Entre el 18 de octubre y el 13 de diciembre está teniendo lugar en la Fundación La Caixa de Madrid un ciclo de conferencias, bajo el título "La mente como fábrica de ilusiones".

A lo largo de estos dos meses, prestigiosos investigadores nacionales y extranjeros exponen sus conocimientos sobre el funcionamiento del sistema psicológico y neurobiológico de la mente humana en la creación de mundos propios que, aunque pueden derivar en problemas psicopatológicos, cumplen casi siempre una función adaptativa y de supervivencia.

 

Este ciclo se inauguró el pasado 18 de octubre con la conferencia "Bases cognitivas de las ilusiones vitales" a cargo de Carmelo Vázquez, Catedrático de Psicopatología de la Universidad Complutense de Madrid y director científico del evento, a quien Infocoponline ha querido entrevistar para sus lectores.

ENTREVISTA

La conferencia que usted ha ofrecido versa sobre las ilusiones vitales. ¿A qué se refiere con el término ilusiones vitales?

El término ilusión en castellano tiene un doble significado que no está presente en otros idiomas. Por un lado, significa "burla" a los sentidos, y así hablamos, por ejemplo, de ilusiones visuales, pero también significa mantener esperanzas en que algo suceda e involucrarnos en ello. Mi propuesta –que ya hace años bosquejamos Maria Dolores Avia y yo mismo en el libro Optimismo Inteligente- es que esas ilusiones vitales se alimentan y mantienen gracias a que tenemos un sistema cognitivo aparentemente no muy lógico, pero sí con una gran capacidad de adaptación y de crear escenarios que nos permitan vivir, tomar las mejores decisiones, y mantener nuestra sensación de que podemos controlar nuestros destinos.

Siguiendo con el título que da nombre a su ponencia, ¿cuáles serían los procesos cognitivos implicados en la creación de estos escenarios ilusorios?

Muchos sesgos de memoria, atención, atribuciones causales, etc. intervienen en esta empresa y es un campo de investigación fascinante. Esos sesgos (que a menudo han sido considerados como errores que demuestran la capacidad limitada de la racionalidad humana) pueden ser entendidos si pensamos que el sistema cognitivo humano funciona para preservar al organismo en muchos sentidos y quizás, de modo especial, para preservar nuestra autoestima y nuestro sentido de bienestar. Por ejemplo, la tendencia a no inculpar a los demás de nuestras desgracias (un mecanismo que en nuestro grupo de investigación hemos visto que ocurre en personas normales, pero no en deprimidas, ni psicóticas) es un sesgo cognitivo que tiene un efecto sumamente beneficioso, porque favorece la sensación de que vivimos en un mundo benevolente y en el que podemos vivir confiados.

¿Qué aspectos determinarían las diferencias individuales en la creación de estos escenarios ilusorios?

Las investigaciones sobre el bienestar han dejado claro que aspectos relacionados con el temperamento, la capacidad y el deseo de explorar lo nuevo, y factores de personalidad (como el optimismo y la extraversión) están relacionados con esa facilidad. Obviamente, el contexto social también influye: si no hay oportunidades, es poco probable que se puedan generar expectativas (más o menos ilusorias, pero funcionales, en todo caso) de conseguir cosas importantes para nuestras vidas.  

¿Qué relación existe entre ilusiones positivas y algunos trastornos psicológicos, como la depresión?

Un aspecto muy interesante es que la depresión se asocia no tanto con sesgos cognitivos negativos (aunque en el caso de la memoria esto es así), sino con la ausencia de determinados sesgos que están presentes en personas con un estado de ánimo normal. De hecho, un reto para la investigación es saber si la instalación-desinstalación de estos sesgos puede afectar positiva o negativamente a esta y otras patologías. Las terapias psicológicas son muy eficaces para reducir síntomas, pero realmente no sabemos si son tan eficaces restableciendo ilusiones vitales.

Desde su punto de vista, ¿cuál sería el factor más determinante de la felicidad? ¿Se puede aprender la felicidad?

El concepto de felicidad es escurridizo. Preferimos hablar de bienestar subjetivo (que tiene a su vez diversos componentes: desde las emociones positivas hasta la creencia de estar satisfecho con la vida). Pero, en todo caso, si el estado natural del ser humano es el sentirse bien, la infelicidad ha debido "aprenderse" o instalarse de algún modo. Así que el razonamiento se puede invertir: dado que la infelicidad se aprende, seguro que hay mecanismos para aliviarla y crear condiciones para el buen vivir.

En la actualidad, ¿cuál es el papel de la Psicología Positiva en el estudio de la mente?

La Psicología Positiva hace algo muy simple: ayudarnos a prestar atención al estudio de lo que nos hace mejores, más sabios, mejores personas. ¿Qué más podemos pedir a una ciencia?. Esto es una empresa nada trivial (aunque muchos de sus críticos como, por qué no decirlo, de sus supuestos defensores, simplifiquen esta idea hasta hacerla irreconocible). El papel de esta aproximación es probablemente la de sensibilizar y crear condiciones para ser rigurosos de una vez con el estudio del bienestar humano.

 

Por último, ¿cuáles son los retos futuros que se le plantean a la Psicología Positiva?

Un poco en broma, habría que decir que uno de los retos es salvarla de sus defensores. La Psicología Positiva es Psicología y no hay que exigirle más que a otros enfoques, pero tampoco menos. El reto fundamental es hacer buena ciencia, creíble y con rigor sobre uno de los temas más apasionantes a los que podemos dedicar nuestra energía: la mejora de la vida de los seres humanos.

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