Concepción Perpiñá, es psicóloga, profesora titular e investigadora de la Universidad de Valencia. Ha colaborado en un estudio que se está desarrollando en la actualidad desde la Universidad Jaume I, que explora las posibles relaciones existentes entre los trastornos alimentarios y determinadas características y/o trastornos de personalidad. Los primeros resultados, sobre los que se informó en esta publicación recientemente,  apuntan que el 48,5 por cien de las jóvenes diagnosticadas de anorexia o bulimia, padece también un trastorno de personalidad. La investigadora principal de este proyecto es Azucena García Palacios, psicóloga, profesora titular e investigadora de la Universitat Jaume I.

ENTREVISTA

¿Cuáles son las variables que se están investigando concretamente en este estudio, y con qué objetivo?

Desde hace unos años, el avance en el conocimiento de la psicopatología y del tratamiento de los trastornos alimentarios nos lleva persistentemente al análisis de las relaciones que se establecen entre la personalidad y estos trastornos.

El conocimiento y el contacto clínico con estos cuadros ponen de manifiesto que hay un porcentaje de pacientes que, pese a que la intervención "estándar" les beneficia, su recuperación se ve frenada no tanto por la sintomatología del trastorno alimentario en sí, como por unas actitudes, comportamientos, emociones y maneras de relacionarse con los demás y con el mundo que emanan de estructuras más profundas, básicas, en el sentido más literal del término; es decir, surgen de una manera de ser que es desadaptativa y fuente de problemas; nos referimos a la presencia en estas pacientes de rasgos mórbidos de personalidad que pueden presentarse de manera aislada, o configurar un síndrome completo como trastorno de personalidad.

 

En ese sentido, el objetivo fundamental del estudio sobre perfiles de personalidad como factores de vulnerabilidad, subvencionado por el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales era explorar, precisamente, la relación entre la personalidad patológica y los trastornos de la conducta alimentaria, con el fin de esclarecer posibles factores de predisposición en estos trastornos que pudieran ayudar a una mejor definición de los mismos, así como al diseño de estrategias de intervención más eficaces.

¿Se ha podido observar en este estudio un patrón diferencial de características de personalidad en función del tipo de trastorno de la conducta alimentaria? En otras palabras, ¿son diferentes los trastornos de personalidad asociados a la bulimia y la anorexia?

Lo que nos dicen diversas investigaciones previas es que la anorexia nerviosa se relaciona con características de personalidad como el perfeccionismo, la rigidez y otras características obsesivo-compulsivas, mientras que la bulimia se relaciona con rasgos más variados: inestabilidad emocional, rasgos histriónicos, pero también con perfeccionismo. Nuestros datos, desafortunadamente, no pueden responder a esta pregunta, ya que la muestra con la que finalmente contamos estaba configurada en su mayoría por pacientes diagnosticadas de bulimia nerviosa. Esto es congruente con lo que nos dicen los datos sobre la epidemiología del trastorno, y es que hay más casos de bulimia que de anorexia nerviosa, pero nos impide contestar a esa cuestión por no poder generalizar los resultados a partir de los casos de anorexia que finalmente obtuvimos. Teniendo en cuenta que la mayor parte de las participantes de nuestro estudio eran pacientes con bulimia nerviosa y, dentro de este grupo, más del tipo purgativo, lo que nuestros resultados indican es que este trastorno coexiste con patrones de personalidad evitativa y autodestructiva. Esto nos lleva a reflexionar sobre el hecho de que, aunque algunos estudios han intentado relacionar la anorexia con un patrón de personalidad y la bulimia con otro patrón distinto, los resultados son inconsistentes y tal vez sería más interesante, en lugar de buscar perfiles de personalidad específicos para cada trastorno, pensar que las dos categorías diagnósticas puedan estar asociadas a dimensiones de personalidad heterogéneas. Desde este punto de vista, podría ser que más de un tipo de estructura de personalidad pudiera contribuir a los síntomas de cada trastorno alimentario y, de manera muy relevante, atendiendo a los subtipos (purgativo, no purgativo) en cada uno de ellos. Por tanto, nos parece importante abordar las relaciones entre patrones alimentarios disfuncionales y perfiles de personalidad, más que entre categorías de eje I y eje II y que, en definitiva, era el planteamiento general de este proyecto de investigación.

¿Qué implicaciones prácticas se pueden derivar de los resultados obtenidos?

Como hemos indicado antes, el resultado más relevante es que un porcentaje elevado de las personas que padecen trastornos de la conducta alimentaria presenta rasgos de personalidad patológica. Este dato tiene una implicación teórica, ya que hace referencia a una cuestión básica como es la propia definición y conceptuación de los trastornos alimentarios, pero también una repercusión más directamente relacionada con cuestiones más prácticas como es el caso de la prevención o el tratamiento. En cuanto a lo primero, deberían comenzar a considerarse dentro de las medidas preventivas temas tales como la regulación emocional, la expresión de emociones, y cuestiones de auto-estima y confianza y seguridad en uno mismo y en los demás; en cuanto a lo segundo, hay que comenzar a pensar en cómo integrar y coordinar estrategias terapéuticas que aborden directamente estas maneras de ser disfuncionales dentro del programa general de los trastornos alimentarios.

¿Cómo afectan estos resultados al diseño y aplicación de programas de tratamiento?

 

Creemos que es vital. Ya hemos comentado que, concretamente el interés de nuestro grupo por profundizar en el estudio de las variables de la personalidad en estos cuadros nace del contacto con aquellas pacientes que no se beneficiaban al máximo de los programas de tratamiento al uso que, por el contrario, tanto bien hacían al resto de pacientes. ¿Qué es lo que estaba sucediendo? ¿Por qué no "les llega" tal técnica o tal mensaje? ¿Por qué se resisten al cambio? ¿Por qué abandonan?... Un cúmulo de preguntas que nos hacían considerar que los programas de tratamiento se están dejando fuera del camino componentes fundamentales para el cambio, para la recuperación.

Es importante señalar que nuestros datos y otros similares que están obteniendo diversos grupos de investigación en todo el mundo, indican que es necesario incorporar componentes terapéuticos para el tratamiento de la personalidad patológica en los programas de tratamiento para los trastornos de la conducta alimentaria. Pensamos que añadir estos componentes servirá para dar una mejor respuesta a las personas que sufren (en el pleno sentido de esta palabra) (de) estos trastornos.

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