José Fernandez-Rey y Jaime Redondo

Universidad de Santiago de Compostela

Para poder estudiar la influencia de la emoción sobre la memoria, es necesario adoptar alguna posición metateórica respecto a la organización fundamental de la emoción o estructura del espacio afectivo. En este sentido, existen dos enfoques teóricos principales para el estudio de la emoción: el categorial y el dimensional.

Los autores que utilizan el enfoque categorial intentan definir categorías específicas o tipos de emoción, proponiendo que existe un conjunto de emociones básicas o primarias que se combinan para producir todos los estados emocionales que los individuos experimentan. Entre las emociones más frecuentemente consideradas como básicas están el asco, la ira, la alegría, la tristeza y el miedo. Además, se justifica la existencia de estados emocionales intermedios a partir de la combinación de varias emociones básicas.

Por otra parte, el enfoque dimensional considera que existen tres dimensiones básicas, en torno a las cuales pueden organizarse las emociones: valencia (con un rango que va desde lo agradable hasta lo desagradable), arousal o activación (cuyo rango está entre la excitación y la calma) y dominancia (con un rango que va desde lo controlable a lo incontrolable), si bien esta dimensión suele tenerse en cuenta con menos frecuencia.

Aunque los dos enfoques no son incompatibles, sino más bien complementarios, la aproximación dimensional de la emoción es más parsimoniosa, al quedar el espacio afectivo definido por un número mucho menor de dimensiones generales sobre las que se situarían los estados emocionales concretos.

Existe evidencia empírica de que las emociones pueden mejorar la memoria bajo algunas condiciones y de que pueden deteriorarla o distorsionarla bajo otras. El recuerdo libre de palabras o imágenes tiende a ser más fácil si poseen contenido emocional negativo (o, a veces, positivo) que si son emocionalmente neutras. En el caso de la memoria de reconocimiento, sin embargo, los resultados experimentales no han sido tan consistentes: en algunos trabajos se ha encontrado un mejor reconocimiento para imágenes con contenido emocional que sin contenido emocional, pero existen también informes de un efecto negativo de la emoción sobre el reconocimiento de palabras.

 

Conviene señalar que la cuestión de cómo influyen los sucesos emocionales en el reconocimiento tiene claras implicaciones prácticas. Por ejemplo, esta cuestión es de gran interés en el ámbito de la memoria de testigos. Así, en pruebas de reconocimiento, los testigos de sucesos emocionales suelen aceptar, con gran seguridad o confianza en sus respuestas, información falsa coherente con el suceso (véase, por ejemplo, García-Bajos y Migueles, 1999; Migueles y García-Bajos, 1999).

La mayor parte de la investigación sobre el rendimiento de memoria en reconocimiento de sucesos emocionales se ha centrado principalmente en la precisión o discriminación. Pero cuando se investigan los efectos de la emoción sobre el reconocimiento es igualmente de gran interés la cuestión de cómo afecta la emoción al sesgo de respuesta. Hay evidencia de que la emoción puede afectar al criterio de decisión, haciéndolo más laxo e incrementando la probabilidad de juzgar un ítem como "viejo", independientemente de que haya sido o no estudiado previamente. Así, por ejemplo, se ha observado un incremento tanto en la tasa de aciertos como en la tasa de falsas alarmas para palabras con contenido emocional en comparación con palabras sin contenido emocional, lo que reflejaría una relajación del criterio de decisión para las primeras. Este fenómeno consistente en el sesgo de reconocimiento inducido por la emoción, se traduce en que los sujetos adoptan criterios de decisión diferentes en función de la naturaleza emocional de los estímulos utilizados.

Si bien la explicación teórica del sesgo de reconocimiento inducido por la emoción no está clara, este fenómeno podría considerarse, en principio, un error cognitivo que se asemeja a la "ilusión de memoria" conocida como "falsos recuerdos" o memoria de algo que no ocurrió. A este respecto, algunas de las propuestas teóricas ofrecidas para explicar el fenómeno de los falsos recuerdos también podrían explicar el sesgo de reconocimiento inducido por la emoción.

Por otra parte, dicho sesgo podría reflejar una función cognitiva adaptativa, implicando la existencia de un mecanismo que permite a los individuos responder automáticamente a estímulos o sucesos emocionales con un valor de supervivencia potencialmente alto, incluso cuando éstos están fuera del foco atencional (Windmann y Kutas, 2001).

En general, los trabajos que han examinado este sesgo lo han hecho teniendo en cuenta sólo una dimensión emocional, habitualmente la valencia. Sin embargo, desde el enfoque dimensional de las emociones deben considerarse ambas dimensiones. Así, la valencia y el arousal definen el espacio afectivo en el que se distribuyen las evaluaciones de los diferentes estímulos elicitadores de emoción. Desde esta perspectiva, Peter J. Lang y cols. desarrollaron el International Affective Picture System (IAPS), un nuevo método para el estudio experimental de las emociones, que consiste en un conjunto estandarizado de imágenes en color y cuyos contenidos recorren un amplio abanico de categorías (CSEA-NIMH, 1999). Dichos contenidos incluyen animales, escenas de la naturaleza, imágenes eróticas, objetos caseros, expresiones faciales, armas, cuerpos mutilados, etc.

En nuestra investigación se estudió la posibilidad de que la emocionalidad del estímulo, tanto en la dimensión de valencia como en la de arousal, pudiera afectar al sesgo de reconocimiento en una tarea de memoria a largo plazo. Para ello, se emplearon 108 imágenes del IAPS representativas de todas las regiones del espacio afectivo bidimensional.

 

Los análisis basados en la teoría de detección de señales, utilizando medidas de discriminación y sesgo, mostraron una mayor discriminación y un sesgo de respuesta más conservador para las imágenes agradables y las desactivadoras, en comparación con las desagradables y las activadoras. Estos resultados sugieren que el arousal emocional (y no sólo la valencia) afecta al sesgo de respuesta, proporcionando nueva evidencia con respecto al sesgo de reconocimiento inducido por la emoción en el rendimiento de memoria a largo plazo.

El artículo en el que se basa este trabajo puede encontrarse en la revista Psicothema: Fernández-Rey, J. y Redondo, J. (2007): Recognition memory for pictorial stimuli: Biasing effects of stimulus emotionality. Psicothema, Vol. 19 (3), 375-380.

Sobre los autores:

 

José Fernández-Rey

 

  Jaime Redondo

José Fernández-Rey es Profesor Titular del Área de Psicología Básica en la Facultad de Psicología de la Universidad de Santiago de Compostela. Actualmente, su investigación se centra en el estudio de sesgos de memoria en el procesamiento de información emocional y la capacidad de memoria operativa en relación con el rendimiento en diferentes funciones cognitivas.

Jaime Redondo es Profesor Contratado Doctor en el Área de Psicología Básica de la Universidad de Santiago de Compostela. Su investigación actual se centra en el condicionamiento clásico humano y en el estudio del procesamiento de estímulos emocionales.

 

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