Hoy por hoy, la presencia de profesionales de la Psicología es ya una realidad en prácticamente todos y cada uno los ámbitos de la Justicia. Los psicólogos, integrados en equipos multidisciplinares en los que participan distintos operadores no jurídicos, desarrollan una labor imprescindible e insustituible en el sistema judicial. Sin embargo, la escasez de tiempo, medios y profesionales hacen de la suya una tarea diaria difícil de acometer.

El reconocimiento del trabajo de los psicólogos, por parte de los profesionales que desarrollan su trabajo junto a ellos, se ve en ocasiones injustamente empañado por acontecimientos como los asesinatos recientemente acaecidos en Alovera. Estos hechos han generado un considerable revuelo en los medios de comunicación, lo que ha producido, quizás, más confusión que claridad, cuestionando injustamente la labor de los psicólogos jurídicos.

Infocop ha querido entrevistar, con motivo de estos sucesos, a Javier Urra, Psicólogo Forense de la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia y de los Juzgados de Menores de Madrid, responsable de la Comisión Deontológica del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid y primer Defensor del Menor.

 
Javier Urra        

ENTREVISTA

Javier, durante años ha sido usted Psicólogo Forense de la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia y de los Juzgados de Menores de Madrid. En base a su experiencia, ¿cuáles están siendo los problemas a los que están teniendo que hacer frente los psicólogos jurídicos hoy en día en su labor diaria?

Para empezar, me gustaría señalar la gran demanda que hay actualmente de la intervención de los psicólogos jurídicos. Cada día se les valora más, y eso ha hecho que su ámbito de actuación se amplíe exponencialmente. Nacimos para incorporarnos a instituciones penitenciarias, juzgados de familia, juzgados de menores, etc., pero, posteriormente, han ido aumentando los ámbitos de la Justicia en los que se demanda el trabajo del psicólogo. Esto es muy halagador, pero también exige una enorme responsabilidad al colectivo de psicólogos.

Un ejemplo del gran reconocimiento del que gozamos los psicólogos jurídicos es que yo imparto cursos en la Escuela Judicial Nacional de Jueces y Fiscales. Se entiende que jueces y fiscales deben conocer a fondo los planteamientos de los psicólogos, porque, al fin y al cabo, trabajan con personas que tienen sus propias características cognitivas y emocionales, y necesariamente han de estar familiarizados con estas cuestiones.

Como Presidente de la Comisión Deontológica de Madrid puedo decir que más del 80% de las denuncias se producen contra compañeros adscritos a los Juzgados de Familia. Eso ocurre porque es un ámbito de trabajo donde siempre una de las partes está disconforme. Por poner un ejemplo, las luchas que se producen en las familias y en procesos de separación, generan muchos problemas en cuestiones de guarda y custodia. Además, es fácil en estos ámbitos tropezar con gente muy querulante, a lo que se suma que los abogados se han dado cuenta de que el perito psicólogo puede ser un eslabón débil en ese proceso de lucha.

Comenta que los abogados se han dado cuenta de que los psicólogos podrían ser un eslabón débil del proceso. ¿En qué sentido piensa que se les puede considerar de esta forma?

Hubo en su momento un abogado norteamericano, Ziskin, que propuso un proceso que se ha llamado la zikinización, que consiste en que, en el momento en que el psicólogo está en el tribunal defendiendo su informe, se le acosa con frases del tipo "conteste rápido", "conteste con un sí o un no", se le proponen opiniones contrapuestas de otros peritos... Esto lo hemos llamado los psicólogos jurídicos el degolladero de vacas sagradas, y se traduce en que el psicólogo jurídico entra al juicio muy seguro de su informe y sale del mismo con muchas dudas.

Me puede parecer bien que esto se haga, sobre todo para que los psicólogos jurídicos tengamos mucho cuidado con lo que escribimos, que no puede ser críptico, pero tampoco puede ser una novela. Lo que afirmemos tiene que basarse en la ciencia, ser replicable y demostrable. Ahora bien. ¿Qué ocurre en los Juzgados de Familia?. Cuando se habla de custodia, cuando hay dos abogados, uno de parte de la madre y otro del padre, muchas veces el psicólogo entiende que el niño debe estar con uno de ellos, por muchos criterios elaborados. El abogado de una de las partes, la que no sale con lo que desea, intenta un sistema de descrédito, y esto es profundamente grave.

En cualquier caso, sí es cierto que hay algún compañero que está cometiendo errores graves contra nuestro código deontológico, principalmente, psicólogos peritos de parte y no tanto psicólogos de los juzgados. Los primeros, lo que hacen, en muchas ocasiones, es afirmar que una de las partes, el padre o la madre, tiene un problema (es alcohólico, no le dedica tiempo al menor...), y lo están haciendo sin explorar a la persona, y sin explicar que no han hecho la exploración. Esto está generando muchas denuncias que tienen su lógica. No se puede hablar ni emitir un informe sobre alguien a quien no se ha evaluado.

Además, hay que valorar mucho la forma en que se tratan algunos temas, por ejemplo, el de los menores. En la última reunión de la Comisión Deontológica que se mantuvo en el CGCOP, se me nombró coordinador con el cometido de generar un anexo al futuro Código Deontológico, ahora en proyecto, sobre el tratamiento de menores. Un grupo de presidentes de Comités Deontológicos estamos colaborando con juristas para que todos los compañeros conozcan a fondo a qué nos referimos cuando hablamos de cuestiones como qué es la patria potestad, qué es la custodia, cuándo hay que informar a la otra parte... Estamos inmersos en todo este proceso que va a aclarar mucho algunas situaciones hoy complejas.

Bajo su punto de vista, ¿qué posibles vías de solución pueden ofrecerse a estos problemas?

Hay varias vías. Por ejemplo, para el caso de menores, estamos terminando de elaborar, desde el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, una Guía de Buenas Prácticas sobre temas de custodia y procesos de separación, que se publicará pronto y que se va a distribuir al resto de Colegios y Comisiones Deontológicas. Así mismo, para otros ámbitos, pueden incluirse anexos en el futuro Código Deontológico que eliminen la ambigüedad en cuanto a cómo deben proceder los psicólogos en diferentes situaciones que pueden crearles dilema.

En mi opinión, nos hace falta realizar una labor pedagógica con muchos de nuestros compañeros. En lo referente a los psicólogos que están trabajando en los juzgados, quiero apuntar que, en general, es gente muy bien formada, muy bien seleccionada, la mayoría con muchos años de experiencia y que trabajan bien. Lo que hay que saber y entender es que el ámbito en el que desarrollan su labor es muy conflictivo, y que, en numerosas ocasiones, cuando la gente pide justicia lo que pide realmente es que se le de la razón. Y son cosas muy distintas. Ese tema siempre va a suponer un equilibrio y una dificultad. El psicólogo lo que hace es quitar en algo la venda a la Justicia, hace ver otras perspectivas. Está muy reconocido por los juristas en este momento y lo que tiene que hacer es seguir trabajando como lo está haciendo: con seriedad, formándose constantemente, escribiendo y cuestionándose.

Te puedo decir, como Presidente de la Asociación Iberoamericana de Psicología Jurídica, que los psicólogos jurídicos estamos muy prestigiados en el mundo. El desarrollo del área ha sido espectacular en los 25 años que lleva la Psicología Jurídica de andadura, y así lo decía claramente el Ministro de Justicia, en una entrevista concedida a Infocop. Todo el mundo cuenta con nuestra misión y nuestra labor, pero hay que tener presente que siempre habrá un punto de conflicto por la naturaleza del ámbito en que desarrolla el trabajo.

Cosa bien distinta es plantearnos cómo tenemos que actuar ante algunos profesionales que, de manera reincidente, reciben denuncias continuadas. No por el hacho en sí de que hayan sido denunciados, sino porque al final las Comisiones Deontológicas comprueben que, en efecto, están actuando de manera errónea. Hay que perseguir a los colegiados que se equivocan de manera continuada. Y cuando no están colegiados, hay que informar a las instituciones y/o autoridades.

Esto que comenta nos lleva al caso de Alovera. Este caso, ha puesto en el punto de mira, de forma inmerecida, la actuación y la praxis de los psicólogos jurídicos en nuestro país. En su calidad de Presidente de la Comisión Deontológica del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, y como miembro de la Comisión Deontológica del Consejo, ¿cree que este caso demuestra la necesidad de que todos los psicólogos, sin importar que ejerzan en el ámbito público o privado, deban estar sometidos al Código Deontológico y a la potestad disciplinaria de la organización colegial? ¿Considera que quienes mejor sabrían juzgar la actividad profesional de los psicólogos son los propios profesionales organizados en el seno del Colegio?

Sin duda alguna, y de manera rotunda, sí. No puede haber distingos. La Psicología es una ciencia sanitaria, absolutamente equiparable a la Medicina. Un médico tiene que estar colegiado, trabaje o no en hospitales, en la Administración Sanitaria pública o privada, y los psicólogos también.

El caso de Alovera ha sido un ejemplo buenísimo para mostrar que los psicólogos no somos corporativistas. A esta compañera se le había abierto expediente informativo desde la Comisión Deontológica en 10 ocasiones, algunas de ellas quedaron en suspenso porque no se entendió que vulnerasen el código deontológico. En los casos en que se entendió que sí había vulnerado artículos del código deontológico se emitió el correspondiente informe deontológico. Cuando esta psicóloga decidió cesar su colegiación, imagino que para no tener que sufrir seguimiento por parte de la Comisión Deontológica, continuamos recibiendo denuncias. El COP informó a sus superiores de estos informes deontológicos negativos, y éstos, tras recibir además las quejas de las Concejalías de la Mujer de Torrejón y Coslada, le recriminaron de manera verbal su actitud. El Colegio de Psicólogos de Madrid y su Comisión Deontológica no han podido actuar mejor ni más rápido. Ha funcionado todo perfectamente.

Creo que sería muy bueno que todos los psicólogos, se encuentren en el estamento que se encuentren, estuvieran colegiados. Las Comisiones Deontológicas no somos fundamentalistas, no estamos posesión de la verdad, no perseguimos a nuestros compañeros, no nos consideramos jueces, pero bajo ningún concepto somos corporativistas. Yo tengo muy claro que soy Presidente de la Comisión Deontológica para defender, en primer lugar, y sin lugar a duda, a los ciudadanos, en segundo, a la Psicología y en último lugar a los compañeros.

¿Considera que las Comisiones Deontológicas funcionan correctamente?

Conozco muy bien la de Madrid y diría que el trabajo es excelente, por el equipo que lo compone, por el respeto que merece cada persona que lo integra, por la labor cotidiana que realizamos, porque estamos al día en todos los casos, porque nos reunimos horas y horas con cada caso... Se trabaja con muchísima seriedad y en un clima excelente. Yo sé que Madrid lo está haciendo bien. En relación a las Comisiones de otros Colegios no me atrevo a emitir un juicio. Sé quiénes son los Presidentes de las otras Comisiones y merecen todo mi respeto.

La realidad es que estamos muy activos y, sobre todo, que hay muy pocos psicólogos de los que, tras el correspondiente expediente disciplinario, se compruebe que han tenido actuaciones merecedoras de sanción. La mayoría trabaja francamente bien. Podemos ser ejemplo ante cualquier otro colectivo en cuanto a cómo desarrollamos nuestra labor deontológica.

Que se dé un caso en que un psicólogo trabaje de forma inadecuada, lo detectemos y lo sancionemos es simplemente prueba de que estamos funcionando como debemos hacerlo.

El Código Deontológico de cualquier profesión, constituye, sin lugar a dudas, un factor de protección para los usuarios que reciben los servicios. Usted ha realizado recientemente una investigación sobre los aspectos éticos y deontológicos en la Psicología, que apunta, una vez más, a la conveniencia de que los psicólogos conozcan en profundidad los principios éticos por los que deben regir su praxis. Así mismo, desde el Consejo de Colegios de Psicólogos se está promoviendo la actualización del actual Código Deontológico, actualización en la que está usted participando. ¿Cómo puede, bajo su punto de vista, la renovación del Código influir en una mejor praxis profesional?

Tenemos un magnífico código deontológico que ha funcionado muy bien durante todo este tiempo, pero ahora mismo han pasado 20 años desde su nacimiento. En esos 20 años han cambiado las situaciones. Entre otras cuestiones, ha nacido Internet, hay gente que hace psicoterapia en red, hay nuevas situaciones muy claras, por ejemplo, en cuanto a lo que es la confidencialidad, en cuanto a lo que es la intimidad y el honor, en cuanto a cómo se deben de manejar los informes en temas de menores. Este nuevo panorama obliga a plantearse elaborar un nuevo Código Deontológico, en el que han puesto un gran impulso Vicent Bermejo, Carmen del Río, y otra gente. Estamos colaborando, revisando, viéndonos con juristas, buscando la mejor formulación para el mismo, se debate todo. Creo que tendremos un código complejo, pedagógico y muy atractivo

El nuevo código dará respuesta a aspectos que el actual no da, que no aborda. Tras 20 años, la Psicología se ha desarrollado en muchas áreas. Las personas van a tener muchos referentes y criterios sobre lo que tienen que hacer. Además, amparará sistemas como los ámbitos de mediación, que el actual no recoge.

Se añade que es un código que busca educar, unir criterios entre los colegas y sancionar como última opción. Además, estamos elaborando anexos, en temas en los que, en general, surge conflicto, para que el psicólogo actúe sin que se le genere dilema. La idea es que el psicólogo sepa lo que tiene que hacer.

En mi tesis doctoral he descubierto un dato que me parece muy preocupante. Existe mucha contradicción en cuanto a cómo actuaría un psicólogo frente a un caso y cómo lo haría otro compañero. Por poner un ejemplo, el 49% de psicólogos en España, entiende que cuando está con un paciente, revelarle sus propios problemas psicológicos es bueno, porque eso le acerca al paciente. Un 51% es contrario a hacerlo. Esto es grave. La profesión tiene que tomar una decisión. Lo que no puede ocurrir es que un psicólogo responda de una manera y otro de otra, porque eso nos quita mucha credibilidad. Tenemos que abordar esos parámetros y aclararlos.

Por último, bajo su punto de vista, ¿cómo podría conseguirse una mayor difusión de su contenido entre los profesionales?

Creo que para su difusión es muy importante conseguir el compromiso por parte de las distintas facultades para que formen a los psicólogos antes de finalizar sus estudios. Es esencial que el futuro profesional se enfrente y conozca situaciones en las que va a tener que saber cómo actuar.

Una vez que el psicólogo ya se ha formado y está trabajando, la organización colegial tiene la obligación de revisar, reunir, elaborar planteamientos para comprobar que la gente se forma en cuestiones de ética (se trataría de una especie de ITV sobre cómo nos estamos conduciendo en este aspecto). A los psicólogos españoles nos falta, por ejemplo, la figura del supervisor. Precisaríamos un supervisor en nuestro trabajo cotidiano, pero esencial es la formación continuada en cuestiones de ética y deontología.

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