Recientemente se ha publicado la primera evaluación privada a gran escala sobre salud mental en soldados que han participado en las guerras de Irak y Afganistán en los últimos 6 años. El informe, difundido por la Corporación RAND, concluye que cerca del 20% de los miembros de las fuerzas armadas que regresaron de Irak y Afganistán, (300.000 soldados en total), presentaron síntomas de estrés postraumático o depresión mayor; sin embargo, sólo la mitad recibió tratamiento especializado. Además, el informe muestra que cerca del 19% de los soldados informaron haber sufrido un traumatismo cerebral.

Aproximadamente 1,64 millones de soldados estadounidenses han sido desplazados a operaciones de guerra en Irak y Afganistán. El daño psicológico tras las misiones militares en estos soldados es significativamente mayor que el daño físico. A pesar de esto, hasta la fecha no se han llevado a cabo estudios sistemáticos por entidades no gubernamentales que puedan dar una visión amplia de la realidad de este problema. La preocupación social sobre este tema está creciendo debido al creciente incremento de suicidios e intentos de suicidio entre los soldados que han participado en zonas de conflicto.

 

Para la realización del estudio, los investigadores seleccionaron una muestra de 1.965 soldados, tanto militares en servicio como veteranos, repartidos por todo el país y evaluaron la exposición a sucesos traumáticos y el riesgo de haber sufrido una lesión cerebral durante su desplazamiento a la zona de combate.

Los soldados informaron haber estado expuestos a un alto número de sucesos traumáticos. Alrededor del 50% fueron testigos directos del fallecimiento de un amigo durante el combate u observaron cómo un amigo cercano sufría lesiones de extrema gravedad; cerca del 45% observó el fallecimiento o la lesión grave de personas civiles; y más del 10% sufrió directamente lesiones requiriendo hospitalización.

Los niveles de trastorno de estrés postraumático y depresión entre los soldados fueron significativamente mayores que en la población general, siendo la exposición a sucesos traumáticos el predictor más robusto para la aparición de estos trastornos.

La depresión, el trastorno de estrés postraumático y el traumatismo cerebral producen un serio deterioro a nivel emocional, conductual y cognitivo. Sin embargo, muchos de los soldados evaluados en el estudio manifestaron no haber buscado tratamiento para estas secuelas psicológicas por miedo a la estigmatización y a la repercusión negativa en su carrera militar. Incluso entre aquéllos que buscaron tratamiento para la depresión o el trastorno de estrés postraumático, sólo la mitad recibieron tratamiento que los investigadores consideraron "mínimamente adecuado".

El estudio evidencia la necesidad de incorporar la evaluación y el tratamiento psicológico dentro del sistema militar. En concreto, el informe de la RAND recomienda la creación de un sistema de salud que permita a los soldados recibir tratamiento psicológico y psiquiátrico asegurándose su confidencialidad, así como enfatiza la urgencia de cambiar las creencias culturales acerca de la existencia de necesidades psicológicas dentro del sistema militar. Sugieren, además, un formación especial en "tratamientos basados en la evidencia" para los profesionales de la salud que trabajen con estos colectivos.

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