El 9,02 por cien de adolescentes madrileños de 13 años presentan sintomatología depresiva,  significativamente más alta en mujeres (11,40 por cien frente al 6,92 por cien de varones) y en inmigrantes (10,96 por cien frente al 8,19 por cien de nacionales), según concluye un estudio realizado por el profesor Valentín Martínez-Otero, doctor en Psicología y profesor de la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

Entrevista

El porcentaje de adolescentes que presentan depresión, según refleja el estudio que ha publicado recientemente, es relativamente alto. Desde su punto de vista, como profesional de la Psicología, ¿qué factores, personales, familiares y/o sociales pueden estar favoreciendo que los adolescentes desarrollen esta enfermedad?

Con carácter general, gran poder depresógeno corresponde a situaciones familiares y escolares presididas por la excesiva rigidez, la mala comunicación, la falta de afecto, la violencia, etc., lo que nos lleva a cuestionar la educación imperante en ciertos hogares y centros escolares. Tampoco hay que pasar por alto el ambiente sociocultural en la identificación de riesgos. El uso inadecuado y abusivo de tecnologías por parte de los adolescentes en detrimento de las relaciones humanas, la crisis de valores, las drogas, la imposición de cánones de belleza que esclavizan a temprana edad, etc., abonan el terreno para la depresión y otros trastornos.

 

¿Cuáles considera usted que pueden ser los factores que explican la diferencia en la prevalencia de la depresión entre varones y mujeres adolescentes?

Se sabe que la mayor presencia de la depresión en el género femenino desde la adolescencia es atribuible a factores de índole biopsicosocial. Sin perder de vista el impacto de las causas hormonales y personales, hay que tener en cuenta que las mujeres, en general, y ya desde la etapa que nos ocupa, soportan más presiones y tienen menos posibilidades de realización. Un dato que no debe obviarse, también advertido en la investigación realizada, tiene que ver con la baja autoestima de un significativo número de chicas, en parte atribuible a la menor aceptación de su imagen corporal, lo que predispone a trastornos de la conducta alimentaria.

¿Cuáles podrían estar dando cuenta de esa mayor prevalencia en inmigrantes frente a adolescentes nacionales?

La mayor  sintomatología depresiva detectada en adolescentes inmigrantes que en autóctonos se debe, probablemente, a la vivencia del desarraigo y a los problemas de inadaptación y exclusión. Los inmigrantes están expuestos al estrés del asimilacionismo y a situaciones de rechazo de tonalidad racista y xenófoba. Por ejemplo, la ausencia o lo endeble de los programas interculturales en los centros escolares deja a los alumnos inmigrantes en situación de vulnerabilidad a la segregación y a la hostilidad, con las consiguientes consecuencias psicopatológicas. Estos negativos efectos aumentan en los casos en que los adolescentes carecen del necesario soporte sociofamiliar y económico. Cuando los adolescentes disponen en su entorno extraescolar de suficientes recursos psicológicos y materiales es más fácil preservar la salud mental.

 

¿Qué tipo de medidas podrían tomarse, en distintos niveles, para prevenir la aparición y el desarrollo de la depresión en adolescentes? 

A nivel familiar hay que favorecer la construcción de un clima de respeto, comunicación, afecto y autoridad responsable, en el que se pueda forjar gradualmente una personalidad saludable. Con los oportunos matices y variaciones, cabe decir lo mismo para la escuela. Un ambiente de participación, disciplina, cordialidad, espíritu de trabajo y valoración de la singularidad facilita la paulatina maduración del alumno, el descubrimiento de su identidad y el equilibrado desarrollo de su personalidad. Por esta razón, son fundamentales los programas educativos interculturales e inclusivos.

A nivel social, hay que demandar mayor inversión en política familiar y educativa, más responsabilidad mediática y un nítido compromiso con la promoción de la salud mental, en la que los psicólogos desempeñan un papel esencial.

¿Qué medidas deben tomarse, una vez ha aparecido la depresión en el adolescente, con el objetivo de afrontar la enfermedad?

Es necesario realizar un buen diagnóstico, pues se trata de una enfermedad que en considerables ocasiones  pasa inadvertida, incluso para el propio adolescente. Problemas del sueño, síntomas somáticos (dolores, alteraciones digestivas, etc.), conductas violentas, consumo de alcohol u otras drogas, disminución del rendimiento, retraimiento, etc., pueden alertar de un cuadro depresivo. Tras la oportuna detección y derivación hacia los profesionales o instituciones de salud mental, con elección de tratamiento personalizado,  es fundamental contar, para la plena recuperación, con la implicación de la familia y los amigos del adolescente.

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