

Las consecuencias de la pandemia relacionadas con el suicidio pueden variar según las medidas de control de salud pública de los diferentes países, sus estructuras socioculturales y demográficas, la disponibilidad de alternativas digitales a la consulta presencial y los apoyos existentes. De modo que los efectos podrían ser aún peores en entornos de escasos recursos, donde la adversidad económica se ve agravada por inadecuados apoyos al bienestar. El estigma y la desinformación relacionados con el COVID-19 pueden ser particularmente agudos en estos entornos.

Los autores concluyen señalando la probabilidad de que “las consecuencias para la salud mental estén presentes por más tiempo y alcancen su punto álgido más tarde, tras la pandemia real”. Por ello, teniendo en cuenta la evidencia de la investigación y la experiencia de las estrategias nacionales que proporcionan una base sólida para la prevención del suicidio, subrayan la necesidad de estar preparados para emprender acciones, respaldadas por la atención y el apoyo, y la colaboración internacional.

Fuente: Gunnell, D., Appleby, L., Arensman, E., Hawton, K., John, A., Kapur, N., Khan, M., O'Connor, R.C., Pirkis, J., y the COVID-19 Suicide Prevention Research Collaboration (2020). Suicide risk and prevention during the COVID-19 pandemic. The Lancet Psychiatry (publicado online, abril 2020). https://doi.org/10.1016/S2215-0366(20)30171-1

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