Ana Estévez1 y Esther Calvete2

1Universidad Pública del País Vasco, 2Universidad de Deusto

El juego patológico consiste en un trastorno de conducta caracterizado fundamentalmente por la incapacidad crónica y progresiva en resistir los impulsos de jugar, la sensación creciente de tensión de juego y la experiencia de gratificación o alivio en el momento de ejecutarse (DSM-IV-TR; APA, 2002). Se trata de un problema de salud mental grave, que afecta dramáticamente a los diversos ámbitos de la vida de la persona que lo sufre, así como a familiares y personas allegadas.

Aunque por el momento no hay evidencia concluyente sobre un perfil específico de jugadores patológicos (Echeburúa y Fernández-Montalvo, 2005), numerosos estudios han tratado de identificar las características psicológicas que pudieran hacer más vulnerables a las personas a desarrollar este trastorno. Algunas de estas características se refieren a procesos cognitivos, tales como distorsiones que presentan en la percepción de control, la falacia del jugador y la incapacidad percibida para detener la conducta de juego.

 

Según los modelos cognitivos actuales, procesos cognitivos como los mencionados vienen determinados por esquemas cognitivos más profundos (Beck, 1976). Estos esquemas representan nuestras creencias acerca de cómo somos, lo que esperamos de las demás personas y del mundo. En ocasiones, estas creencias son muy negativas y contribuyen al desarrollo y mantenimiento de problemas psicológicos. En un estudio que realizamos recientemente, quisimos identificar algunos de los esquemas cognitivos profundos que caracterizan a las personas con juego patológico y para ello tomamos como referencia el modelo de Terapia Centrada en los Esquemas de Young (1994). Este modelo se basa en la existencia de una serie de esquemas muy disfuncionales que tienen su origen fundamentalmente en el contexto de las experiencias tempranas con la familia e iguales.

En el estudio comparamos un grupo de 167 personas con conducta de juego patológico con otro de 167 personas sin este trastorno psicológico. Casi todos los participantes fueron hombres. Encontramos que los ludópatas mostraban en mayor medida esquemas cognitivos relacionados con la sensación de sentirse rechazados y desconectados de las personas importantes de su vida. En concreto, las personas con conducta de juego patológico se caracterizaban por los esquemas de "privación emocional", o creencia de que los demás no podrán satisfacer sus necesidades emocionales, "abandono", o creencia de que las personas importantes de su vida terminarán abandonándoles, e "imperfección", o creencia de que uno es internamente defectuoso y que, en consecuencia, las demás personas le rechazarán. Así mismo, las personas con ludopatía presentaban el esquema de "subyugación", que implica la creencia de que uno debe renunciar a sus derechos debido a que se siente coaccionado por los demás y el esquema de "dependencia", consistente en una visión de sí mismo como incapaz de afrontar responsabilidades cotidianas de una manera competente sin ayuda.

Por otro lado, en este estudio pedimos a los participantes con juego patológico que recordaran cómo fueron las prácticas educativas de sus padres y madres cuando ellos eran niños. Al comparar sus recuerdos con los obtenidos entre los participantes sin conducta de juego patológico encontramos diferencias importantes, sobre todo en lo referente a la figura paterna. Muchos de los participantes con ludopatía describían a su padre como una persona con un estilo de paternidad impulsivo y con dificultades para ejercer el control. Este estilo está relacionado con la disciplina o falta de ella y con la impaciencia si las cosas no se hacen lo suficientemente rápido. Además, coincide con lo hallado en otras investigaciones en las que las prácticas de disciplina inadecuadas en la infancia se relacionaban con problemas de juego patológico en la juventud (Vachon, Vitaro, Wanner y Tremblay, 2004).

Por último, en el estudio también observamos que los estilos educativos de padres y madres se asociaban con los esquemas cognitivos de los hijos. En particular, los estilos de crianza que consisten en trasmitir críticas continuas hacia el hijo o hija y que se basan en la aprobación condicionada (por ejemplo, cuando los niños y niñas deben suprimir aspectos importantes de sí mismos a fin de obtener atención, cariño y aprobación por parte de sus padres) predecían que las personas con ludopatía tuviesen esquemas relacionados con el rechazo y con la sensación de desconexión de los demás.

Estos resultados apuntan hacia un posible mecanismo de transmisión cognitivo intergeneracional en la familia, el cual podría explicar algunos de los esquemas cognitivos presentes en muchas personas con ludopatía. Además, sugieren que muchas de las estrategias empleadas en la Terapia Centrada en los Esquemas podrían ser de utilidad en el tratamiento de personas con ludopatía. Su modificación podría contribuir a la eliminación del malestar emocional que a menudo se relaciona con el inicio y mantenimiento de la conducta de juego patológico. Por último, es necesario destacar el papel fundamental de los estilos parentales en el desarrollo de futuras patologías, como la ludopatía, y la conveniencia de intervenciones preventivas precoces.

Ver referencias bibliográficas

La investigación original a la que hace referencia este artículo puede encontrarse en la revista Clínica y Salud: Estévez, A. y Calvete, E. (2007). Esquemas cognitivos en personas con conducta de juego patológico y su relación con experiencias de crianza. Clínica y Salud, 18 (1), 23-44.

Sobre las autoras:

 

Ana Estévez es Doctora en Psicología y Máster en Psicología Clínica y de la Salud. Profesora de la Universidad Pública del País Vasco. Coordinadora de la Asociación Vizcaína de Ayuda a Ludópatas entre los años 2001 a 2005.

 

 

Esther Calvete es Doctora en Psicología y profesora de la Universidad de Deusto, donde dirige el Master Oficial en Salud Mental y Terapias Psicológicas. Su interés de investigación está en los mecanismos cognitivos implicados en diversos problemas psicológicos tales como la violencia, la depresión y el estrés postraumático.