Mireia Orgilés (1, 2) y Jessica Piñero (2)

(1) Universidad Miguel Hernández de Elche y (2) Fundación Salud Infantil

El porcentaje de separaciones y de divorcios en España es cada vez mayor. Cuando una pareja se separa, se produce una serie de cambios económicos, sociales, personales y familiares, que no sólo afectan a los adultos que rompen su relación, sino también a sus hijos. Los niños deben modificar, por ejemplo, sus rutinas diarias, a la vez que dejan de compartir su hogar con sus dos progenitores para vivir de forma habitual con uno de ellos y disfrutar de la presencia del otro de forma mucho más esporádica.

Después de la ruptura de la pareja, es importante conocer cómo el niño percibe la nueva situación familiar, para poder detectar de forma temprana sus inquietudes, falsas creencias o problemas emocionales que puedan empañar su relación con uno o ambos progenitores. En niños pequeños, podemos utilizar para tal fin el Test del Dibujo de la Familia, que nos proporciona información sobre cómo percibe el menor a cada padre, en base al dibujo que realiza.

 

La prueba comienza indicándole al niño que dibuje una familia, que puede ser la suya o una inventada. En el dibujo observamos, por ejemplo, qué miembros de la familia aparecen y en qué orden son dibujados. Posteriormente, le pedimos que nos explique lo que ha dibujado, y que responda a una serie de preguntas que se le formulan sobre sus preferencias y su relación con los personajes del dibujo.

En un grupo de 28 escolares con edades comprendidas entre los 6 y los 8 años, se ha observado que los hijos de padres divorciados perciben a su familia de forma diferente a como lo hacen los niños de familias unidas. Normalmente, los niños que viven con sus dos padres dibujan en primer lugar a uno de ellos. Sin embargo, en los hijos de padres divorciados, esa preferencia habitual no se cumple, ya que menos de la mitad dibujaron en primer lugar al padre o a la madre. El deseo de los niños de eliminar el malestar que sienten por las disputas parentales que con frecuencia presencian después de la ruptura, o la falta de aceptación de la nueva situación familiar, pueden justificar esa peculiaridad de sus dibujos.

Además, después de la ruptura entre sus padres, muchos niños son atendidos en gran parte por otros miembros de la familia, por ejemplo los abuelos o tíos. Al pedirles que dibujen una familia, suelen reflejar en el papel a las personas con las que se relacionan con mayor frecuencia o a aquéllas que comparten su hogar, por lo que parece evidente que no dibujen en primer lugar al padre o madre que ha abandonado el hogar o al que, por motivos personales o laborales, pasa menos tiempo con ellos.

Otra característica observada en los dibujos de los niños que han vivido el divorcio de sus padres es que dibujan con mayor frecuencia a la madre que al padre. Aunque en principio resulte significativo, puede ser comprensible si tenemos en cuenta que la mayoría de los niños conviven de forma habitual con sus madres, ya que la mayoría de las custodias son concedidas a éstas. La concesión de las custodias también puede explicar el hecho de que los niños varones también dibujan a las madres en primer lugar y algunos, incluso, omiten a los padres, a pesar de que normalmente los niños suelen identificarse con el progenitor de su mismo sexo.

Los resultados del estudio parecen mostrar que la forma en que los niños perciben a su familia y lo reflejan en un dibujo está muy condicionada por quién posee la custodia del niño: la madre o el padre. La madre, quien tiene la custodia en un porcentaje muy amplio de casos, es considerada por la mayoría de los niños como un miembro de la familia muy significativo. Muestra de ello es que es dibujada en primer lugar por una proporción mayor de niños en relación al padre, y es el personaje del dibujo citado más frecuentemente por los pequeños.

También cabe destacar que las diferencias encontradas en los dibujos de los hijos de padres divorciados, respecto a los dibujos de otros niños procedentes de familias unidas, reflejan la falta de adaptación de los primeros a la nueva situación familiar. Por ejemplo, su desacuerdo o malestar lo ponen de manifiesto al eliminar a uno de los padres o a ambos del dibujo, al reemplazar la figura del padre o madre por la de su nueva pareja o, por el contrario, al dibujar a los dos padres con las manos entrelazadas como si todavía fueran una pareja.

De los resultados del estudio destacamos la importancia de evaluar la adaptación del niño a los cambios familiares que tienen lugar después de una ruptura, así como de examinar cómo percibe el menor a cada miembro de su familia. De ese modo, se podrán detectar problemas en la relación del niño con su madre o padre, y ello posibilitará llevar a cabo la intervención más adecuada para la mejora de la relación entre padres e hijos.

 

Para prevenir las consecuencias negativas del divorcio en los hijos, es importante prepararles antes de que la separación ocurra, explicándoles qué cambiará en sus vidas y ofrecerles seguridad y afecto para afrontar la nueva situación. Proporcionar al niño una imagen positiva de ambos padres y darle apoyo conjunto, también facilita su adaptación a la ruptura. El trabajo del psicólogo con los niños requiere escuchar sus inquietudes y preocupaciones, eliminar sus falsas creencias y reducir sus problemas emocionales, siendo indispensable la colaboración de los profesionales y familiares que habitualmente atienden al niño.

El artículo original en el que se basa este trabajo puede encontrarse en la Revista de Psicopatología y Salud Mental del niño y del adolescente: Orgilés, M. y Piñero, J. (2007). ¿Cómo perciben los niños la ruptura familia? Aplicación del test del dibujo de la familia en una muestra de hijos de padres separados. Revista de Psicopatología y Salud Mental del niño y del adolescente, 9, 49-55.

Sobre las autoras:

 

Mireia Orgilés es Doctora en Psicología y profesora de la Universidad Miguel Hernández de Elche. Ha publicado numerosos artículos en revistas científicas y es coordinadora de dos manuales que recogen tratamientos psicológicos para problemas clínicos y educativos de niños y adolescentes, aplicados por expertos de reconocido prestigio. Su línea de investigación actual son los problemas emocionales en la infancia y adolescencia, especialmente los derivados de la ruptura parental.

 

Jessica Piñero es Licenciada en Psicología y Máster en Atención Temprana. Desempeña su trabajo aplicado en un Punto de Encuentro Familiar, donde coordina y supervisa la intervención psicológica con hijos de padres divorciados. Ha colaborado en diversos estudios de valoración de los efectos del divorcio en la infancia.

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