Los adolescentes presentan una especial vulnerabilidad ante distintos problemas de salud por las características propias de esta fase evolutiva: menor autocontrol, deseo de experimentar nuevas sensaciones, influencia del grupo de iguales y unas competencias personales todavía en consolidación. Estos factores son comunes en la explicación de diferentes conductas de riesgo para la salud física y mental.

José Pedro Espada Sánchez coordinará este simposio en el CNP2021 donde se abordarán algunos de los principales comportamientos de riesgo presentes durante la adolescencia, que especialmente están interconectados con la relación con otras personas (conductas afectivo-sexuales), con la búsqueda de sensaciones y la interacción no saludable con la tecnología (abuso de TICs y adicciones conductuales) y con el desarrollo de la imagen corporal en relación a los estereotipos de belleza. Con él hemos indagado de todo ello además de preguntarle por la situación de los y las jóvenes españoles a raíz de la crisis sanitaria provocada por el coronavirus.

Foto: José Pedro Espada

ENTREVISTA

Los últimos estudios publicados indican que los jóvenes son o están siendo uno de los colectivos más dañados por esta crisis sanitaria. Por su experiencia, ¿pasará factura esta pandemia a los adolescentes?

Adolescentes y jóvenes son una población que tienen un riesgo siempre más alto que la población adulta porque están en desarrollo todavía. Desarrollo a nivel neurológico, a nivel físico y emocional, su personalidad está terminando de configurarse. Entonces toda esta situación sanitaria, el confinamiento, la pandemia, las limitaciones que estamos viviendo, a ellos les afecta de forma especial. Aunque han sido muy cumplidores con todas las medidas de restricción, la mayoría de ellos, y lo han hecho muy bien, obviamente se han visto más limitados para hacer su vida social, sus actividades formativas y lúdicas de forma normal.

¿Es una visión errónea creer que, solo por el hecho de ser joven, se sé es menos vulnerable psicológicamente ante determinadas problemáticas? Le hago esta pregunta porque creo que muchos adultos dan por hecho que ser joven te escuda ante muchos problemas cuando llevamos años viendo que no es así…

Es errónea, efectivamente. Es más bien al contrario. Precisamente por lo que comentábamos de que adolescentes y jóvenes todavía no tienen su personalidad del todo conformada, están en proceso de maduración, no cuentan con los recursos de los que los adultos disponemos para afrontar situaciones de la vida. Es de sentido común. De hecho, durante el confinamiento del año pasado y las primeras etapas de la crisis sanitaria, hicimos un estudio con otras cinco universidades españolas con una muestra muy amplia del sector nacional y lo que se dedujo era que el factor edad era un factor protector. Por grupo de edad, las personas mayores, de 60, 70 para arriba, eran los que mejor estaban dentro del impacto emocional que a ellos también les afectaba, pero algo menos que a la población con edades intermedias y la población joven y adolescente.  Los jóvenes eran los que más impacto emocional habían tenido y los que más cambios de hábitos nocivos habían implementado con motivo del confinamiento y de la primera ola de esta crisis sanitaria.

¿Son ellos más vulnerables ante determinados inconvenientes de salud? Esta es una cuestión a la que intentarán responder en el simposio que moderará en el CNP2021

La adolescencia y juventud nunca, puede ser en ese sentido, un factor protector. Más bien al contrario. Todos nuestros estudios que publicamos sobre factores de riesgo en adolescentes, sea conductas sexuales de riesgo, consumo de sustancias o adicciones conductuales, cualquier otro tipo de comportamiento problemático para la salud que tenga que ver con conductas, siempre comenzamos argumentando con esta misma frase: la adolescencia es una etapa de riesgo por su especial vulnerabilidad, por la inmadurez que todavía presentan, y el tiempo que todavía no han tenido de generar recursos como habilidades personales, competencias, manejo de su propio comportamiento para tomar decisiones saludables. (Los jóvenes) están todavía en ese proceso de aprendizaje y eso les convierte en una población más vulnerable que un adulto que sí que ha tenido la oportunidad de ir adquiriendo todo ese repertorio de comportamientos.

El simposio lleva por título: ‘Conductas de riesgo en adolescentes: detección, prevención e intervención temprana’. ¿Cuáles son esas conductas de riesgo?

En el simposio va a ver un total de cuatro comunicaciones que abordarán, por un lado, diferentes tipos de adicciones conductuales.

El equipo de Daniel Lloret, de la universidad Miguel Hernández, va a presentar datos sobre comportamientos de juegos de azar o la adicción a los juegos de azar, apuestas online y otro tipo de juegos online en los que los adolescentes se ven implicados y que pueden entrar en comportamientos de abuso y de consumo ya sea en forma de pérdidas económicas importantes además de la adicción.

También en este conjunto de adicciones conductuales se presentará una revisión de la eficacia de los tratamientos psicológicos dirigidos a adolescentes para mejorar en la adicción conductual a videojuegos y otras adicciones tecnológicas.

Eso en cuanto a adicciones conductuales…Luego tenemos otras dos   comunicaciones, que van más dirigidas a comportamientos relacionados con la salud física. Una de ellas tiene que ver con las conductas sexuales de riesgo y ahí Sandra Morales y su equipo presentarán datos sobre programas de prevención de las conductas sexuales de riesgo en adolescentes y el equipo de Silvia Escribano, de la universidad de Alicante, presentará a su vez un estudio que ellos han realizado sobre imagen corporal, es decir, han medido como los adolescentes tienen ciertos estereotipos, ideales de belleza, de cómo debe ser su cuerpo y como eso les condiciona en su alimentación. Otro tipo de comportamiento que también puede implicar riesgos importantes para la salud.

De las que ha enumerado, ¿cuál diría usted que es la que más riesgo conlleva para los jóvenes si se puede hacer esa clasificación?

Todas las consecuencias para la salud físicas o mentales o emocionales son importantes. Tienen su relevancia y para una familia que tiene a su hijo con un problema emocional o una adicción de las que estamos comentando, es muy importante. Si tuviera que ordenarlas por su impacto hay dos tipos de conductas de riesgos que vamos a tratar en el simposio que son las relacionadas con la sexualidad y la alimentación que al tener efectos directos sobre la salud física implican, además de embarazos no deseados en el caso de las conductas de riesgo sexual o infecciones de transmisión sexual, y en el caso de la alimentación problemas graves de la conducta alimentaria incluida la muerte. Y luego el otro conjunto de comportamientos que vamos a tratar en el simposio son los relacionados con las adicciones conductuales que también tiene efectos, quizás no tan físicos sobre la salud, pero sí desde el punto de vista académico. Hay riesgo alto de abandono escolar cuando un adolescente empieza a tener malos resultados académicos debido a su adicción a los videojuegos, al abuso de pantallas, o problemas económicos por el abuso de una adicción a juegos de azar. Todos los efectos tienen su grado de problemática.

¿Hay factores de riesgo comunes en todas ellas?

Sí, efectivamente. Hay factores relacionados en los factores de riesgo. Siempre son conductas multicausales por lo menos las adicciones en adolescentes, pero hay algunas variables o factores de riesgo que se repiten porque es cierto que producen vulnerabilidad para diferentes tipos de adicción o de problema conductual. Por ejemplo, el déficit en control de impulsos o déficit de autocontrol puede hacer que un joven o un adolescente decida que va a jugar a su videojuego durante una hora, pero el tiempo va pasando, cuatro o cinco horas, o que decida gastarse 40 euros en apuestas, pero acaba endeudándose y gastándose mucho más. Entonces esa capacidad de poder autolimitarse es un factor común. También la capacidad de tomar buenas decisiones. Por ejemplo: en conductas de riesgo sexual se ve, que demorar una relación sexual posible o segura porque tenga su acceso porque no tenga un método de protección, un preservativo o cualquier otro, es una decisión difícil porque supone demorar un refuerzo inmediato a costa de un posible beneficio para la salud. Todo eso, si a nosotros nos cuesta, a los adolescentes especialmente más porque son o suelen ser por lo general algo más impulsivos y tener mayores problemas de autocontrol. No sopesan, igual que un adulto, las consecuencias a largo plazo. Ellos viven más el presente y en ese sentido lo que pueda ocurrir al cabo del tiempo tienden a infravalorarlo.

Y también existe un efecto de querer hacer vida social o de querer converger al grupo de iguales y muchos comportamientos selectivos surgen también por imitación social. Esto a todas las personas nos ocurre, pero a un adolescente joven especialmente más porque ese gregarismo, esa identidad con el grupo, es especialmente importante para ellos.

Otro factor de riesgo que se suele repetir son los sesgos cognitivos o las ideas equivocadas sobre la conducta o el problema, el que fuera. Existen ideas equivocadas que ayudan a mantener ese comportamiento adictivo o de riesgo sexual. Por ejemplo: la creencia de los adolescentes sobre los riesgos de la concepción. Pueden tener ideas equivocadas sobre la probabilidad de que la chica se quede embarazada en una relación sexual y les lleve ese sesgo a tomar mayor o menor riesgo porque no tienen la información necesaria. O por ejemplo, se ve en ludopatía, las probabilidades de ganar. Un adolescente seguramente vea que es muy capaz de ganar al póker online o poder conseguir dinero en una apuesta porque se siente con más capacidad de poder obtener ese premio del que realmente estadísticamente existe y también la ilusión de recuperar las pérdidas. Muchos ludópatas online o en otros entornos tienden a tener pensamientos sobre recuperación de su deuda que les hace seguir gastando dinero porque tienen la ilusión de que así van a recuperar aquello que han invertido.

Entre esos factores de riesgo, ¿las casas de apuestas que se están abriendo en tantos barrios pueden serlo?

Por supuesto. La accesibilidad tanto a la conducta de riesgo como a los mecanismos de protección o prevención influyen mucho en que se lleve a cabo ese comportamiento. Cuantas más casas de apuestas el adolescente ve, a su paso entre el instituto y su casa, son estímulos que le recuerdan la oportunidad de poder jugar. También, al contrario. Cuando existe acceso fácil a mecanismos de protección, por ejemplo, al preservativo para mantener relaciones sexuales eso también facilita que lo puedan asumir, y que puedan incorporarlo como una medida de protección.

¿Cómo puede un padre o una madre detectar que su hijo o hija está siendo objeto de alguna de esas conductas que ha mencionado? 

A veces es complicado. Generalmente los padres y las madres son quienes mejor conocen a sus hijos, pero es cierto que puede pasar inadvertido. Nuestra recomendación es que estén atentos, seguramente ya lo están haciendo, pero deben, no ser policías, pero sí estar algo vigilantes sobre todo en momentos sensibles como por ejemplo cuando los niños, los adolescentes, empiecen a acceder a internet y usar pantallas. En ese sentido nuestra recomendación es retrasar todo lo que se pueda el acceso a dispositivos que permitan abrirse a toda una serie de opciones para la que el adolescente puede no estar aún preparado. Cuanto más se retrase el chico va teniendo más tiempo para ir adquiriendo una madurez que le ayude a tener un buen uso. Los padres deben estar atentos, detectar si ven cualquier abuso y dejar muy bien claro unas normas y límites para el uso de estas pantallas.

En el perfil de este otro comportamiento de riesgo que trataremos en el simposio que son las conductas alimentarias, es quizá el perfil donde un chico o una chica que tiene este patrón dirigido a la pérdida de peso o la anorexia tiende a ser más manipulador y más hábil para ocultarlo e intentar que no se note. Aun así, los padres y las madres podemos detectar si hay algún indicio que nos haga sospechar (preocupación por la dieta, preocupación por el peso, que hagan demasiado ejercicio físico, que estén muy atentos a quemar calorías), y que verbalicen, muchas veces aunque manipulen, es raro no darse cuenta que algo está pasando. Entonces, que intenten ser buenos modelos y detectar pronto cualquier indicio y ante la duda recurrir a un profesional para pedir su opinión.

Y con respecto a las redes sociales, estas aportan poco positivo actualmente y más bien muchos factores problemáticos porque efectivamente, esto que estamos hablando, se multiplica. Es un mundo paralelo donde la apariencia lo es todo. Entonces un adolescente, en una red social, la que fuera, en cuanto a su aspecto, con la imagen, se puede sentir muy acomplejado si no cumple los estándares que él ve en las fotografías que observa. Sabemos que muchas de estas fotografías están retocadas, es una realidad muy ideal, no se corresponde con los cánones que funcionan en la vida normal y eso un adolescente puede no discriminarlo bien y eso le puede afectar tanto que quiera ser igual que lo que ve en las redes sociales cuando nosotros sabemos que se tiende a diferenciar bastante la realidad de lo que aparece en una fotografía en Instagram o en cualquier otra red social. Es un contexto que puede afectar negativamente. No es por demonizarlas, no es que las redes sociales sean malas porque sí, pero un adolescente puede fijarse en ciertos estereotipos que aparecen en las redes y que no se corresponden con la realidad y tener una idea también distorsionada de cómo debe ser un cuerpo sano o los valores que hacen triunfar en sociedad, o tener éxito como persona en un contexto grupal. Los valores en las redes sociales no se corresponden con valores de éxito en la vida real.

¿La prevención es otra de esas herramientas que puede evitar o minimizar conductas que conviertan en víctimas a los adolescentes? 

Son totalmente necesarias la prevención y la educación en el buen uso de tecnologías en este aspecto y otro tipo de conductas de riesgo en dar las estrategias y las competencias. Nosotros en prevención recomendamos una doble estrategia: por un lado, una estrategia más dirigida a fomentar competencias generales para la vida que son necesarias. Posiblemente algunas de ellas estén aprendiendo, pero no en todos los casos como por ejemplo habilidades sociales, capacidad de hacer amigos, de socializarse, de hacer valer tu opinión asertivamente, de forma sana, honesta y sin pasarlo mal. Muchos adolescentes tienen ansiedad social que unida a la timidez hacen que el adolescente se pueda sentir más seguro en según contextos como internet. Entonces una estrategia va dirigida a generar competencias generales, habilidad para tomar decisiones, habilidad para autocontrolar, para valorar las consecuencias, para decidir lo que uno quiere, para regular estados de ánimo negativos. Por ejemplo, en videojuegos se ve que muchos adolescentes no llevan bien el aburrimiento, no llevan bien un estado negativo porque haya surgido algún problema, sentimental, de familia, con los amigos…Entonces, conductas como el uso del móvil o de los videojuegos son conductas de escape a estados negativos emocionales. Sobrellevar mejor estos estados negativos, acostumbrarse a que son normales y manejarlos bien, eso es algo que también hay que enseñarles. Es este conjunto de estrategias generales de habilidades para la vida podríamos decir y que debería ir complementándose con estrategias específicas en momentos sensibles de ciertas edades de riesgo como por ejemplo para introducir de forma racional el uso del móvil o de internet o de las tecnologías y prepararles para posibles riesgos y/o buen uso y avisarles de los riesgos que puede tener una dieta restrictiva, educarles en una buena educación alimentaria y buena aceptación de su cuerpo además con información ajustada a la realidad y a lo saludable.

Hablamos de víctimas, pero también hay adolescentes agresores. ¿Esos comportamientos también se pueden detectar y prevenir?

Aquí normalmente se detectan cuando hay víctimas, ¿verdad? Porque cuando hay situaciones de acoso por internet suele ser la víctima la que presenta una señal y tirando del hilo es como se llega a quién está agrediendo, a quién está actuando así. Los programas para ciberbullying implican intervención sobre la víctima y sobre el agresor. También la agresividad en el entorno familiar. Muchos padres, cuando acuden a consulta, por problemas de adicción de sus hijos a los videojuegos comentan que se llegan a poner agresivos en casa cuando les retiran la consola o cuando intentan poner algún límite…Hay tensión familiar porque los padres quieren que estudien, el chico quiere jugar más rato, a escondidas juega, se levanta por la noche y genera problemas familiares de convivencia. Son casos donde el problema ha ido a niveles altos de gravedad y eso es una señal para intervenir profesionalmente.

¿Cómo se pueden impedir ambos casos, si se puede, o por lo menos evitar que vaya a más? ¿Es aquí donde entra la Intervención temprana?

Efectivamente. Detectar tempranamente, intervenir pronto antes de que el problema crezca y se complique, garantiza una mejor solución del problema y también evita sufrimientos en la familia y que el problema se agrave. Cuando los padres empiecen a sospechar que sus hijos tienen un problema es conveniente que pidan ayuda pronto. No es que lo dejen estar a ver si mejora solo porque no suele mejorar por sí solo. De hecho, como suele haber un escaso reconocimiento del problema en un joven, por ejemplo, adicto a los juegos de azar o adicto a los videojuegos, la primera fase tiene que ser motivarle a cambio y hacerle ver que efectivamente tiene un problema. Esto en los momentos incipientes es más realizable que cuando el problema está más arraigado.

Entonces intervención temprana y detectar para ello claro que son dos buenos consejos.

Puedes ver la entrevista completa a continuación:

 

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