Desde hace unos años, el debate en torno a la necesidad de humanización de la asistencia sanitaria se ha ido haciendo cada vez más patente en la literatura científica y en los foros profesionales (Galvin et al., 2018; Vaeza et al., 2020). Actualmente, la crisis sanitaria derivada por la COVID-19 ha puesto en valor, aún más, la necesidad de un cambio hacia una atención sanitaria más “humanizada”, sensible a las necesidades psicológicas de las personas (Coulter y Richards, 2020; Imbriaco y Monesi, 2020). Esta demanda tiene su origen en los estudios que han puesto en evidencia que la atención deshumanizada o despersonalizada, que reduce la identidad del paciente a un número de habitación, a un “conjunto de síntomas” o a un tratamiento (Brown et al. 2018), en vez de a la consideración de un ser humano con su nombre, personalidad, intereses, cultura y necesidades individuales, tiene efectos negativos en los pacientes y familiares así como en el estrés experimentado por el personal asistencial (Van Mol et al., 2015; Wilson et al., 2019).

Fuente: www.pexels.com Artista: 
Ave Calvar Martinez Fecha descarga: 27/12/2020

Aunque la humanización de la asistencia sanitaria es un concepto aun vagamente definido, este encuadre, enfocado hacia el respeto a la dignidad humana, pone el énfasis en una atención centrada en la persona y personalizada, en el cuidado de la calidad del trato y de las relaciones médico-paciente, en la mejora de la información y la comunicación entre todas las partes interesadas, en el fomento de la sensación de seguridad y confianza, en la prestación de una atención continuada e integrada, en el fomento de la autonomía de la persona y en el cuidado de su salud física, psicológica y espiritual, entre otros aspectos (Busch et al., 2019; Cheraghi et al., 2017). Según la revisión sistemática de Busch et al. (2019), la definición del concepto de humanización de la asistencia sanitaria hace referencia principalmente a aspectos asociados al establecimiento de relaciones mutuamente beneficiosas entre pacientes y profesionales sanitarios, basadas en una aproximación respetuosa y empática, así como a otros aspectos estructurales y organizativos vinculados a la reducción de la sobrecarga de trabajo en los servicios asistenciales. Por tanto, la humanización de la atención reconoce la importancia de la prevención del sufrimiento psicológico y del estrés de todas las partes involucradas en el sistema, es decir, pacientes, familiares y personal sanitario (Busch et al., 2019).

Tal y como muestran diferentes investigaciones, los pacientes que sufren enfermedades críticas que se encuentran ingresados en las unidades de Cuidados Intensivos (UCI) o en las unidades de Reanimación y Cuidados Críticos de adultos (REA), son especialmente vulnerables a los procesos de deshumanización en los entornos hospitalarios (Galvin et al., 2018; Wilson et al., 2019). Los daños en sus capacidades, los cambios físicos derivados de la enfermedad crítica, la pérdida de movilidad, el estado de sedación, la dependencia de dispositivos mecánicos como ventiladores, la incapacidad para comunicarse e, incluso, la utilización de batas uniformadas de hospital son algunos de los factores que contribuyen a estos procesos de deshumanización, que implican no sólo la pérdida de identidad personal, sino también la pérdida de control, de respeto, de privacidad, de autonomía y de contacto con los seres queridos (Wilson et al., 2019).

Se da la circunstancia, además, de que el trabajo en estas unidades supone un enorme desafío para los profesionales sanitarios. Las enfermedades críticas en sí mismas son complejas, multifactoriales y difíciles de tratar, por lo que, especialmente en estos servicios, la comunicación entre el equipo asistencial es fundamental, así como la toma de decisiones rápidas y vitales relacionadas con procesos de enfermedad complicados, lo que contribuye a aumentar el estrés y presión sobre los profesionales que trabajan en el cuidado y atención de estos pacientes (Chuang et al., 2016; Vindigni et al., 2017) .

Alternativamente, los familiares de las personas ingresadas en estas unidades se encuentran también sometidos a una fuerte carga de estrés. La ocurrencia repentina e inesperada de un accidente o enfermedad crítica de su ser querido, junto a la incertidumbre de la evolución de la enfermedad, la separación física del familiar, la toma de decisiones críticas, el desconocimiento sobre la gravedad de la situación, las posibles secuelas en las capacidades de la persona, la falta de preparación para la prestación de cuidados informales o el impacto de la hospitalización en la rutina familiar, entre otros aspectos, sitúan a los familiares en grave riesgo de desarrollar un amplio conjunto de problemas de salud mental y, especialmente, trastornos de ansiedad, agotamiento emocional y trastorno por estrés postraumático (Haines, et al., 2015).

Más allá, para los pacientes que logran sobrevivir a la enfermedad crítica, el proceso de ingreso en estas unidades suele ir asociado a un elevado coste físico y emocional. De hecho, se ha descrito en la literatura científica el denominado síndrome de post-cuidados intensivos o síndrome post-UCI, que identifica un conjunto de síntomas físicos (por ej., dolor persistente, úlceras por presión, alteraciones del sueño…), psicológicos (ansiedad elevada, depresión, trastorno de estrés postraumático…) y cognitivos (problemas de memoria, dificultades de atención, enlentecimiento en el procesamiento, desorientación…), que persisten meses después de la enfermedad crítica y tras el alta hospitalaria en un porcentaje importante de los pacientes que han sido ingresados en estas unidades (entre el 30 y el 50%) (Lee et al., 2020).

Debido a estas circunstancias, tanto las unidades de Cuidados Intensivos como las unidades de Reanimación y Cuidados Críticos de adultos han sido unas de las principales receptoras de iniciativas dirigidas a mejorar la humanización de la asistencia sanitaria (Heras, Martin y Nin, 2017; Vaeza, Delgado y Heras, 2020). Estas iniciativas, aunque de momento esporádicas, ponen en valor el conocimiento aportado desde la Psicología y están proporcionando los primeros resultados sobre los beneficios de este cambio de enfoque en el modelo asistencial (por ej., Demetriadou et al., 2017; De la Fuente-Martos et al., 2018; Gálvez et al., 2017; Novoa y Ballesteros de Valderrama, 2006).

En esta dirección, y en lo que respecta a nuestro país, meses atrás Infocop dio a conocer el Proyecto de Intervención Psicológica en las UCI durante la crisis del COVID-19, por parte del Proyecto HU-CI, que se puso en marcha en algunos hospitales de diferentes comunidades autónomas con gran éxito de acogida (más información aquí).

En esta ocasión, Infocop dedica una sección a otra de las iniciativas desarrolladas en los últimos meses en nuestro país. Se trata del proyecto de intervención psicológica en la Unidad de Reanimación (REA) del Complejo Hospitalario Universitario de Albacete, enmarcado en el programa de atención continuada (Gerencia de Atención Integrada). A este respecto, fruto de la política y del compromiso adquirido por la Junta de comunidades de Castilla-La Mancha, del gobierno regional, de la Junta del Colegio Oficial de la Psicología de Castilla-La Mancha, de los servicios de salud mental y de la apertura de las direcciones médicas hospitalarias implicadas, se ha aprobado un proyecto que incluye la incorporación de psicólogos clínicos en esta unidad (dedicada a la atención de pacientes críticos postquirúrgicos, politraumatizados y de trasplante de órganos), con el objetivo de mitigar el impacto psicológico de los pacientes, familiares y profesionales vinculados a esta área asistencial.

Dada la trascendencia de esta iniciativa para la incorporación de los psicólogos clínicos más allá de los servicios especializados de salud mental, desde Infocop hemos querido conocer la impresión y conclusiones tanto de los residentes de Psicología que han participado en este proyecto, como de los profesionales de la Medicina y Enfermería de la REA que han estado trabajando en estrecha colaboración con ellos.

De esta manera, Marta Monferrer Balaguer, graduada en Psicología por la Universitat Jaume I de Castellón y actualmente psicóloga interna residente de cuarto año de la especialidad de Psicología Clínica en el Complejo Hospitalario Universitario de Albacete y Germán Martínez Granero, graduado en Psicología por la UNED y actualmente psicólogo interno residente de tercer año de la especialidad de Psicología Clínica en el Complejo Hospitalario Universitario de Albacete, nos relatan su experiencia y los primeros resultados obtenidos en el proyecto de intervención psicológica en la REA.

Esta entrevista complementa a la realizada hace unos meses a José María Jiménez Vizuete, jefe de la Unidad de Reanimación (UCI Anestesia), María Dolores Pardo Ibáñez, supervisora de la Unidad de Reanimación (UCI Anestesia) y Mari Luz Guerrero Rodríguez, supervisora de la Unidad de Reanimación del Complejo Hospitalario Universitario de Albacete, quienes nos ofrecieron ya su valiosa e interesante opinión sobre la demanda de atención psicológica y la aportación de la figura del psicólogo clínico en esta unidad asistencial (ver aquí).

Referencias:

Brown SM, Azoulay E, Benoit D, et al. (2018). The practice of respect in the ICU. American Journal of Critical Care Medicine, 197, 1389–1395.

Busch, I. M., Moretti, F., Travaini, G., Wu, A. W., & Rimondini, M. (2019). Humanization of care: key elements identified by patients, caregivers, and healthcare providers. A systematic review. The Patient-Patient-Centered Outcomes Research, 12, 461-474.

Cheraghi, M. A., Esmaeili, M., & Salsali, M. (2017). Seeking Humanizing Care in Patient-Centered Care Process. Holistic nursing practice31(6), 359-368.

Chuang, C. H., Tseng, P. C., Lin, C. Y., Lin, K. H., & Chen, Y. Y. (2016). Burnout in the intensive care unit professionals: A systematic review. Medicine95(50).

Coulter, A., & Richards, T. (2020). Care during covid-19 must be humane and person centred. British Medical Journal, 370:m3483.

De la Fuente-Martos, C., Rojas-Amezcua, M., Gómez-Espejo, M. R., Lara-Aguayo, P., Morán-Fernandez, E., & Aguilar-Alonso, E. (2018). Humanization in healthcare arises from the need for a holistic approach to illness. Medicina Intensiva, 42(2), 99-109.

Demetriadou, E., Kokkinou, M., Metaxas, G., Kyriakides, E., & Kyprianou, T. (2017). Psychological support for families of ICU patients: longitudinal documentation of the service. Psychology, health & medicine, 22(6), 736-743.

Galvin, I. M., Leitch, J., Gill, R., Poser, K., & McKeown, S. (2018). Humanization of critical care—psychological effects on healthcare professionals and relatives: a systematic review. Canadian Journal of Anesthesia/Journal canadien d'anesthésie65(12), 1348-1371.

Gálvez Herrer, M., Gómez García, J. M., Martín Delgado, M. C., & Ferrero Rodríguez, M. (2017). Humanización de la Sanidad y Salud Laboral: Implicaciones, estado de la cuestión y propuesta del Proyecto HU-CI. Medicina y Seguridad del Trabajo, 63(247), 103-119.

Haines KJ, Denehy L, Skinner EH, et al. (2015). Psychosocial outcomes in informal caregivers of the critically ill: A systematic review. Critical Care Medicine, 43, 1112–1120.

Heras, G., Martin, M. C., & Nin, N. (2017). Seeking to humanize intensive care. Revista Brasileira de Terapia Intensiva, 29(1), 9-13.

Imbriaco, G., & Monesi, A. (2020). Names and numbers: How COVID-19 impacted on de-humanization of ICU patients. Journal of the Intensive Care Society, 1751143720925976.

Lee, M., Kang, J., & Jeong, Y. J. (2020). Risk factors for post–intensive care syndrome: A systematic review and meta-analysis. Australian Critical Care33(3), 287-294.

Novoa, M., & Ballesteros de Valderrama, B. P. (2006). The role of the psychologist in an intensive care unit. Universitas Psychologica, 5(3), 599-612.

Vaeza, N. N., Delgado, M. C. M., & Heras, G. (2020). Humanizing Intensive Care: Toward a Human-Centered Care ICU Model. Critical Care Medicine48(3), 385-390.

Vindigni, S. M., Lessing, J. N., & Carlbom, D. J. (2017). Hospital resuscitation teams: a review of the risks to the healthcare worker. Journal of Intensive Care5(1), 59.

Van Mol, M. M., Kompanje, E. J., Benoit, D. D., Bakker, J., & Nijkamp, M. D. (2015). The prevalence of compassion fatigue and burnout among healthcare professionals in intensive care units: a systematic review. PloS one, 10(8), e0136955.

Wilson, M. E., Beesley, S., Grow, A., Rubin, E., Hopkins, R. O., Hajizadeh, N., & Brown, S. M. (2019). Humanizing the intensive care unit. Critical Care, 1-3.

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