La crisis sanitaria provocada por la pandemia del coronavirus ha puesto patas arriba los sistemas sanitarios, no solo de España, sino de todo el mundo, afectando de especial manera a la salud mental según la OMS. Una situación que requiere, insiste la Organización Mundial de la Salud, la necesidad urgente de ‎incrementar la inversión en un sector afectado por un déficit crónico de financiación. Pero, ¿es este el único problema al que se enfrenta la salud mental, sus profesionales y los pacientes? Con José Joaquín Mira Solves, catedrático de Psicología Social de la Universidad de Miguel Hernández, hemos hablado de este asunto en esta entrevista que nos ha concedido para adelantarnos alguno de los contenidos de la conferencia que ofrecerá en el CNP2021 donde analizará el futuro de la Psicología en la salud pública pospandemia.

José Joaquín Mira Solves

ENTREVISTA

Un tema complicado el que presenta en el CNP2021…

Bueno, vivimos una época complicada. Estamos en unos tiempos que son inusuales para todos y algunas cosas diferentes a las que habitualmente hacíamos que tendremos que aprender a hacer, ¿no? El título de la conferencia sí que es verdad que busca también llamar la atención de las circunstancias en las que estamos, pero se concentra en la temática de cómo abordamos y cómo podemos abordar algunos de los trabajos que ya se vienen haciendo, en una época que va a ser diferente.

Nosotros somos un grupo que trabajamos el ámbito de la calidad asistencial, en el ámbito de la seguridad de los pacientes y esto lo llevamos a la práctica también en el caso de los procesos que llevan un curso crónico, lo que habitualmente llamamos el tema de la cronicidad. Desde el punto de vista de las actuaciones que llevamos adelante, lo que hemos ido aprendiendo lo intentaré volcar en la medida de lo posible en esta conferencia.

Estamos habituados a las intervenciones a nivel individual y esto ha sido característico de siempre, tanto en el ámbito de la psicología de la salud como en otras disciplinas similares dentro del campo. Dentro de esto también estamos acostumbrados a trabajar con grupos, ya no sólo con individuos sino también con grupos que tienen una determinada patología, una determinada condición y ver cómo trabajar con ellos. Pero es menos frecuente que trabajemos con organizaciones o con sistemas.

Nuestra experiencia, sin embargo, está más centrada en organizaciones y sistemas y cómo podemos hacer para que mejore la calidad asistencial y la seguridad de los pacientes. Lo que hemos vivido y estamos viviendo todavía desgraciadamente, por efecto de este nuevo coronavirus, también nos permite adelantarnos a algunos de los probables cambios y de las aportaciones que desde la psicología se pueden hacer en el ámbito de la salud pública para poder, dijéramos, aportar algunas ideas, algunas soluciones y en la medida de lo posible intentar que mejore la calidad de vida de todos nosotros.

¿Qué cambios serían esos?

Un cambio importante es el tema de toda la aparición de la tecnología. Esto es algo que ya estaba en cartera, no hemos descubierto nada nuevo que no tuviéramos antes pero sí que la rapidez con la que se ha incorporado a la dinámica de funcionamiento ha sido muy elevada. Esto hace que aparezcan nuevos problemas con el uso de las tecnologías y al mismo tiempo que aparezcan oportunidades.

¿Problemas? Por ejemplo, la tele consulta, y aunque no disponemos de datos concretos, sí que parece que ha incrementado la sobre utilización de tratamientos, es decir, la prescripción farmacológica. Esto viene motivado también porque las condiciones de realizar la actividad asistencial han sido distintas a las anteriores a las que estábamos acostumbrados, pero a su vez todos estos programas tienen la oportunidad de avanzar en lo que llamamos atención centrada en la persona, en incrementar las posibilidades de todos nosotros de hacernos, en definitiva, más responsables de nuestro propio cuidado de salud. Hemos visto que la pandemia ha puesto de relieve que, en la interrupción de la actividad asistencial habitual, las personas han sido muy responsables. También ha tenido problemas porque se ha demorado más la llegada, por ejemplo, en infartos o ictus a puertas de urgencia y esto motiva también que las consecuencias para esas personas, en cuanto a la recuperación, puedan ser diferentes. Por lo tanto, siempre vamos a tener de alguna manera elementos que han podido llamar nuestra atención desde el punto de vista negativo, pero al mismo tiempo también vemos oportunidades para poder desarrollar este trabajo.

En nuestro caso intentamos aportar alguna idea o solución en el caso del objetivo de una atención centrada en la persona. La era COVID ha modificado, por ejemplo, la forma en la que medimos en qué grado la atención logra aproximarse a ese objetivo.  Es decir, una atención centrada en la persona. Tenemos una serie de indicadores en el sistema, pero ahora, lo que hemos vivido, o lo que estamos viviendo con la pandemia, nos invita a reflexionar sobre esto. Nosotros en lo que trabajamos, por ejemplo, es cómo medir resultados y cómo medir resultados en las personas. Todas estas son algunas de las cosas que comentaremos en la conferencia.

Al hilo de lo que está diciendo, estamos viendo que la pandemia ha puesto patas arriba los sistemas sanitarios de todo el mundo y algunos estudios aseguran que uno de las grandes afectadas es la salud mental. A su juicio, ¿qué ha podido fallar?

Yo no sé si la palabra fallar es aproximada o no. Lo que hemos vivido claramente ha sido una bofetada tremenda. Lo que hemos vivido era totalmente inesperado y aunque hemos tenido episodios anteriores, la respuesta de los profesionales no ha sido extremadamente diferente desde el punto de vista cualitativo de las respuestas que ya se habían observado en el anterior coronavirus, el que se denominó 1 para entendernos, o que se han visto con el ébola o que se vivió con el mers. En época de pandemia, las situaciones han sido similares, el miedo a contagiar a los familiares al volver a casa, la incertidumbre asociada o la sobrecarga, etcétera, todas estas cuestiones ya se habían identificado en estudios previos. Lo que pasa es que, nunca como hasta ahora, lo hemos vivido con tanta intensidad y en todo el mundo prácticamente al mismo tiempo.

Las respuestas de los profesionales que hemos ido midiendo han sido las mismas. Las reacciones han sido globales en todos los países. ¿Qué es lo que ha fallado? Yo creo que ha fallado una cosa que creo que es relevante y que solamente nos acordamos cuando -,¿cómo es ese dicho de Santa Bárbara?,-¿cuando explota?   

El bienestar en el trabajo y el bienestar de los profesionales sanitarios es un prerrequisito de la calidad y también para garantizar la seguridad de los pacientes. Cuando los profesionales tienen capacidad de tomar decisiones, cuando tienen la sensación de que se sienten respaldados en lo que hacen, cuando hay unas condiciones mínimas, no digo que haya sofás cómodos en las plantas de los hospitales para que los profesionales descansen, pero sí que se cuiden los aspectos que tienen que ver con la salud y la moral laboral, cuando estas cosas suceden los resultados son mejores. Quizá, y por utilizar el término fallo, lo que ha sucedido es que a esos aspectos no se le ha prestado atención durante años y cuando han hecho falta, el agujero era mayor y quizá esa sí que es una de las lecciones aprendidas que no debería de caer en saco roto y que deberíamos avanzar en esa dirección.

¿Se destinan pocos recursos en España a la salud mental?

Esto no es un tema de recursos. Esto ha sido un tema de seguridad y de que se han reorganizado las prestaciones para atender una urgencia, es decir, en los centros lo que se ha vivido es que especialidades que nada tienen que ver con las patologías que sufren principalmente los pacientes COVID han dejado su actividad para atender a este tipo de pacientes. Por ejemplo, en las UCIs donde se ha incrementado de una manera muy notoria el número de camas, profesionales que no están acostumbrados o que no forman parte del elenco de profesionales habituales, estamos hablando tanto de fisios, de enfermería, de médicos y de otro personal, lo que ha sucedido es que se han reorientado. Claro, sí yo dedico mis horas a una actividad dejo de estar en otra. En el caso segundo, que también ha sucedido, es que se han cerrado. Se generaron medidas para paliar en la medida de lo posible ese efecto mientras que había una urgencia que había que atender de pacientes, en un entorno de mucha mayor incertidumbre del que actualmente tenemos.

Todas estas cosas no van tanto ligadas, creo yo, a si había más o menos presupuesto para eso en un momento determinado, sino en las decisiones organizativas que se han tenido que adoptar y que probablemente no había otras.

Otra cosa es las consecuencias que eso puede tener. Hay varios estudios, no solamente en la salud mental, sino también sobre la actividad quirúrgica mundial, y se calcula que se va a necesitar prácticamente un año entero sólo a recuperar, sin hacer ninguna cirugía nueva que llegue, el atasco de lo que se ha dejado de hacer en este periodo de tiempo. Y en salud mental es lo mismo. Por lo tanto, vamos a tener que idear alternativas porque ahora hay que tratar a los pacientes con secuelas graves permanentes del COVID y que tienen además una serie de necesidades afectivas y emocionales que requieren atención, vamos a tener que tratar a los nuevos pacientes que debutan y que van a aparecer por condición epidemiológica que sabemos, a los que se han quedado, dijéramos en espera para ver qué pasa conmigo y todo esto lo vamos a tener que hacer con los mismos recursos.

Las soluciones hay que idearlas de una manera distinta porque si lo que vamos a hacer es lo mismo de antes evidentemente esto no cabe en la ecuación. Ninguno tenemos soluciones maravillosas o soluciones perfectas, probablemente ninguna de las soluciones sea buena y habrá que elegir la menos mala. Pero este es el reto que vamos a tener que hacer y todo esto al mismo tiempo que recuperamos a los profesionales agotados por este periodo y con una sensación de burnout como nunca antes probablemente hemos tenido en el conjunto del sistema sanitario. Esta es un poco la situación y lo que hay que ponerse es a remangarse e intentar a hacer algo que pueda ayudar a salir adelante.

En ese sentido y en su opinión, ¿cuál es la situación actual de la salud mental en España dentro de la salud pública?

Yo viví un poco el proceso de reforma cuando yo empezaba a trabajar en los 80, empezaba o debutó el proceso de reforma psiquiátrica. El cambio ha sido espectacular de aquella época a ahora. Lo que pasa es que, sí es verdad, el volumen de demandas y el volumen de cosas que se puede hacer para ayudar a la gente a tener un mayor nivel de calidad de vida también ha crecido exponencialmente y ahora somos capaces de abordar temas que antes ni tan siquiera estaban en la cartera de servicios de las instituciones sanitarias. Esto requiere un esfuerzo presupuestario y requiere también de recursos.

Por otro lado, cuando comparamos las ratios con respecto a países de nuestro entorno, de profesionales o de recursos, sí que es verdad que en salud mental viene a ser, por decirlo de alguna manera, un pariente pobre en la ecuación del sistema sanitario. Hay muchas voces, tanto de la OMS como de otras, que sí que están poniendo de relieve el que nos enfrentamos a otra pandemia, diferente evidentemente, pero también una pandemia que requiere pensar soluciones alternativas. Ahí sí que es verdad que las nuevas tecnologías son también una oportunidad para afrontar este tipo de retos que tenemos que llevar adelante pero no cabe duda de que cuando hablamos también de calidad asistencial hay unos requisitos básicos mínimos que son las que se pueden necesitar. Entonces esto también es una decisión que compete fuera de lo que es el ámbito de los profesionales, pero la asignación de recursos sí que es necesaria. Históricamente, en el ámbito de salud mental además estamos hablando de un tipo de actividad sanitaria muy directamente ligado a los programas de bienestar social y por lo tanto de todas las actividades de carácter comunitario que a nivel de las consejerías de bienestar social o de los propios municipios, se llevan adelante y es otro reto porque cuesta mucho lograr una atención integrada y programas realmente que sean horizontales. Este es otro de los problemas tradicionales que tenemos y que quizá ahora, por efecto de la pandemia, podemos aprovechar el cómo aprender de quién ha sido capaz, en estos tiempos tan difíciles, de ponerse de acuerdo.

Yo pongo ejemplos muy sencillos, muy tontos quizá, pero llevábamos discutiendo multitud de años acerca de la prescripción, cómo organizarla, qué hacer, la prescripción de este tipo, la electrónica para arriba, para abajo, no sé cuánto y los sistemas integrarles la información en prácticamente todo el territorio, en todos los servicios de salud autonómicos, voy a exagerar pero para que me entiendas, en una hora de una tarde, fueron capaces de organizar que el médico de atención primaria prescribiera un fármaco, le llegara a la farmacia y la farmacia se lo hiciera llegar a la casa del paciente.

Si somos capaces de hacer eso en una tarde, ¿qué no vamos a poder hacer en otras cosas? Tenemos ejemplos de soluciones en donde municipios, consejerías de bienestar social, de sanidad, en una tarde también, en una hora, han sido capaces de resolver problemas de muchos años de discusión previa. Ahora es el momento de poder aprovechar ese esfuerzo, esa creatividad y que no caiga en saco roto y poder por tanto mantener, en la medida de lo posible, soluciones alternativas a los retos que tenemos por delante.

Usted habla de la Atención Primaria y una de las grandes demandas de los profesionales de la salud mental es incrementar el número de psicólogos también en atención primaria

Yo creo que ya hay suficientes datos como para justificar que ese número se pudiera incrementar, pero también es verdad que tenemos muchos hospitales donde hay carencias, aunque si vemos el panorama a nivel nacional probablemente hay huecos donde se puede pensar que esa actividad podría ser por un lado eficaz y, por otro lado, desde el punto de vista de los costes, coste efectivo. Pero esto ya no solamente hay que ponerlo sobre la mesa, sino que también hay que ser capaz de poder llevar adelante experiencias que demuestren que efectivamente todo esto tiene un resultado beneficioso para la gente y para las personas. Y yo creo que, precisamente en estos momentos en donde enfrentamos algunos de los retos y habrá que redefinir algunos de los procesos, ahí hay bastantes oportunidades. Hay también muchos colegas, que sobre la creencia y yo comparto esa idea, de que las reformas que se están llevando a cabo en todos los sistemas sanitarios y particularmente también en el nuestro para avanzar desde modelos más paternalistas hacia otros centrados en la persona, suponen también una oportunidad para incorporar otras figuras profesionales en el ámbito de la atención primaria.  La cronicidad necesita –es inviable con el tipo de organización que tenemos y los presupuestos con los que contamos o que podemos llegar a contar, que nadie piense que se puede triplicar el presupuesto de un año para otro-, es inviable que podamos atender las necesidades de todas las personas que sufren alguna condición crónica. El envejecimiento de la población va parejo a que, conforme vamos cumpliendo años, sufrimos de determinadas condiciones. Eso no quiere decir que no podamos llevar una vida absolutamente normal, pero requerimos de un apoyo y de una continuidad de la asistencia y ahí es necesario reformular, redefinir y repensar cómo organizamos la atención a la cronicidad, qué perfiles profesionales nuevos son necesarios que se incorporen y en esa definición yo creo que la era COVID supone también una oportunidad para sentarse, pensar y hacer algo distinto porque si no hacemos algo distinto vamos a tener más de lo mismo. Entonces algo habrá que hacer diferente, ¿no?

Aprovecho este último mensaje para preguntarle: ¿es usted optimista sobre el futuro de la psicología en la salud pública?

Si lo vemos, desde la evolución histórica, la respuesta es afirmativa, sin lugar a dudas. Otra cosa es si la velocidad a la que vamos nos convence o nos gusta, pero yo creo que los cambios se han ido produciendo de forma muy clara. Si la primera promoción que se incorporó al entonces Insalud éramos muy pocos, desde entonces hasta ahora el número ha ido creciendo. Sí que es verdad que sobre la velocidad, ha habido épocas en las que ese crecimiento de esa velocidad ha sido ninguno y ha habido otras épocas en las que ha habido una cierta aceleración.

También es cierto que tiene que ser también un compromiso del colectivo profesional y un compromiso por hacer, no solo las cosas adecuadas, sino que además tengan resultados que las personas valoren como positivos. Entonces, ahí tiene que haber también esa necesidad de poder ser creativos, innovadores y ser capaces de estar un poco en la vanguardia proponiendo tipos de intervenciones que den resultado.

Creo que la tendencia claramente es positiva. Cuando hablas con colegas de otras especialidades, en el ámbito de los hospitales o de la atención primaria, los propios profesionales valoran de forma positiva el que tengan este tipo de ayuda o de colaboración y que se trabaje además con ese carácter multidisciplinar. Por lo tanto, todo ese recorrido se ha ido realizando y yo en ese sentido sí que lo veo de forma positiva. Es verdad que la velocidad que nos gustaría no es la que tenemos, pero vamos en la dirección adecuada, diría.

Se puede ver la entrevista completa aquí:

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