¿Qué impacto está teniendo la pandemia de COVID-19 en la población infantil vinculada a zonas de conflicto? Esta es la pregunta que ha guiado la investigación elaborada por World Vision y War Child Holland, titulada La pandemia silenciosa, en alusión a los problemas de salud mental y malestar psicológico extremos que afectan a este grupo de edad, duramente castigado ya por las vivencias traumáticas en entornos de guerra.

Con el  objetivo de analizar el impacto en su salud mental, World Vision y War Child Holland han realizado entrevistas a 220 niños, 245 adolescentes y jóvenes, 287 padres y cuidadores y 44 expertos en protección infantil y líderes comunitarios en seis países afectados por conflictos: Colombia, el Partido Demócrata. República del Congo (RDC), Jordania, Líbano, el territorio palestino ocupado y Sudán del Sur. Las entrevistas se llevaron a cabo entre agosto y diciembre de 2020 en campos de refugiados, refugios para personas desplazadas y comunidades de acogida.

 

Los resultados del estudio muestran que el 70% de los niños desplazados y refugiados dicen que necesitan apoyo psicológico y social, una cifra que triplica las estimaciones previas a la situación de pandemia. Los datos, calificados como “alarmantes y profundamente preocupantes”, ponen en evidencia la necesidad de una acción urgente, afirman los autores del informe, cuyos principales resultados se resumen a continuación:

  • Más de la mitad (57%) de los niños que viven en países inestables y afectados por conflictos expresaron la necesidad de apoyo psicológico y social y de salud mental como resultado directo de la pandemia de COVID-19 y la situación de confinamiento. Esta cifra aumenta al 70% para los niños refugiados y desplazados, mientras que el 43% de los niños y niñas alojados en comunidades de acogida expresa esta necesidad.
  • El 38% de los niños y los jóvenes afirman sentirse tristes y atemorizados y un 12% señala angustia extrema y continua, situándose en un grave riesgo de desarrollar problemas de salud mental.
  • El malestar psicológico se debe, según afirman los propios jóvenes, de las complejas preocupaciones diarias generadas por la pandemia, siendo el miedo a contraer la COVID-19 y morir por su causa tanto ellos como sus familiares cercanos la preocupación más prevalente. En concreto, el 40% de los niños y el 48% de los padres indicaron que la COVID-19 es el principal riesgo que afecta a su salud mental. Otras preocupaciones presentes en la población infantil están relacionadas con el cierre de escuelas, el acceso interrumpido a los servicios básicos y las dificultades económicas de sus familias debido a las medidas de contención de la COVID-19.
  • El 86% de los niños de 7 a 14 años afirman acudir a su entorno cercano para buscar apoyo emocional, mientras que el 41% de los jóvenes (de 19 a 24 años) señalan estar luchando para hacer frente a la angustia emocional por sí mismos. Y es que, en este grupo, menos de la mitad (41,8%) señala contar con alguien a quien poder acudir en busca de ayuda.
  • Más de la mitad de los padres (51,2%) informaron de haber observado cambios notables en el comportamiento de sus hijos a raíz de la pandemia de COVID-19, siendo los comportamientos agresivos, la ira y el estrés de los hijos señalado por el 44,3% de los padres.
  • Tanto los más pequeños como los jóvenes han vivido con angustia la interrupción del acceso a los servicios básicos con motivo de la pandemia. Entre los recursos que mencionaron los jóvenes como menos disponibles durante este periodo, han sido los colegios (89,2%), los servicios y actividades (70,9%), los lugares de ocio (65,0%), los centros de salud (41,9%), la alimentación (38,1%) y el agua (10,6%). Las medidas de contención de COVID-19 también han obstaculizado las actividades de protección, prevención y seguimiento infantil basadas en la comunidad, poniendo a los niños aún más en riesgo.
  • El 38,1% de los niños identificaron la pobreza familiar y la inseguridad alimentaria como sus principales preocupaciones. Para los niños desplazados o los que viven en zonas de conflicto, la pérdida del empleo de sus padres y cuidadores los pone en grave riesgo de inseguridad alimentaria, lo que los obliga a recurrir a mecanismos de supervivencia alternativos, situándolos en grave riesgo de trabajo forzoso y explotación y aumentando su sensación de impotencia y estrés, según indica el informe.

El texto concluye que la salud mental y el bienestar psicológico de los niños y niñas, especialmente de los que viven en países afectados por conflictos, se encuentran especialmente deteriorados con motivo de la situación socioeconómica de la pandemia de COVID-19. Junto al trauma y miedo de haber sobrevivido a conflictos bélicos que suponen una amenaza para su vida, la incertidumbre y las dificultades de supervivencia se suman a su situación

Se puede acceder al documento en el siguiente enlace:

The Silent Pandemic

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