La Organización Mundial de la Salud (OMS) prevé que en el 2015, 2.300 millones de adultos tendrán sobrepeso y más de 700 millones obesidad. Un nuevo estudio publicado en Archives of Internal Medicine vuelve a dar la voz de alarma sobre las altas tasas de obesidad que se dan en países como EEUU.

España tampoco se libra de esta tendencia. En los últimos 15 años, se ha triplicado el número de niños con sobrepeso. Actualmente el 16,1% (un 11% más que hace cinco años) de los menores de entre 6 y 12 años es obeso, o lo que es lo mismo, uno de cada cuatro, situando a nuestro país en el cuarto de la Unión Europea con mayor número de niños con problemas de obesidad, según datos aportados por el Ministerio de Sanidad y Consumo y basados en el estudio enKid (Serra y Aranceta, 2004).

Debido a los riesgos para la salud que supone esta condición, la obesidad es considerada uno de los problemas de salud más importantes en nuestra sociedad: cada año, cientos de personas sufren serias complicaciones físicas y mentales como consecuencia directa de ella.

Numerosos estudios han puesto en evidencia el riesgo que presentan las personas obesas de padecer importantes complicaciones médicas como enfermedades cardiovasculares, colesterol elevado, hipertensión, cáncer, diabetes, afecciones respiratorias, artritis y enfermedades de la piel, entre otras.

Por otro lado, no es raro que la obesidad se acompañe de sentimientos de vergüenza, aislamiento y baja autoestima, por lo que una persona obesa sin tratamiento tiene mayor riesgo de desarrollar trastornos mentales como depresión, trastornos de personalidad o trastornos de ansiedad derivados de su condición física. Así mismo, son frecuentes los trastornos de alimentación crónicos, que pueden suponer un grave riesgo para la vida, como la bulimia nerviosa o la anorexia.

Tal y como señalaron para Infocop Online Isaac Amigo y José Errasti, el problema de la obesidad ha de ser abordado conjuntamente por nutricionistas y psicólogos. En este sentido, el psicólogo juega un papel fundamental, tanto en el tratamiento y abordaje de los problemas psicológicos asociados a la obesidad como en líneas más tempranas a través de la prevención y promoción de hábitos de conducta saludables.

La intervención psicológica, según detalló Rosa Calvo para Infocop Online, se debe centrar en disociar la comida con compensación emocional, corrigiendo las asociaciones inadecuadas y exclusivas que algunas personas establecen entre la comida y la emoción (tristeza con chocolate) o las ideas erróneas acerca de las propiedades de los alimentos. Así mismo, hay que romper el binomio imagen corporal-autoestima y propiciar que la autoestima personal se base en valores diferentes a la apariencia corporal.

La Psicología también tiene mucho que aportar a nivel preventivo, por ejemplo, promoviendo la incorporación de hábitos saludables en la población general. Como afirmaba Elena Peña, en una reciente entrevista publicada en este medio, "las actividades de promoción de hábitos saludables de alimentación deben ir dirigidas especialmente a la infancia, que es precisamente cuando se forman estos hábitos y cuando existe, además, la posibilidad de evitar los efectos a largo plazo de una alimentación inadecuada, promoviendo hábitos alimenticios adecuados (equilibrados) y combatiendo la idea de que un niño sobrealimentado es un niño sano".

En lo que respecta a prevención primaria de los trastornos de alimentación, en España se están impulsando iniciativas en los centros educativos promocionadas por psicólogos. En una entrevista realizada a Greta Noordebos, Infocop resaltaba la importancia del desarrollo de habilidades (autoestima positiva, asertividad, habilidades comunicativas, seguridad en la propia imagen corporal, etc.) y recursos en los niños y jóvenes, para enfrentar muchas de las situaciones de la vida cotidiana.

No obstante, los psicólogos no sólo deben actuar desde los centros educativos sino también a través de otros escenarios clínicos. La gravedad del problema de la obesidad, considerada una epidemia en nuestros días, así como las dificultades y el malestar psicológico que le acompañan, ponen de manifiesto nuevamente la importancia de la inclusión del psicólogo en los equipos de atención primaria, con el objetivo de promocionar tanto la prevención como la intervención desde estadios tempranos y mejorar la calidad de vida de estas personas.

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