Tras casi un año desde que comenzó la pandemia del COVID-19, que ha acabado con la vida de más de 1 millón de personas y generado una sensación de incertidumbre ante el futuro, el impacto del virus en niños, niñas y jóvenes de todo el mundo se está volviendo cada vez más claro y alarmante. Los niños se enfrentan a múltiples amenazas: las consecuencias directas de la propia enfermedad, la interrupción de los servicios esenciales y a un aumento de la pobreza y la desigualdad.

A pesar de estar menos afectado que cualquier otro grupo de edad, los datos emergentes sugieren que la salud infanto-juvenil puede verse más directamente afectada por el COVID-19 de lo que se anticipó originalmente, cuando comenzó la crisis a finales de 2019.

Así lo advierte UNICEF en su nuevo informe titulado Averting a lost COVID generation, un documento publicado el pasado mes de noviembre, en el marco de la celebración del Día Mundial de los Niños y las Niñas, a través del cual advierte del grave impacto de la pandemia en los y las menores y establece una serie de acciones para dar respuesta a esta problemática e imaginar un futuro mejor para la infancia. 

Autor: Gustavo Fring Fuente: pexels Fecha descarga: 20/11/2020

Tal y como señala este organismo internacional, las interrupciones de servicios esenciales como la educación, la atención de la salud, la nutrición y las intervenciones de protección a la infancia están perjudicando a los niños y las niñas. Una grave recesión económica mundial empobrece a los y las menores y agrava las profundas desigualdades y la exclusión preexistentes, mientras los hogares más desfavorecidos luchan por hacer frente a las consecuencias dañinas de la pérdida de puestos de trabajo, medios de vida, ingresos, movilidad, aprendizaje, salud y acceso a los servicios.

Según prevé, el impacto de la pandemia afectará la vida de los y las menores en los próximos años, incluso aunque se disponga en breve de una vacuna. La forma en que el mundo responda ahora a los innumerables riesgos que representa la pandemia para los/as niños/as y adolescentes determinará su futuro. A menos que la comunidad mundial cambie urgentemente las prioridades, es muy posible que se pierda el potencial de esta generación de jóvenes.

Definiendo el COVID-19 como una “crisis en la infancia”, UNICEF recuerda cómo durante los primeros meses de la pandemia, los niños y niñas constituían una baja proporción de la población infectada. Sin embargo, a medida que el virus se ha propagado, la cantidad de niños, niñas y jóvenes que se infectan y desarrollan COVID-19 también está aumentando y requiere acciones específicas.

A medida que van pasando los meses y pronto se cumplirá un año desde que se declarara la pandemia a nivel mundial, vamos contando con más datos, estudios e información en torno a la misma:

  • Los niños, niñas y los/as jóvenes son susceptibles a la infección por COVID-19. Incluso si la pandemia no afecta predominantemente a y las menores, el número de niños/as infectados/as está aumentando en muchos países. Pese a que sus síntomas suelen ser más leves en comparación con los adultos, ocurren casos graves y la muerte, especialmente entre los/as niños/as con comorbilidades.

De acuerdo con un nuevo análisis de UNICEF de 87 países, con datos desglosados ​​por edad, a noviembre de 2020, los niños y adolescentes representan el 11% de las infecciones por COVID-19 notificadas en esos países.

  • Si bien no son los principales impulsores de la transmisión comunitaria, los y las menores pueden transmitirse el virus entre sí y a grupos de mayor edad. Los niños y las niñas mayores y los y las adolescentes deben practicar los mismos comportamientos que otros miembros de la población, como el distanciamiento social y el uso de mascarillas.

Dado el papel fundamental que desempeñan las pruebas en el control del brote, más datos de pruebas desglosados ​​por edad y estudios representativos en ubicaciones específicas ayudarían a comprender mejor la distribución geográfica y por edad para guiar las medidas de respuesta COVID-19 específicas del contexto.

  • Los niños y las niñas y los centros educativos no son los principales impulsores de la epidemia en los países. La evidencia muestra que los beneficios netos de mantener las escuelas abiertas superan los costes de cerrarlas. Los datos de 191 países no muestran una asociación consistente entre el estado de reapertura de escuelas y las tasas de infección por COVID-19.

  • Las interrupciones en la atención médica, la nutrición, la educación, el agua y el saneamiento y los servicios sociales y de protección infantil han sido devastadoras para los niños y las niñas y los y las jóvenes. Incluso antes de la pandemia, alrededor del 45% de los y las menores estaban gravemente privados de, al menos, una de estas necesidades críticas. Se han producido fuertes disminuciones en la atención basada en instalaciones, como servicios de atención al parto, tratamiento de niños y niñas con desnutrición severa y atención médica para niños enfermos, especialmente en varios países del sur de Asia, Oriente Medio y América Latina.

La salud mental de niños, niñas y adolescentes se ha resentido durante la pandemia. Las preocupaciones sobre el futuro, la pérdida de educación y perspectivas laborales, los problemas de salud y las interrupciones en las redes sociales y de compañeros han afectado la vida de los niños.

  • Los impactos económicos de la pandemia repercutirán en los próximos años, lo que mantendrá un aumento de la pobreza. A nivel mundial, se estima que el número de niños y niñas que viven en pobreza multidimensional, sin acceso a educación, salud, vivienda, nutrición, saneamiento o agua, se ha disparado a un aumento del 15%, 150 millones de menores más a mediados de 2020.

Otras consecuencias, como un año escolar interrumpido con poco aprendizaje o contraer un virus sin sufrir síntomas graves, pueden no parecer tan graves en el contexto de esta pandemia mundial. Pero estas experiencias repercuten en el futuro de todos los niños y las niñas que las atraviesan. Y hay más impactos ocultos: pérdida del potencial de empleo futuro, aumento de la violencia, aumento de la pobreza, problemas de salud mental y morbilidad a largo plazo relacionada con COVID para los niños que están desnutridos o que ya son vulnerables.

A este respecto, los datos muestran cómo, entre las múltiples consecuencias de la pandemia en los y las menores, se observa un impacto en:

El desarrollo de la primera infancia: la pandemia de COVID-19 también está provocando una aguda crisis en la atención y el aprendizaje de la primera infancia. Al menos 40 millones de niños en todo el mundo no han podido acceder a la educación de la primera infancia debido a que se cerraron las instalaciones de cuidado infantil y educación temprana con motivo de la pandemia. Durante los primeros años críticos, los niños necesitan atención receptiva, nutrición adecuada, estimulación y protección para desarrollar sus habilidades sociales, emocionales y cognitivas.

La salud mental: el COVID-19 ha exacerbado los problemas de salud mental y bienestar psicológico y social existentes y ha creado otros nuevos. Una encuesta reciente de la OMS de 130 países destaca el impacto devastador de la pandemia en el acceso a los servicios de salud mental. La pandemia ha interrumpido o detenido los servicios críticos de salud mental en el 93% de los países de todo el mundo, mientras que la demanda de apoyo para la salud mental está aumentando. Aproximadamente el 70% de los servicios de salud mental para niños, niñas y adolescentes o para adultos mayores se ven interrumpidos. Esto, en un contexto global donde la mitad de todos los trastornos de salud mental comienzan a los 14 años y tres cuartas partes de los trastornos de salud mental comienzan a mediados de 20. Debido a que la mayoría de las condiciones de salud mental se desarrollan durante la adolescencia, los jóvenes están especialmente en riesgo.

Los impactos de los servicios interrumpidos se ven agravados porque los y las jóvenes se pierden el apoyo de sus compañeros y algunos de los momentos más importantes de sus vidas debido al cierre de escuelas, eventos cancelados o exámenes pospuestos.

La violencia: el confinamiento ha agravado una "pandemia en la sombra" de violencia de género y violencia contra la infancia. Varios países han informado de un aumento de la violencia doméstica, de la demanda de casas-refugio de emergencia y líneas telefónicas de ayuda, y de la explotación sexual de niños y niñas online. La gestión de casos y las visitas domiciliarias para niños/as y mujeres en riesgo de abuso se encuentran entre los servicios más comúnmente interrumpidos. Los servicios de prevención y respuesta a la violencia se han interrumpido en 104 países, donde viven un total de 1.800 millones de menores.

Los niños y las niñas con discapacidad: La pandemia de COVID-19 ha supuesto un desafío especial para los niños y las niñas con discapacidades. Las interrupciones en la rutina diaria y la interrupción de los servicios de apoyo pueden ser especialmente difíciles para los niños y las niñas con autismo o discapacidad intelectual, así como para aquellos y aquellas que dependen de estos servicios a diario. Los niños y las niñas con discapacidad ya tenían entre tres y cuatro veces más probabilidades de ser víctimas de violencia y estos riesgos solo se han incrementado. Más que los ingresos, el género u otros factores, la discapacidad es el factor más importante para ser excluidos/as de la educación.

El empleo juvenil: para aquellos y aquellas que se gradúan de escuelas secundarias o universidades, el COVID-19 está agravando una crisis de empleo juvenil. Incluso antes de la pandemia, más de 267 millones de jóvenes de 1.200 millones en todo el mundo no tenían empleo, educación o formación (ninis). Desde que comenzó la pandemia, más de uno de cada seis jóvenes ha dejado de trabajar y las horas de trabajo se han reducido en 23% para los jóvenes que todavía trabajan. La pandemia está cambiando el mercado laboral mundial de tres formas que afectan a los y las jóvenes: reducción de ingresos y empleo debido a la pérdida de puestos de trabajo relacionada con el COVID-19, mayores obstáculos para encontrar trabajo y avanzar hacia mejores trabajos, y la interrupción de la educación y la formación, que afectan las oportunidades de empleo en el futuro. También hay nuevas pruebas preocupantes de que el trabajo infantil está aumentando nuevamente por primera vez en 20 años.

UNICEF subraya la importancia de tener en cuenta que esta crisis se desarrolla en el contexto de la crisis climática y manifiesta que, el creciente riesgo de emergencias de salud pública, incluidas pandemias como el COVID-19, es en sí mismo una consecuencia del cambio climático.

Dado todo lo anterior, y considerando que los devastadores impactos del COVID-19 en los niños y las niñas repercutirán en los próximos años, la organización internacional manifiesta que es necesario actuar para evitar una pérdida inminente: una generación perdida de niños. Para tal fin, insta a los Gobiernos a establecer un Plan de seis puntos para proteger a la infancia, donde se recoge una serie de acciones urgentes para mitigar los peores efectos de la pandemia y un plan práctico de recuperación para salvaguardar los derechos de la infancia y reimaginar un futuro mejor, escuchando a los y las menores e incluyéndolos/as en todas las decisiones que determinan su futuro.

Su objetivo es volver a unir al mundo en torno a una causa común: la salud y el bienestar de las generaciones actuales y futuras y la plena realización de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Convención sobre los Derechos del Niño:

  1. Garantizar que todos los niños y todas las niñas aprendan, incluso cerrando la brecha digital.

  2. Garantizar el acceso a los servicios de salud y nutrición y hacer que las vacunas sean asequibles y estén disponibles para todos los niños.

  3. Apoyar y proteger la salud mental de niños, niñas y jóvenes y poner fin al abuso, la violencia de género y la negligencia en la infancia.

  4. Aumentar el acceso al agua potable, el saneamiento y la higiene y abordar la degradación ambiental y el cambio climático.

  5. Revertir el incremento de la pobreza infantil y garantizar una recuperación inclusiva para todos.

  6. Redoblar los esfuerzos para proteger y apoyar a los niños, las niñas y sus familias que viven en situaciones de conflicto, desastre y desplazamiento.

Se puede acceder al informe desde la página Web de UNICEF o bien directamente a través del siguiente enlace:

Averting a lost COVID generation

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