Actitudes como culpar a la víctima de violencia sexual, minimizar el impacto psicológico del problema y justificar las acciones del acosador favorecen la persistencia y tolerancia de estas circunstancias. Las bases de esto recaen, de nuevo, en el patriarcado, ya que a éste siempre le ha beneficiado que las mujeres se sientan culpables y guarden silencio. Cuando las declaraciones de las víctimas son puestas en duda múltiples veces fomentan, mediante aprendizaje vicario, que otras mujeres guarden silencio; por miedo a vivir una reacción similar por parte de familiares, amistades o instituciones públicas.”

Así lo afirma el informe Violencia sexual a mujeres inmigrantes del sector de los cuidados, un documento elaborado por la Asociación Por Ti Mujer, a través del cual se pretende exponer y visibilizar los distintos tipos de violencias y vulneración de derechos que sufren algunas mujeres inmigrantes empleadas del hogar.

Foto: Alex Green Fuente: pexels Fecha descarga: 14/01/2021

Tal y como alerta el informe, actualmente en nuestro país existe cierta impunidad, que podría explicar el hecho de que España sea uno de los países europeos en los que se denuncian menos violaciones: 2,65 por cada 100.000 habitantes. Dicha impunidad viene favorecida por una tendencia de gran parte de la sociedad a responsabilizar a la mujer de los actos de violencia ejercidos contra ella, “lo que redunda en la humillación y desprecio de las víctimas, a las que les son negadas las violencias que han sufrido”.

Esta reversión de la culpa deriva en un clima de miedo e inseguridad ante la interposición de demandas, lo que conlleva a que no se denuncie la violencia producida. En palabras de los autores del informe, de este modo se garantiza la impunidad, “en la medida en que el aislamiento de las víctimas destruye cualquier oportunidad de apoyo externo, y la erosión de su autoestima inhabilita la denuncia y destruye la confianza de las mujeres, así como sus resistencias a la violencia”.

Asimismo, el informe advierte de que en determinadas instituciones públicas, como los departamentos policiales o los tribunales, existe una falta de reconocimiento y una normalización de las violencias vividas por las mujeres. A este respecto, afirma, “mientras que las consecuencias psicológicas se adjuntan como prueba de la culpabilidad del agresor, estas siguen siendo síntomas y comportamientos que las víctimas deben justificar”.

Según los datos expuestos en el documento, las mujeres nacidas en el extranjero sufren mayor acoso sexual (44,1%) que las mujeres españolas (39,8%). Se observa también un mayor número de consecuencias a nivel físico y psicológico en las mujeres migrantes que en las mujeres españolas. Sin embargo, pese a que las mujeres nacidas en el extranjero sufren mayor acoso sexual, la tasa de denuncias es ligeramente mayor por parte de las mujeres españolas (11,1% frente un 10,9%), que suelen comunican en mayor medida lo sucedido (58,6%) en comparación con las mujeres nacidas en el extranjero (53,6%).

Las consecuencias del acoso sexual en las mujeres migrantes son múltiples, manifestándose en distintas áreas del desarrollo, entre otras, a nivel físico, psicológico, cognitivo, social, laboral y económico. En la salud física se detectan lesiones, moretones, dolor en el pecho, tensión, temblores, dolores lumbares, trastornos respiratorios, trastornos gastrointestinales, fatiga, insomnio, dolor de cabeza y estrés; a nivel psicológico las consecuencias se manifiestan en forma de miedo, angustia, elevadas tasas de estrés, ansiedad, estado de ánimo depresivo, anhedonia, apatía, llanto frecuente, alteraciones en la atención, olvidos frecuentes, pensamientos recurrentes sobre el hecho, pérdida de autoestima, menor nivel de autoconfianza, hipervigilancia y desarrollo de fobias, obsesiones y trastornos psicosomáticos.

En los casos más graves, el acoso sexual continuado puede derivar en un empobrecimiento en la autovaloración, ansiedad, depresión, síndrome de estrés postraumático, irritabilidad crónica, adicción, tendencias suicidas y trastornos de la conducta alimentaria. Asimismo, pueden cambiar determinados patrones de la personalidad como el desarrollo de la hostilidad, rasgos obsesivos y una alta sensibilidad hacia las injusticias. Las víctimas pueden llegar a sentir mucha culpabilidad, inutilidad, frustración y vergüenza, algo que, a juicio de los autores del informe, podría ser “una de las principales razones para guardar silencio y no denunciar a sus agresores”.

Con respecto al impacto a nivel cognitivo, puede quedar distorsionado el pensamiento de la víctima, visualizando los eventos de forma catastrófica y el futuro de forma negativa, adoptando una indefensión aprendida y haciendo una abstracción selectiva de los hechos.

El documento pone de relieve el rol clave del apoyo por parte de la familia o personas cercanas, y la trascendencia de buscar ayuda formal (por ej., acudir al psicólogo/a, ir al médico, visitar ONG o asociaciones que traten este tipo de temas, contactar con servicios sociales, etc.).

Concretamente, en el ámbito laboral de cuidados es aún mayor la probabilidad de que se dé acoso sexual, suponiendo en muchos casos una vulneración de derechos laborales, situaciones precarias, desigualdad y abuso de poder.

En este contexto, las consecuencias psicológicas son más graves y numerosas en las mujeres migrantes en relación con las mujeres españolas (un 66,4% frente a un 49,7%). Los datos muestran que las mujeres nacidas en el extranjero son las que más sufren el acoso sexual en el ámbito del trabajo de cuidados (9.7% frente un 6%) y denuncian menos que las mujeres españolas (53,6% vs 58,6%).

Las denuncias son escasas, principalmente, entre aquellas que se encuentran en situación administrativa irregular, y solo se realizan en casos muy graves. Dos factores que contribuyen a que no se denuncie y persista el acoso sexual son la normalización (apoyada en estereotipos de género, la estructuración de jerarquías y la discriminación de lo diferente) y la invisibilización (tratándolo como un tema tabú o promoviendo actitudes hacia las víctimas y acosadores desde los medios, por ej.). Por ende, el informe advierte de lo complicadas que son las pruebas para demostrar que han sido víctimas de acoso sexual, requiriendo mucha fortaleza psicológica. A ello se añade la vergüenza, los sentimientos de frustración, culpabilidad y el miedo a no ser creídas.

Se puede acceder al informe a través del siguiente enlace:

Fuente: Baksht, E. (coord.), et al., Violencia sexual a mujeres inmigrantes del sector de los cuidados. Valencia, Asociación Por Tí Mujer, Calala Fondo de Mujeres, 2020, 44 p.

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