Nathalie P. Lizeretti1, Ursula E. Oberst1, Ander Chamarro1, Núria Farriols1,2

1Universitat Ramon Llull, 2Centre de Salut Mental de Mataró, Consorci Sanitari del Maresme

 

La Inteligencia Emocional (IE) según Salovey y Mayer es "la habilidad para percibir, valorar y expresar emociones con exactitud, la habilidad para acceder y/o generar sentimientos que faciliten el pensamiento; la habilidad para comprender emociones y el conocimiento emocional y la habilidad para regular las emociones promoviendo el crecimiento emocional e intelectual". El modelo incluye cuatro grupos de habilidades (percepción emocional, facilitación emocional, comprensión emocional, regulación emocional) que se describen de forma jerarquizada en cuatro niveles, entendiendo que no se puede adquirir un nivel superior mientras no se haya integrado el nivel inferior.

En el marco de este modelo, existen dos procedimientos diferentes de evaluación de la IE: el cuestionario de autoinforme Trait Meta-Mood Scale (TMMS; Salovey, Mayer, Goldman, Turvey y Palfai, 1995) que mide el nivel de Inteligencia Emocional Percibida (IEP) en base al propio conocimiento de los estados emocionales y el test de habilidad o ejecución Mayer-Salovey-Caruso Emotional Intelligence Test (MSCEIT; Mayer, Salovey y Caruso, 2002) que mide de forma objetiva los cuatro grupos de habilidades y permite obtener un coeficiente de IE total.

Los estudios realizados con estos instrumentos en el ámbito de la Psicología Clínica se han centrado en la relación de la IE con variables como el estrés, la ansiedad y la depresión. Las principales conclusiones a las que llegan estos estudios son:

1. La IE aumenta con la edad.

2. Las mujeres tienden a prestar más atención a sus propias emociones y tienen más dificultad en regularlas, pero presentan mayores habilidades emocionales que los hombres en las relaciones interpersonales.

3. Las personas con elevada IE presentan mayor satisfacción con la vida, mayor calidad y cantidad de relaciones sociales, más éxito académico y mayor conducta prosocial.

4. Reparar los estados emocionales negativos, prolongar los positivos y experimentar con claridad las emociones es un potente predictor de ajuste psicológico.

5. Una elevada IE proporciona más competencias para afrontar las situaciones estresantes de forma adaptativa.

6. Una baja comprensión de las propias emociones influye positivamente en la sintomatología ansiosa.

7. La baja capacidad para repara los estados emocionales influye en la sintomatología depresiva.

8. La IE está relacionada con algunos rasgos de personalidad patológica.

En base a estos estudios, podemos concluir que la IE es capaz de predecir el funcionamiento social y personal del individuo (ajuste psicológico), al menos en la población general. Las limitaciones derivan del hecho de que la mayoría de las investigaciones fueron realizadas con estudiantes universitarios y están limitadas al estudio de las dimensiones de IEP.

Como las correlaciones entre los autoinformes y los test de ejecución suelen ser moderadas, hay que cuestionarse si estas medidas evalúan el mismo constructo o al menos, si no evalúan aspectos distintos de la IE. De hecho, ha sido muy criticada la utilización de expresiones descriptivas de uno mismo como forma de medir habilidades de inteligencia ya que dependen del auto-concepto de la persona, de su grado de autoconocimiento y de la deseabilidad social de los ítems.

Estos aspectos parecen especialmente relevantes en su utilización con pacientes que padecen alguna psicopatología. Por lo tanto, consideramos importante utilizar ambos procedimientos de evaluación para identificar la IE en este tipo de participantes.

Estas observaciones se unen al hecho de que algunos autores sostienen que la regulación emocional juega un papel importante en el desarrollo y mantenimiento de los trastornos psicopatológicos y que esta dimensión ha mostrado tener una relación substancial con trastornos como la depresión, trastornos alimentarios y con la salud mental en general.

 

Todo ello nos lleva a plantear la necesidad de llevar a cabo estudios con muestras clínicas para establecer la relación entre la IE y distintos trastornos psicológicos, en los que la evaluación se realice con instrumentos de habilidad.

Por este motivo, este estudio se propuso como objetivo principal evaluar la IE de 62 pacientes del Centro de Salud Mental de Mataró diagnosticados de agorafobia, adicción a la cocaína y distimia. Se planteó observar si los diferentes grupos clínicos en estudio presentaban deficiencias en IE y si éstas pueden discriminarse respecto a su nivel de IE, desde el supuesto de que la IE medida con el MSCEIT permitiría una mayor discriminación entre grupos clínicos que la IEP, medida con el TMMS-24.

Los resultados mostraron la capacidad del MSCEIT para discriminar entre los grupos clínicos evaluados, a diferencia del TMMS-24. Esto indica que, a pesar de la probada validez del TMMS-24 para la evaluación de la IEP en población no clínica, su uso parece menos indicado en población clínica.

La correlación entre ambos instrumentos confirma el resultado de estudios anteriores y la sospecha de que estos instrumentos miden dimensiones distintas de la IE.

Los resultados obtenidos con ambos instrumentos indican que las personas que padecen los trastornos estudiados presentan niveles inferiores de IE. Concretamente, las puntuaciones más bajas en regulación de emociones corresponden a las personas diagnosticadas de distimia y en comprensión de emociones a las diagnosticadas de agorafobia, resultado congruente con el de otros estudios en poblaciones subclínicas. Estos resultados, aunque preliminares, permiten intuir la existencia de un perfil de habilidades emocionales (deficitarias) para cada uno de los trastornos estudiados.

En conclusión, nuestro estudio indica que la carencia de habilidades de IE parece ser un factor implicado en el proceso de salud-enfermedad. En este sentido, una posible línea de futuro sería la utilización de los componentes de la IE en el diseño y evaluación de intervenciones psicoterapéuticas específicas para distintos trastornos psicopatológicos.

Nota: Esta investigación fue realizada, en parte,  gracias a la Beca predoctoral FI nº.2005FI00299 de la Generalitat de Catalunya otorgada a Nathalie P. Lizeretti.

El artículo original en el que se basa este trabajo puede encontrarse en la revista Ansiedad y Estrés: Lizeretti, N. P., Oberst, U. E., Chamarro, A. y Farriols, N. (2006). Evaluación de la Inteligencia Emocional en pacientes con psicopatología: resultados preliminares usando el TMMS-24 y el MSCEIT. Ansiedad y Estrés. Vol. 12 (2-3), pp. 355-364. 

 

 

Sobre los autores y autoras:

Ander Chamarro Lusar es Doctor en Psicología por la Universidad de Salamanca (Premio Extraordinario de Doctorado). Profesor Asociado de Metodología de las Ciencias del Comportamiento de la Facultat de Psicologia, Ciències de la Educació i de l’Esport Blanquerna de la Universidad Ramon Llull de Barcelona. Dirección de programes deportivos en de las prisiones de Pamplona y Valencia.

  

Núria Farriols Hernando es Doctora en Psicología y psicóloga del Centro de Salud Mental de Adultos de Mataró (Consorci Sanitari del Maresme). Es, a su vez, Profesora Asociada de la Facultat de Psicologia, Ciències de l’Educació i de l’Esport Blanquerna (Universitat Ramon Llull) de Barcelona. Profesora del Máster en Psicología Clínica y Psicoterapia. La línea de investigación seguida es la de intervenciones en personas que presentan agorafobia y en personas que presentan psicosis.

Ursula Oberst es Doctora en Psicología por la Universidad Ramon Llull. Profesora Asociada de la Facultat de Psicologia, Ciències de l’Educació i de l’Esport Blanquerna, Universitat Ramon Llull de Barcelona. Su línea de investigación principal se centra en la Inteligencia Emocional. Es también psicoterapeuta en consulta privada y autora de diversos libros académicos y divulgativos sobre la Psicología Adleriana.

Nathalie P. Lizeretti es Licenciada en Psicología por la Facultat de Psicologia, Ciències de l’Educació i de l’Esport Blanquerna (Universitat Ramon Llull) de Barcelona y Máster en Psicología Clínica y Psicoterapia. Becaria FI por la Generalitat de Catalunya. Es psicoterapeuta colaboradora del Centro de Salud Mental de Adultos de Mataró (Consorci Sanitari del Maresme). Su línea de investigación principal se centra en la Inteligencia Emocional y los trastornos psicopatológicos.

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