Un reciente estudio publicado en la revista Archives of General Psychiatry ha puesto en evidencia la eficacia del tratamiento de exposición frente a la reestructuración cognitiva para la prevención del trastorno por estrés postraumático (TEPT) en pacientes de alto riesgo diagnosticados de trastorno por estrés agudo.

El trastorno por estrés agudo se caracteriza por el desarrollo de una fuerte respuesta de estrés (lo que se conoce como estado de shock) tras la experimentación de un suceso traumático. Su aparición está asociada al desarrollo posterior de TEPT, un trastorno de ansiedad que implica un grave deterioro en el funcionamiento diario y en la calidad de vida de la persona que lo padece, y que incluye síntomas asociados a la re-experimentación del suceso (flashbacks, sueños recurrentes, recuerdos intrusivos y no deseados...), así como un alto nivel de activación fisiológica y respuestas de evitación a estímulos asociados al suceso traumático.

Entre las estrategias de intervención más utilizadas en la práctica clínica para el abordaje y prevención del TEPT se encuentran la terapia de reestructuración cognitiva y la terapia de exposición. La primera, se basa en la reconstrucción de los pensamientos y respuestas asociadas al suceso traumático, mientras que la terapia de exposición se centra, por el contrario, en volver a exponer a la persona de alguna manera a los estímulos asociados al acontecimiento traumático con el objetivo de habituarle a dicha situación y así disminuir su nivel de respuesta de estrés. Algunos clínicos se muestran reacios a utilizar esta segunda estrategia debido a que suele causar cierto rechazo en los pacientes.


En el estudio anteriormente mencionado y llevado a cabo por investigadores de la Universidad de New South Wales (Sydney, Australia), se analizaron los efectos de la terapia de exposición en pacientes que habían desarrollado trastorno por estrés agudo tras la experimentación de un accidente de automóvil o una agresión. Participaron un total de 90 individuos, de los cuales 30 recibieron terapia de exposición, otros 30 tratamiento de reestructuración cognitiva, y los 30 restantes fueron asignados a un grupo control de lista de espera. Los dos grupos de tratamiento consistieron en 5 sesiones semanales de 90 minutos de duración. Se realizaron evaluaciones de los participantes al inicio del tratamiento, así como a las 6 semanas y a los 6 meses después de la intervención.

Al finalizar el estudio, 63 participantes completaron la totalidad del programa. Los resultados muestran que tan sólo un 33% de los integrantes del grupo de exposición (10 pacientes) mostraron síntomas de TEPT, frente a un 63% (19 pacientes) del grupo de reestructuración cognitiva y un 73% del grupo de lista de espera (23 pacientes). A los 6 meses de seguimiento los resultados se mantuvieron relativamente estables, ya que un 37% de los participantes del grupo de terapia de exposición (11 pacientes) presentaron síntomas de TEPT en comparación con un 63% (19 pacientes) del grupo de reestructuración cognitiva.

Por otro lado, al evaluar el grado de mejoría, un 47% de los participantes del grupo de exposición mostraron una remisión total de los síntomas, mientras que tan sólo un 13% de los individuos del grupo de reestructuración cognitiva alcanzaron este nivel.

Respecto a los niveles de participación, los autores del estudio señalan que los porcentajes de abandono fueron similares en ambos grupos de tratamiento: 17% en la terapia de exposición frente a un 23% en la terapia de reestructuración cognitiva. Además, los niveles de malestar asociados a la terapia de exposición remitieron significativamente después de la tercera sesión de tratamiento.

Una posible explicación que sugieren los autores a la luz de estos resultados es que la exposición, frente a la reestructuración cognitiva, permite el alivio de la ansiedad total asociada con el recuerdo del suceso y combate la tendencia a evitar los recuerdos asociados al acontecimiento (lo que genera un desgaste emocional importante para la persona y provoca el efecto contrario aumentando su nivel de activación emocional negativa). Así mismo, permite al paciente percibir cierto control sobre su ansiedad y entrenar dicha habilidad durante las actividades de exposición de manera controlada y supervisada.

En conclusión, los resultados de esta investigación sugieren que la activación directa de los recuerdos traumáticos a través de la exposición es particularmente útil para la prevención del TEPT en pacientes con trastorno por estrés agudo, frente a la reestructuración cognitiva. De esta manera, la exposición muestra ser una herramienta eficaz para la intervención temprana en personas que han presenciado un suceso traumático y que presentan alto riesgo de desarrollo de TEPT.

El artículo original puede consultarse en Archives of General Psychiatry: Bryant, R.A., Mastrodomenico, J., Felmingham, K.L., Hopwood, S., Kenny, Kandris, L.E., Cahill, C., Creamer, M. (2008). Treatment of Acute Stress Disorder: A Randomized Controlled Trial. Archives of General Psychiatry, 65, 6, 659-667.

Artículos Relacionados
LOS PACIENTES CON CÁNCER SON MÁS VULNERABLES A PADECER TRASTORNO POR ESTRÉS POSTRAUMÁTICO
LAS HERIDAS INVISIBLES DE LA GUERRA
ESTRÉS POSTRAUMÁTICO EN VÍCTIMAS DE ACOSO PSICOLÓGICO EN EL TRABAJO: LA INFLUENCIA DE LAS CREENCIAS
LA EFPA RECOMIENDA INCLUIR LA ASIGNATURA DE PSICOLOGÍA DE LOS DESASTRES EN LOS PROGRAMAS DE FORMACIÓN COMO PSICÓLOGO
LA RESISTENCIA Y LA VULNERABILIDAD AL TRAUMA SECUNDARIO
PROPUESTA DE ESPECIFICADORES DIAGNÓSTICOS VINCULADOS AL ESTRÉS Y EL TRAUMA: UNA APORTACIÓN A LA NOSOLOGÍA PSICOPATOLÓGICA