“El ‘impacto emocional’, generado por la situación de alarma sanitaria y las estrictas medidas del confinamiento y distanciamiento social, el miedo al contagio, además de la COVID-19 como tema de información constante y prácticamente exclusivo en los medios de comunicación, han impactado de forma significativa en mayor o menor grado en la totalidad de las personas afectadas de cáncer y sus familiares”

Así lo afirma la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) en su nuevo informe sobre “El Impacto de la pandemia de COVID-19 en personas afectadas por cáncer en España”, un documento a través del cual se analizan las consecuencias a nivel sanitario, psicológico y social que ha producido la crisis sanitaria generada por el coronavirus SARS-CoV-2 en la población oncológica en nuestro país.

Tal y como señala la AECC, es primordial llevar a cabo una evaluación exhaustiva del impacto sanitario, psicológico y social de la crisis, en aras de detectar y abordar los principales riesgos que afronta la población oncológica en España tanto a corto como a largo plazo, analizando para ello, las variables que afectan a las personas con cáncer que experimentan distintos grados de vulnerabilidad e identificando a aquellos grupos sociales, hogares y personas que quedarán más expuestos a sufrir alteraciones significativas en sus niveles de vida.

Foto: Michelle Leman Fuente: pexels Fecha descarga: 16/07/2021

Con este propósito ha elaborado este informe, cuyos principales resultados recogemos a continuación:

  • Con el colapso inicial de la actividad asistencial en Hospitales y Atención Primaria se llevó a cabo una redistribución y priorización de los recursos y medios materiales, estructurales y humanos requeridos para tratar a las personas afectadas por la COVID-19, lo que derivó en la “suspensión y retrasos en pruebas y procesos diagnósticos, así como en algunos procedimientos terapéuticos de los pacientes oncológicos, entre otros.“

  • Según los datos, cerca del 26% de las personas diagnosticadas de cáncer en España durante el año 2020 en edad laboral (mayores de 15 años y menores de 65) se encontraban en situación de riesgo socioeconómico en el momento del diagnóstico. De acuerdo con la AECC, “esto supone un total de 28.195 personas con una situación laboral precaria ya sea por encontrarse en situación de desempleo, por ser trabajadores/as por cuenta propia, y/o por disponer de bajos ingresos”. Se estima también que 10.544 personas con edad laboral que recibieron un diagnóstico de cáncer se encontraban afectadas por un expediente de regulación de empleo temporal (ERTE) y en situación de precariedad laboral. El mercado de trabajo para las personas con cáncer evidencia una “desigualdad latente” entre hombres y mujeres con marcadas asimetrías en todas las variables, observándose mayor vulnerabilidad entre las mujeres.

  • De acuerdo con los profesionales de trabajo social de la AECC, las principales situaciones en las que se han detectado problemas por privación material han sido en la economía familiar: dificultades económicas para poder hacer frente al pago del alquiler (agravadas mucho en el 60% de los casos) o de hipoteca (54%) y las complicaciones para asumir el gasto de los suministros básicos (agua, luz, etc.) así como otros gastos de la vivienda (51%). Entre los problemas que se han elevado también durante la crisis destacan las dificultades para hacer frente al gasto de alimentación del hogar (49%), y al gasto en conceptos propios derivados de la enfermedad oncológica: problemas para asumir el gasto en productos de farmacia (23%) o de desplazamientos para recibir tratamiento (24%).

    Asimismo, se han agravado situaciones que suponen un riesgo de cronificación para aquellos pacientes oncológicos en situación socioeconómica vulnerable, como, por ejemplo, el tener que abandonar durante unas horas -y varios días- el trabajo para poder asistir a las sesiones de tratamiento, y que, en algunos casos puede llegar a afectar a la nómina del trabajador o la trabajadora y dificultar aún más su recuperación económica.

  • Las personas afectadas por cáncer no siempre han podido cumplir algunas recomendaciones emitidas por las autoridades sanitarias, por ej., ir al tratamiento en vehículo privado si no disponen de uno, en taxi cuando no se puede costear, o mantener el “aislamiento social” si se está viviendo en condiciones de hacinamiento.

  • La necesidad de cuidados que, en la mayoría de los casos, son llevados a cabo por familiares, se ha visto obstaculizada durante el confinamiento, surgiendo problemas de soledad y aislamiento social (41%), así como otras problemáticas relacionadas con el reparto de tareas y el cuidado de personas dependientes y/o menores (30%).

  • El informe subraya el grave impacto que ha tenido la pandemia desde la perspectiva de la salud psicológica en la población oncológica, derivada de una alteración del orden sanitario, psicológico y social “que ha excedido la capacidad de afrontamiento de la población”.

    A este respecto, diversos estudios han puesto de manifiesto el impacto significativo a nivel psicológico de las medidas de salud pública en la población, presentando insomnio, ira, incertidumbre, temor a ser infectado, incremento del consumo de alcohol o tabaco, aislamiento social, desarrollo de trastornos de estrés post traumático, ansiedad, depresión, somatización y la percepción de pérdida de la salud.

    El distrés, concretamente, es una medida habitual de las secuelas psicológicas y sociales de los pacientes y supervivientes de cáncer, que se asocia con la reducción de la supervivencia, de la calidad de vida y de la satisfacción con la atención médica. Los niveles más bajos de distrés se manifiestan en forma de miedo, vulnerabilidad y tristeza y los más elevados pueden derivar en depresión y ansiedad. En más del 28% de los casos, el diagnóstico de cáncer puede conllevar un impacto emocional tan intenso que sea necesaria intervención psicológica especializada.

  • La población oncológica constituye un grupo vulnerable ante la COVID-19 dado que, en general, “tienen una edad superior a los 55 años, múltiples comorbilidades y si están en tratamiento sistémico pueden presentar inmunodepresión”. A esto se añade el impacto de las medidas de salud pública, la saturación en los hospitales, la suspensión y retraso en las pruebas y tratamientos médicos, la desinformación y sobreinformación en torno a la COVID-19 en los medios de comunicación, etc.

  • Por otro lado, se ha observado una relación entre la cobertura asistencial y la calidad de vida de los y las personas con cáncer. Así, cuando se dan interrupciones en la asistencia médica para su proceso oncológico surgen niveles más elevados de ansiedad y depresión, de modo que el miedo a una falta de cobertura sanitaria en caso de necesidad “parece ser un factor importante en su bienestar y calidad de vida”.

  • El confinamiento ha tenido importantes efectos sobre los niveles de malestar psicológico clínico en la población con cáncer, principalmente, en relación con síntomas de ansiedad y depresión. Según los datos, el 34,3% de las personas con cáncer ha experimentado elevados niveles de malestar emocional como consecuencia del confinamiento.

  • España es el país de la Unión Europea más preocupado tanto por su salud como por la de su familia y su entorno cercano. De hecho, la proporción de personas que revelan estar muy preocupadas se ha incrementado durante los últimos meses. El informe destaca aquí el mayor grado de preocupación por la pandemia en pacientes de cáncer, “claramente superior al mostrado por la población general”: según el CIS, un 67% de las personas afectadas por cáncer frente al 59% de la población general (45% de acuerdo con datos de una estudio desarrollado por autores de la Universidad Complutense de Madrid con población española no oncológica).

  • Como señalábamos en párrafos anteriores, la contaminación informativa sobre la COVID-19 y la gestión de dicha información destacan entre principales factores relacionados con los niveles de ansiedad y depresión en los pacientes. Las cifras indican que cerca del 50% de los y las pacientes con cáncer que no son capaces de desconectar del flujo informativo constante sobre el coronavirus presenta malestar clínico.

    Las personas afectadas de cáncer han señalado dificultades para “frenar” el consumo de información de las redes sociales y de los medios de comunicación tradicionales,  en un periodo en que se han producido situaciones de confusión en los mensajes, aparición de bulos y noticias erróneas, y, en algunos casos, mala comprensión de los mensajes relacionados con el cuidado de la salud.

  • Las personas con cáncer experimentan un fuerte sentimiento de falta de control e inseguridad derivado de su propio proceso oncológico, viviendo preocupadas y en constante estado de alerta. Ante la exposición a una fuente de estrés prolongada, como es la crisis sanitaria actual por la pandemia, surge una mayor incertidumbre, que puede derivar en cansancio, pena, frustración, desánimo y desesperanza, desarrollando un estrés emocional “que acaba por mermar sus capacidades y habilidades emocionales”. A este respecto, se detecta apatía, desmotivación y una pérdida en la capacidad de disfrutar con actividades con las que antes se disfrutaba, y se vive con la sensación de peligro constante.

    Estos sentimientos han generado comportamientos de evitación como estrategia de afrontamiento ante el miedo, por ej., evitando salir de casa y/o recibir visitas (en el 75% de los casos) y dejando de leer noticias sobre la pandemia (en el 62%).

  • La edad y el sexo son variables que influyen en los niveles de malestar clínicos presentados. En este sentido, se registra un mayor nivel de malestar entre las mujeres, incrementándose las diferencias a medida que han transcurrido los meses de pandemia. Asimismo, cuanto más joven es el paciente, mayor es el malestar clínico que presenta. Los niveles de distrés entre las personas jóvenes con cáncer son clínicamente significativos. Según datos de un estudio llevado a cabo por el Instituto Nacional del Cáncer de Milán, las personas jóvenes afectadas de cáncer “se perciben a sí mismas con mayor riesgo de complicaciones graves ante una posible infección por COVID-19”, algo que, según los investigadores, podría deberse a la percepción de la situación como “una ruptura o amenaza a sus proyectos vitales todavía en construcción”.

  • Las situaciones que más han preocupado a las personas afectadas por cáncer durante el periodo de la segunda ola de la crisis sanitaria (diciembre 2020) son el miedo a contagiarse de COVID-19 (86%), seguido del temor ante el futuro (85%), la inquietud por la suspensión de los contactos (84%) y la inquietud por ver las calles y comercios vacíos (81%).

    El miedo a enfermar de COVID-19 es muy superior al que presenta la población no oncológica (86% frente al 57%), como también los es el dolor por la pérdida de algún familiar (45% vs 24%) y el miedo por no recuperar la vida tal como era antes de la pandemia (73% vs 59%).

  • La crisis sanitaria actual ha agravado también la soledad no deseada y el aislamiento social, especialmente entre las personas con cáncer ha experimentado gravemente esta situación, así el 40% de las personas afectadas de cáncer están sintiendo una situación de soledad no deseada muy significativa.

    De forma específica, el 12% de los y las pacientes siente que le falta compañía frecuentemente, el 11% sienten que están aislados/as de los demás, y el 9% ve dificultades en conectar con los demás, que “la gente está a su alrededor, pero no realmente con ellos”.

  • Por su parte, los familiares pueden presentar niveles de distrés y síntomas de ansiedad y depresión superiores a los que presenta la población general. Asimismo, según datos del servicio de atención psicológica de la AECC, tanto el nivel de distrés o malestar emocional como el nivel de estrés percibidos son superiores en el colectivo de familiares que en el de pacientes.

  • Las principales preocupaciones de los familiares son muy similares a las experimentadas por los propios pacientes de cáncer. Las situaciones que más preocupan a los familiares de los/as pacientes son la inquietud y el miedo de cara al futuro (85%), el temor ante la suspensión de los contactos y las relaciones cara a cara (84%), el miedo a contagiarse y enfermar por COVID-19 81%) y la inquietud por ver las calles y comercios vacíos (80%).

Dado lo anterior, el informe establece los siguientes desafíos en tiempos de COVID-19 para las personas afectadas por el cáncer:

  1. Diagnósticos no realizados. Una de cada cinco personas se quedó sin diagnosticar durante los primeros meses de la pandemia

  2. Miedo, indefensión, incertidumbre. Se observa un nivel elevado de impacto emocional tanto en pacientes como en familiares, que en lugar de reducirse se está incrementando.

  3. Soledad no deseada percibida, aunque físicamente no estén solos.

  4. Pérdida de empleo y de ingresos en colectivos de pacientes de cáncer vulnerables. Las personas con cáncer que durante los primeros meses de pandemia sufrieron un severo impacto económico a causa de la crisis sanitaria derivada de la misma, aún no se habían recuperado a finales de año.

Para la AECC, estos desafíos “son agravamiento de algunos viejos retos de la atención a las personas con cáncer ya existentes antes de esta crisis sanitaria”, entre ellos, las desigualdades en el acceso a medidas preventivas, el aumento de gastos en las familias debido al cáncer que lleva a las más vulnerables a caer en riesgo de pobreza, o los escasos recursos para recibir apoyo psicológico para afrontar el intenso impacto emocional de un diagnóstico de cáncer. En este sentido, la pandemia ha evidenciado la fragilidad del sistema sanitario y de protección social para hacer frente a la doble vulnerabilidad sobrevenida de la población oncológica (por el cáncer y por la COVID-19).

Con el fin de paliar el impacto de la pandemia en las personas afectadas por enfermedades oncológicas, la Asociación Española Contra el Cáncer señala la necesidad de abordar una serie de retos desde las administraciones públicas competentes, entre ellos, reforzar la atención psicológica a las personas con cáncer y sus familias desde el momento del diagnóstico y con especial atención a las necesidades y los miedos identificados a consecuencia del impacto de esta pandemia.

Fuente: Fernández B., de Haro D., Fernández A., Blanco M., Amador M.l., Yélamos C., Berzal E., González F.J., Grande I., (2021). Impacto de la pandemia de COVID-19 en personas afectadas por cáncer en españa. Observatorio del Cáncer de la AECC: Madrid

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