Amaia Lasa Aristu, Miguel A. Vallejo Pareja y Francisco Javier Domínguez Sánchez

Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED)

Ser hombre o mujer tiene su importancia en términos psicopatológicos. Atendiendo a los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la prevalencia de la depresión en las mujeres es el doble que en los hombres.

 

Estas diferencias se deben al modo en que mujeres y hombres se manejan en la esfera afectiva según la presión social. Diversos trabajos han mostrado que, ante emociones negativas (tristeza, miedo, vergüenza y culpa), las mujeres reaccionan y expresan más que los hombres. Por el contrario, los varones superan a las féminas en ira y en emociones complejas que implican hostilidad o agresividad, como el poder; aunque los datos no son concluyentes. En emociones positivas, como la alegría y la satisfacción, las cosas son algo más confusas. En este sentido, diversos estudios no han encontrado diferencias ni en la activación fisiológica ni en intensidad percibida.

Ante estos datos, cabría preguntarse: ¿se benefician los hombres de su forma estereotipada de responder a afectos negativos como la tristeza? o ¿las mujeres se benefician menos que los hombres de los afectos positivos? Para responder a estas preguntas se planteó inducir en el laboratorio a un grupo de sujetos, con cierta proximidad temporal, tristeza y alegría y registrar sus correlatos afectivos: la magnitud de las respuestas fisiológicas, faciales y cognitivas.

Los 55 participantes, igualados en género, fueron asignados al azar a dos grupos: grupo 1 (contraste negativo: inducción positiva-negativa) y grupo 2 (contraste positivo: inducción negativa-positiva). Las hipótesis a contrastar fueron que ante inducción mediante imaginación: 1) las mujeres se mostrarán facialmente más expresivas que los hombres durante las tareas experimentales; 2) las mujeres se activarán subjetiva y fisiológicamente más que los hombres en la tristeza pero no durante la alegría; y 3) los hombres obtendrán un mayor beneficio que las mujeres ante un cambio de estado emocional, reflejándose este hecho en una menor activación de sus respuestas afectivas frente al cambio de valencia emocional.

En general, los resultados parecen apoyar la creencia de que las mujeres, por un mayor conocimiento adquirido, manipulan (para bien y para mal) su mundo afectivo de forma más compleja. Comentamos a continuación los principales hallazgos del trabajo.

En primer lugar, las diferencias en el patrón de respuesta no sólo dependen del contenido afectivo, sino también del orden de presentación. Los datos muestran que el impacto de una emoción negativa viniendo de un estado placentero es mayor que si se proviene de una situación no emocional (línea base). Por el contrario, si la emoción positiva viene tras un estado displacentero, la activación es menor que si proviene de un estado no emocional (línea base).

En segundo lugar, los resultados obtenidos en el grupo de contraste positivo (inducción negativa-positiva) indican que los valores obtenidos durante la vivencia placentera vuelven a la línea base más rápidamente que con el patrón inverso, asemejándose a los obtenidos por aquellos autores que sugieren que experimentar emociones positivas tras emociones negativas agilizaría los mecanismos homeostáticos que re-equilibran el organismo. Así, nuestro estudio indica que mujeres y hombres parecen beneficiarse de este hecho, aunque las mujeres exteriorizan más su bienestar que los hombres.

 

En tercer lugar, los resultados de otras investigaciones sobre los estereotipos de género, en relación con la tristeza aparecen claramente en nuestro estudio al considerar cada género por separado. Las mujeres de ambos grupos acusan más el impacto emocional (subjetivo y expresión facial) que los hombres. Ahora bien, la menor expresión externa y mayor activación interna, funciona, en principio, para ambos géneros cuando el primer estado afectivo es displacentero. Esto sugiere que las reglas sociales operaron en ambos géneros.

Los resultados en el grupo 1 (alegría-tristeza), muestran que las mujeres tras un estado placentero parecen impresionarse más que los hombres ante una situación triste llevándoles a un patrón de internalización, a expresar más malestar y a activarse internamente más. Sin embargo, durante la alegría, las mujeres del grupo 2, menos activadas internamente, sonreían y comunicaban una mayor intensidad subjetiva que los hombres, mostrando un patrón de externalización.

Por otro lado, los hombres de ambos grupos alteran más la frecuencia cardiaca que las mujeres, pero en dirección opuesta: reduciendo sus niveles, confirmando un mayor beneficio en desgaste cardiaco. Las mujeres sólo parecen conseguirlo cuando pasan de una situación triste a otra alegre.

En resumen, nuestros resultados son congruentes con las teorías que inciden en la importancia de las diferentes pautas de educación que recibimos hombres y mujeres, y con las ventajas e inconvenientes que ello conlleva. Se abre así una posible forma de paliar la sensibilización que las mujeres parecen desarrollar en emociones como la tristeza: la utilización de los efectos benefactores de las vivencias positivas, que no en vano ha sido uno de los ingredientes psicoterapéuticos utilizados con éxito en diferentes formas de abordar los trastornos depresivos.

El artículo original puede encontrarse en la revista Psicothema: Lasa, A., Vallejo, M. A., y Domínguez, J. (2007). Género y respuesta emocional inducida mediante imaginación. Psicothema, Vol. 19 (2), 245-249.

 Sobre la autora y autores:

 

Amaia Lasa Aristu es Profesora Contratada Doctora en el Departamento de Psicología de la Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológicos de la UNED. Investiga en el campo de la evaluación psicofisiológica y la emoción, la expresión emocional, las implicaciones de la emoción positiva y negativa sobre la salud, así como en los tratamientos psicológicos y tecnologías de la información y comunicación.

 

 

Miguel A. Vallejo Pareja es Catedrático de Terapia Cognitivo Conductual de la Facultad de Psicología de la UNED. Investiga en el campo de la evaluación psicofisiológica y el tratamiento de los trastornos psicofisiológicos, así como en los tratamientos psicológicos y tecnologías de la información y comunicación. Es Director del Máster en Terapia de Conducta de la UNED, programa máster decano de la UNED.

 

Francisco Javier Domínguez Sánchez es Doctor en Psicología y Especialista en Psicología Clínica. Actualmente es Profesor Contratado Doctor en el Departamento de Psicología Básica II de la UNED. Investiga sobre los correlatos psicofisiológicos de la emoción, las implicaciones de la emoción positiva y negativa sobre la salud, los efectos cognitivos de las emociones positivas y la experiencia emocional en el deterioro cognitivo asociado a la edad y las demencias.

 

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