Desde que se declarara la pandemia de la COVID-19 a nivel mundial hace ya más de un año, hemos sido testigos de muchos cambios en nuestra sociedad, nuestra economía, nuestras familias, nuestra vida personal y también en nuestra experiencia laboral.

¿Quién hubiera pensado en marzo de 2020 que nuestra libertad para movernos y socializar estaría legalmente limitada, que necesitaríamos utilizar mascarillas -algo culturalmente ajeno a muchos de nosotros-, en público y en el trabajo? Nadie podía haber previsto que muchas de las actividades que damos por sentadas (ir de compras, socializar con amigos, salir a comer con amigos o familiares, asistir a fiestas infantiles, subir en un ascensor con otras personas) podrían no ser posibles o haber cambiado.

Realmente estamos viviendo una época de enormes cambios y desafíos personales, sociales y profesionales que nadie podría haber previsto y que, de ninguna manera, han terminado. Lamentablemente, estos desafíos se han visto exacerbados para muchos debido a las desigualdades y conflictos contextuales, sociales, raciales y económicos preexistentes.

Autor: Karolina Grabowska Fuente: pexels Fecha descarga: 16/11/2020

Con esta introducción, la Sociedad Británica de Psicología (BPS-British Psychological Society) presenta un nuevo informe, a través del cual aborda el impacto de la pandemia por coronavirus en el bienestar de los profesionales de la Psicología. La información se basa en las reflexiones personales y respuestas a una encuesta realizada a más de 200 profesionales de distintos campos de la Psicología, sobre cómo ha afectado la pandemia en su vida personal y laboral y su bienestar.

De acuerdo con el informe, los principales aspectos del impacto de la COVID-19 en el bienestar de los psicólogos y las psicólogas son:

1. Ansiedad e incertidumbre

La pandemia ha generado ansiedad e incertidumbre en muchas personas. En el caso de los/as psicólogos/as puede ser difícil reconocer estas consecuencias, debido a la percepción de que "los psicólogos deben saber cómo hacer frente a ello", lo que supone una barrera a la hora de hablar sobre sus propias dificultades o pedir ayuda.

Muchos/as psicólogos/as han experimentado temor por su propia salud física y bienestar o por la de sus familiares cercanos durante la pandemia, especialmente aquellos/as más vulnerables. Algunos psicólogos y psicólogas han conocido personalmente las secuelas de la enfermedad en términos de efectos físicos a corto y largo plazo (fatiga o debilidad), problemas cognitivos (deterioro de la memoria y la concentración) y reacciones psicológicas que incluyen ansiedad, depresión o trastorno de estrés postraumático (PTSD). En algunos casos, también pueden haber experimentado duelos difíciles o traumáticos relacionados con la muerte de miembros de la familia, amigos/as y compañeros/as en los que los procesos y rituales habituales de duelo no han podido realizarse con normalidad (por ejemplo, funerales con número restringido de asistentes).

Las preocupaciones económicas han sido una fuente de estrés para algunos/as psicólogos/as, y se han descrito dificultades para concentrarse en el trabajo mientras lidiaban con enfermedades personales, duelo o estrés y preocupación ocasionados ​​por la pandemia, así como también frustraciones más generales causadas por la incertidumbre que afecta su vida diaria y laboral actual, incluidas las responsabilidades del cuidador e incluso la educación en el hogar.

En ocasiones, muchos psicólogos se han sentido "abrumados" por la "montaña rusa emocional" que han experimentado. No obstante, en muchos casos, han recibido apoyo de compañeros/as y jefes, que han escuchado y validado sus preocupaciones y sentimientos, alentando una postura compasiva hacia uno/a mismo/a y hacia los demás, ofreciendo apoyo para abordar sus inquietudes (por ejemplo, horarios de trabajo flexibles) y promoviendo el intercambio de consejos y sugerencias sobre el cuidado personal.

Muchos/as profesionales revelan que el poder concentrarse en las necesidades de otros (pacientes, clientes, colegas, aprendices o estudiantes) les ha dado un sentido de propósito, ayudándoles a "compensar" algunas de sus preocupaciones personales.

Aunque esta es una estrategia de afrontamiento útil, algunos/as psicólogos han manifestado su preocupación por el bienestar de aquellos/as colegas que no reconocen sus propias necesidades, dado que esto podría conducir a una "negación inútil" o evitación, teniendo en cuenta que la base de la compasión por los demás es la autocompasión y el autocuidado.

2. Falta de preparación

Una preocupación señalada por casi todos/as los/as psicólogos/as es la preocupación por la falta de preparación de las organizaciones y los empleadores para el nivel de respuesta de emergencia necesario. La falta de liderazgo percibida, la mala coordinación, la comunicación ambigua y poco clara son temas comunes, especialmente en la fase inicial de la pandemia. Esto resultó en estrés debido a expectativas poco claras de roles y responsabilidades, y un uso ineficaz del tiempo y los recursos. Muchas reacciones han sido instintivas, con mensajes y recomendaciones mixtas que cambiaron rápidamente. La falta de preparación aumentó la ansiedad debido a la falta de "contención".

Como profesión acostumbrada al trabajo basado en la evidencia, operar con tan pocos precedentes ha sido un desafío para muchos/as. Los psicólogos, como muchos otros profesionales, también se han sentido abrumados por la "sobrecarga de información" y bajo la presión de absorber rápidamente y actuar bajo recomendaciones y pautas que han ido cambiando rápidamente sin estructuras y procesos establecidos para hacerlo.

Si bien reconocen que se trata de una situación sin precedentes, los/as psicólogos/as están preocupados por cómo se aplicarán las "lecciones aprendidas" a la planificación de cualquier nueva ola o pandemia o emergencia futura. Muchos reconocen lagunas en su propia formación en relación con esto.

3. Ajustes para trabajar a distancia

Uno de los mayores desafíos para muchos/as psicólogos/as ha sido la adaptación al trabajo a distancia. Esta situación ha provocado estrés y frustración, incluidos problemas prácticos como entornos de trabajo inadecuados (por ejemplo, falta de acceso a un espacio tranquilo para trabajar o para conversaciones delicadas o confidenciales, tener que comprar o pedir prestado su propio equipo y mobiliario de oficina, soporte de TIC inadecuado u orientación sobre el uso de nuevos sistemas y software, etc.).

Llevar documentos confidenciales de los/as clientes al hogar ha creado una serie de desafíos específicos para los/as psicólogos/as que trabajan de forma remota, especialmente, aquellos/as que lo hacen con poblaciones potencialmente de alto riesgo, como por ejemplo, los/as psicólogos/as forenses. Las preocupaciones giran en torno a la confidencialidad del/de la cliente y la falta de límites entre el hogar y el entorno laboral, exacerbada con la falta de contacto informal con los/as compañeros/as y la inexistente separación física entre el trabajo y el hogar al final de la jornada laboral.

La pérdida de apoyo informal y de contacto cara a cara con los/as compañeros/as resultó, en su momento, en sentimientos de aislamiento y pérdida de confianza y motivación. Para abordar este problema, se realizaron "controles" a distancia diarios con compañeros/as o "reuniones" en equipo. Se enfatizó la importancia de equilibrar esto con la "fatiga del tiempo de pantalla" general y garantizar que nadie fuera excluido/a o que fueran contactados/as si no "aparecían".

Algunos/as psicólogos/as han continuado trabajando cara a cara. Describen cambios en la forma de trabajar debido al uso de equipo de protección personal (EPI), sintiendo que afectan a su comunicación e interacciones con pacientes o clientes, de la misma manera que para el personal médico y de enfermería y otros/as trabajadores clave. La vuelta al trabajo presencial en algunos servicios por falta de espacio para mantener el distanciamiento social en oficinas o en áreas donde se atiende a pacientes o clientes y en aulas con gran número de alumnos y alumnas, ha generado ansiedad por la seguridad en el ámbito laboral.

4. Mayor demanda de carga de trabajo

Algunos/as psicólogos/as informan de demandas poco realistas de los empleadores sobre su disponibilidad fuera del horario laboral y el grado de flexibilidad que podían ofrecer. Muchos/as reflexionan sobre las demandas adicionales de apoyar a otros (pacientes/clientes, compañeros/as, estudiantes) mientras que al mismo tiempo trataban de adaptarse a "la nueva normalidad". Otros desafíos han sido el tener que adaptar rápidamente la forma de trabajar a las nuevas tecnologías, con un apoyo muy limitado con los sistemas TIC.

Algunos/as psicólogos/as asumieron importantes responsabilidades adicionales durante la pandemia, incluidas funciones tanto remuneradas como voluntarias. Si bien el hacerlo obedecía a una motivación por "aportar su granito de arena" para contribuir a la respuesta de la Psicología, esto ha conllevado la duplicación de algunas cargas de trabajo, lo que significa menos "tiempo de inactividad" para que las personas descansen y se recarguen, afectando a su propio bienestar y, potencialmente, su eficacia como profesionales.

La mayoría de los/as psicólogos/as reconocen no estar preparados para el impacto prolongado de la pandemia en sus formas habituales de trabajo, con informes habituales de fatiga física y sensación de agotamiento emocional.

Las demandas insostenibles sobre el personal los están acercando al punto de ruptura (mental y físicamente); algunos/as psicólogos/as reconocen sentirse ansiosos ante la situación actual y existe el temor de que la salud mental de los/as profesionales colapse, exacerbando la carga de trabajo, incertidumbre y un ambiente que cambia constantemente.

5. Dilemas éticos, morales y profesionales

Existe cierto grado de conflicto moral o angustia como resultado de los cambios surgidos y la forma en que se ha brindado atención psicológica.

Durante el pico de la pandemia, la experiencia de los pacientes ingresados ​​en el hospital y de aquellos/as que residen en centros de mayores, ha sido especialmente aterradora debido a los altos niveles de ansiedad y miedo a morir. Los familiares estaban extremadamente angustiados por no poder visitar a los/as pacientes aislados en el hospital debido a las estrictas restricciones de visitas, incluso cuando estos últimos se encontraban al final de su vida. Algunos/as psicólogos/as que trabajan en hospitales se han sentido incapaces de abordar adecuadamente las necesidades psicológicas tanto de pacientes como de familiares durante este tiempo. Aunque muchos/as han sentido que se valoraba su papel en el apoyo a pacientes y familiares, y que asistir a las reuniones del equipo ayudaba a mejorar la comunicación y reducir la carga directa sobre sus colegas, estos servicios no han estado disponibles en todos los hospitales.

Los/as psicólogos/as han sido muy conscientes del impacto de la situación en todo el personal y los voluntarios que se encontraban en primera línea, quienes han desarrollado su labor en condiciones extraordinarias, en muchos casos, preocupados por su propia seguridad y bienestar y el de sus familias, y, con frecuencia, trabajando largas horas con equipos de protección personal (EPI) restrictivos, que limitaban la comunicación con pacientes y compañeros, y en un contexto en que las limitaciones de recursos han afectado a su capacidad para llevar a cabo de forma óptima sus funciones u ofrecer el nivel de atención habitual.

Las necesidades del personal de primera línea durante el pico de la pandemia se relacionaban más con preocupaciones de seguridad y necesidades prácticas de bienestar, así como con la escucha básica y el apoyo emocional, o “primeros auxilios psicológicos” en lugar de terapia psicológica formal. Si bien algunos/as psicólogos/as sintieron que podían contribuir con sus conocimientos y habilidades para apoyar al personal, otros/as se sintieron frustrados por las barreras existentes a nivel local, por ejemplo, falta de coordinación con los departamentos de recursos humanos y salud ocupacional, o la planificación de emergencias existente.

Muchos/as psicólogos/as afirman que tanto ellos como sus compañeros/as pueden correr un mayor riesgo de agotamiento debido a la "fatiga por compasión o empatía" entre quienes trabajan con personas que han experimentado niveles muy altos de angustia psicológica, duelo o pérdidas en el contexto de la pandemia.

La propia capacidad de los/as psicólogos/as para apoyar a los demás y para sentir empatía por ellos, puede verse también afectada por sus propias experiencias personales. A este respecto, muchos ponen de relieve la importancia de la supervisión formal e informal de forma regular, enfocada en la supervisión del trabajo clínico, así como en la creación de un espacio para la reflexión personal del impacto emocional del trabajo.

6. Impactos en la educación, la formación y la investigación

Algunos/as psicólogos/as en formación afirman que la experiencia adquirida durante la pandemia ha sido positiva. Sin embargo, otros/as expresan su preocupación por el impacto negativo de la calidad y disfrute de la formación en la modalidad remota, al perder el valor de la observación directa de los supervisores, ver pacientes o clientes en diferentes entornos y contextos, no poder participar en proyectos de investigación ni desarrollar relaciones informales con los/as compañeros/as.

7. Impacto en las minorías

Muchos/as psicólogos/as expresan fuertes sentimientos de ira y tristeza por la forma en que la pandemia ha afectado de manera desproporcionada a personas pertenecientes a otros grupos étnicos y minoritarios (BAME) así como grupos social y económicamente desfavorecidos.

Hay una gran conciencia sobre los efectos de la pobreza, incluida la "pobreza digital", que ha generado una barrera para el acceso de los y las más vulnerables y desfavorecidos/as a la información, la educación y el apoyo práctico.

8. El papel positivo de los/as psicólogos/as en la respuesta a la pandemia

La pandemia de la COVID-19 ha puesto a la Psicología y a los/as psicólogos/as en el "centro de atención", aumentando la comprensión pública del papel de la Psicología y de los/as psicólogos/as que trabajan en diversas disciplinas, siendo una profesión que ha contribuido positivamente a la respuesta mundial a la pandemia.

La teoría y la investigación psicológicas han ayudado a influir en las políticas gubernamentales, los mensajes de salud pública, promoviendo la responsabilidad colectiva y un cambio bienvenido en el enfoque de los individuos a las comunidades ("estamos todos juntos en esto"). Los/as psicólogos/as académicos/as y profesionales han creado guías y recursos prácticos que son de libre acceso para el público y los empleadores.

Todo ello, tiene un impacto positivo en el bienestar de los/as psicólogos/as debido a la sensación de que ha sido una oportunidad para compartir conocimientos y habilidades de manera más amplia para marcar una diferencia real.

9. Cambiando la conversación sobre salud mental, salud física y bienestar

Los psicólogos y las psicólogas han ayudado a crear conciencia sobre el impacto del estrés en la salud física y el bienestar psicológico, tanto en la población en general como en el ámbito laboral. El enfoque en la normalización de experiencias ("es normal no estar bien"), la creación de entornos que promuevan la resiliencia y el crecimiento de individuos o grupos, la necesidad de acceso a apoyo psicológico basado en la evidencia cuando sea necesario, son medidas bien recibidas por muchos/as psicólogos/as.

Teniendo en cuenta que “nuestro apego a los demás es fundamental para nuestro bienestar”, los/as psicólogos/as enfatizan la importancia de las relaciones personales y la conexión con los demás para mantener la salud y el bienestar, especialmente, durante el confinamiento.

Esta pandemia ha sido complicada para muchas personas que se han sentido aisladas de los apoyos cuando más lo necesitaban. Sentir que “estamos todos juntos en esto" y un espíritu comunitario protege nuestra salud mental.

10. Crecimiento personal y profesional

La pandemia ha supuesto para los/as psicólogos/as, una oportunidad de colaborar con otros y otras profesionales del mismo campo u otros, de cara a encontrar soluciones creativas a los desafíos.

Algunos/as psicólogos/as consideran que los cambios provocados durante la pandemia han ayudado a demostrar las posibilidades de cambio en la forma en que se brindarán la educación, la formación y los servicios, y que se extenderán más allá de la pandemia. Por ejemplo, la opción de asistir a formaciones y conferencias online facilita una mayor accesibilidad, se reduce el tiempo y se eliminan los costes de viaje.

Los/as psicólogos/as revelan que algunos aspectos de la pandemia los han llevado a revisar sus valores y considerar lo que era importante para ellos/as, especialmente sus relaciones con familiares, amigos/as y compañeros/as.

Los riesgos para el bienestar psicológico de los psicólogos y las psicólogas

Aunque muchos aspectos de la pandemia han ofrecido oportunidades positivas, algunos de los desafíos señalados en párrafos anteriores han generado riesgos potenciales para el bienestar de los psicólogos y las psicólogas, ahora y en un futuro. Los/as psicólogos/as describen una "montaña rusa emocional", a veces sintiéndose con energía, pero también experimentando tristeza, frustración, aburrimiento, ira, vergüenza y ansiedad. Muchos informan de un agotamiento de energía y "reservas emocionales" que los ponen en riesgo de presentismo y potencial de agotamiento. Otros/as han tenido experiencias directas del impacto traumático del virus o han sido testigos del impacto en sus compañeros, y algunos/as aún no han tenido el tiempo o el espacio para procesar estas experiencias.

La pandemia por la COVID-19 ha sido tan inesperada que algunos profesionales han llegado a cuestionar sus propias habilidades. Muchos/as psicólogos/as han manifestado sentirse incapaces de realizar eficazmente su trabajo o de ayudar a los demás.

El documento recoge un listado de acciones clave para apoyar al bienestar de los psicólogos y las psicólogas, entre ellas, las siguientes:

  • Apoyo de jefes de equipo y supervisores: reconocimiento de los factores estresantes personales y relacionados con el trabajo, y flexibilidad para dar tiempo para adaptarse a éstos y "controles" regulares sobre su propio bienestar.

  • Supervisión de casos individualizada y oportunidades para reflexionar sobre el impacto emocional del trabajo.

  • Documentos de orientación que ayudan a normalizar las respuestas y enlaces a recursos para ayudar con la adaptación del lugar de trabajo.

  • Compañeros/as en posiciones de liderazgo que empoderan a las personas y equipos para resolver problemas, encontrar soluciones y abordar inquietudes si es necesario.

  • Comunicación clara y aceptación de que no siempre se pueden conocer todas las respuestas.

  • Soporte práctico para facilitar el trabajo a distancia.

  • Evaluación de la idoneidad del entorno doméstico/laboral.

  • Establecer y mantener límites entre el trabajo y el hogar (horas, descansos, vacaciones, etc.).

  • Autocompasión, reconociendo y normalizando reacciones emocionales (los/as psicólogos/as son tan vulnerables al estrés como cualquier otra persona).

  • Autocuidado (actividad física, dejar de estar sentado, comer sano, reducir la ingesta de alcohol, dormir, interactuar con los servicios de salud, buscar apoyo cuando sea necesario, etc.).

  • Orientación/recursos profesionales que se han desarrollado sobre muchos temas, así como acceso a seminarios web.

  • Apoyo de compañeros/as.

  • Formación y aprendizaje (seminarios web) para aumentar la comprensión de las adaptaciones al trabajo, el impacto de la pandemia, cómo apoyar a otros, etc.

El informe termina con una síntesis de recursos útiles y accesibles que los/as psicólogos/as han desarrollado o utilizado durante los últimos seis meses, y una serie de ofertas virtuales que incluyen webinars e historias digitales.

Se puede acceder a la guía desde la página Web de la BPS, o bien directamente a través del siguiente enlace:

The impact of COVID-19 on the wellbeing of psychologists 

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