¿Cómo se relaciona la investigación clínica con decisiones y puesta en marcha de iniciativas de prevención y abordaje de la conducta suicida en los servicios públicos?

Podremos conocer la respuesta a esta pregunta de la mano de la psicóloga Adriana Goñi Sarries, especialista en investigación de la conducta suicida en el Servicio Navarro de Salud-Osasunbideah, durante la ponencia que impartirá el próximo 17 de febrero, en el marco de la VI Jornada de la Sociedad Aragonesa de Psicología Clínica sobre suicidio: prevención, intervención y posvención, un evento a través del cual se pretende dar voz a una realidad individual, familiar, social, legal, etc., hasta hace poco silenciada, y que supone un drama para todas aquellas personas que se ven afectadas por un suicidio.

Adriana Goñi es Licenciada en Psicología por la Universidad Central de Barcelona y Especialista en Psicología Clínica vía PIR autonómico (1989-1992). Desde 1998 es Psicóloga clínica en la Red de Salud Mental del Servicio Navarro de Salud, ostentando en la actualidad el cargo de Jefa de Servicio del área de Recursos Intermedios de la Gerencia de Salud Mental, del Servicio Navarro de Salud-Osasunbidea. Miembro de la Comisión Interinstitucional de prevención de la conducta suicida, es colaboradora docente (ha sido tutora PIR hasta 2021) y autora de publicaciones de la línea de investigación del suicidio en Navarra.  

Foto: Adriana Goñi Sarries

En la siguiente entrevista, abordará en detalle este grave problema de salud pública y “la importancia de investigar para prevenirlo”, que constituye el tema central de su ponencia.

ENTREVISTA

De acuerdo con los últimos datos del INE, el suicidio se mantiene como la principal causa externa de muerte en España y constituye el principal motivo de defunción entre las personas de 15 a 39 años en nuestro país. En su opinión, ¿a qué puede deberse esta elevada prevalencia?¿Cree que hay más suicidios de los que oficialmente se registran?

Los datos oficiales que disponemos en España no muestran, en general, una tendencia ascendente, aunque requiere mayor análisis el grupo de las mujeres y de los jóvenes de 20 a 30 años. Si bien es cierto que el registro probablemente no recoja todos los casos, pero en España ya es la primera causa de muerte externa. Constituye un problema de salud pública de primera magnitud. En 2020, primer año de pandemia, se recoge la mayor cifra histórica hasta el momento, aunque no se aprecia una tasa de mortalidad por suicidio significativamente mayor en este año, aunque sí hay una tendencia creciente desde mayo en adelante. Necesitaremos los datos de 2021 para ver la influencia de la pandemia en el suicidio, pero ya deberíamos estar adoptando medidas preventivas sobre todo para la población vulnerable, puesto que son muchas las voces que predicen un aumento como ya ha ocurrido en otras pandemias o circunstancias excepcionales.

Como experta, ¿qué señales pueden ser indicativas de ideación suicida?¿qué factores de riesgo y de protección se relacionan con la conducta suicida?

Las señales de alarma son indicios o avisos que pueden hacer sospechar que una persona esté ideando y/o planificando la muerte por suicidio. Muchas de ellas son normales en determinados momentos, pero si aparecen en personas vulnerables y con factores de riesgo, debemos explorar y vigilar. Se trata de señales verbales: expresiones de desesperanza, de inutilidad y fracaso personal, de ser una carga para los demás, de no merecer la pena vivir así; y señales conductuales como cambios bruscos de humor, alteraciones en el sueño y apetito, incremento de abuso de alcohol, aumento de conductas de riesgo, aumento de autolesiones, aislamiento social brusco, recaída del trastorno mental de base, buscar contenidos acerca del suicidio, arreglar temas pendientes, cerrar asuntos personales.

La conducta suicida es compleja, multidimensional y multifactorial, no ocurre por una sola causa y se va a necesitar una acumulación de causas, un desequilibrio entre factores de riesgo y de protección, así como unas condiciones adversas para que la persona, en visión de túnel, no pueda ver otra salida que la muerte. Conocemos factores de riesgo que pueden incrementar el riesgo y factores de protección que fortalecen los recursos para afrontar las adversidades, pero ninguno de ellos por sí mismos explican el suicidio. Los factores de riesgo no son factores explicativos, pero debemos conocerlos para hacer una evaluación contextual de la persona y de sus circunstancias. Entre los factores de riesgo el mejor conocido es haber tenido intentos de suicidio previos, este es un marcador clínico que siempre hay que explorar. Además de variables individuales y sociales como la edad, el sexo, situación de convivencia, situación laboral, enfermedades crónicas que cursan con dolor o discapacidad, trastorno mental, escasa red de apoyo o tejido social, experiencias de abusos o maltrato, antecedentes familiares de suicidio, entre otros. Como factores de protección es muy importante la integración y el apoyo social, la restricción del acceso a los métodos de suicidio, la accesibilidad a servicios sociales y sanitarios y variables psicológicas como la capacidad de resolución de problemas, la autoestima, la flexibilidad cognitiva, los valores espirituales, la resiliencia o el optimismo, por mencionar algunas.

Foto: shvets production Fuente: pexels Fecha descarga: 14/02/2022

Sabemos que usted participará este jueves en la VI Jornada de la Sociedad Aragonesa de Psicología Clínica sobre suicidio: prevención, intervención y posvención, con la ponencia titulada La importancia de investigar para prevenir. ¿Podría adelantarnos en qué consistirá y qué contenidos abordará durante la misma? ¿Por qué es esencial la investigación científica en la prevención del suicidio?

Mi presentación tiene por objetivo relacionar la investigación clínica con decisiones y puesta en marcha de iniciativas de prevención y abordaje de la conducta suicida en los servicios públicos. Me centro en Navarra, la comunidad que represento, y parto de la situación de desconocimiento que teníamos hace unos 8-10 años en esta materia. Hemos estudiado el perfil del suicidio consumado, hemos analizado la trazabilidad de los intentos de suicidio atendidos en los servicios de urgencias, hemos implementado un programa de seguimiento telefónico tras el alta de urgencias y evaluado su primer año de funcionamiento y ahora estamos ya en la implantación del Código Suicidio integrado en Historia Clínica.

La investigación es fundamental en la clínica, no solo para esta temática. Conocer cómo trabajamos en los servicios públicos, qué pasa con las personas que ingresan en unidad de hospitalización por conducta suicida, cómo cuidamos las transiciones entre los distintos servicios de la red pública de salud mental, cómo adherimos a los centros de salud mental a las personas atendidas en urgencias, qué les ofrecemos

En definitiva, saber cuáles son nuestras brechas en la cadena de cuidados. Otra línea es el trabajo de la postvención ante los suicidios consumados, tanto con profesionales (considerados las segundas víctimas) como con la familia. Por todo ello, si no analizamos nuestros procedimientos clínicos y no nos mantenemos al día, no podremos saber si hay áreas de mejora.

Con respecto a la intervención, ¿cuáles son las intervenciones más eficaces de acuerdo con la evidencia?

Sabemos ya bastante de las diferentes intervenciones de prevención. Si nos fijamos en una prevención universal (dirigida a toda la población) muestran evidencia las políticas de salud mental, las políticas dirigidas a la reducción del consumo de alcohol, restricción del acceso a métodos letales, la notificación responsable por parte de los medios de comunicación y las campañas de sensibilización e información. La prevención selectiva se dirige a la capacitación de “guardianes” o personas que se encuentran en una posición que les permite identificar a personas en riesgo; las líneas telefónicas de ayuda en crisis suicida y los programas escolares de educación y sensibilización sobre salud mental y suicidio. En cuanto a estrategias de prevención indicada -que es el ámbito donde nos encontramos la mayoría de los profesionales clínicos-, se dirigen a individuos vulnerables y destacan la evaluación y el tratamiento de los trastornos mentales, el tratamiento integral y multidisciplinar de las personas con intentos de suicidio.

Las intervenciones psicológicas muestran eficacia para reducir la ideación suicida y los intentos de suicidio, sobre todo la TCC en población clínica y la TDC para personas con diagnóstico de trastorno límite de personalidad. Además, se han desarrollado intervenciones breves con buenos resultados como el Plan de Seguridad (Stanley B.), el modelo de evaluación colaborativa y control de las tendencias suicidas (CAMS), el programa de intervención breve en tentativas de suicidio (ASSIP). Por último, destaca el modelo AIM-SP que propone un programa de cuidados para las personas en riesgo y en diversos contextos clínicos.

Para terminar, yo señalaría la necesidad de flexibilizar, si queremos ganar en eficacia cuando trabajamos con estas personas, ya que el fin último es contribuir a mejorar su vida.

¿Considera que la existencia de determinados mitos y creencias erróneas en la sociedad en torno al suicidio dificultan de algún modo la prevención y el correcto abordaje de esta problemática?

Sin duda, además están muy arraigados. Por ejemplo, se sigue pensando que solo las personas con trastorno mental se suicidan o que preguntar a alguien si está pensando en suicidarse puede incitar a hacerlo, o que quienes lo expresan nunca lo harán. Hay muchos mitos ya desacreditados por el cuerpo de conocimiento que ya disponemos, pero, sin embargo, persisten en la población.

Por eso, todas las iniciativas de divulgar y acercar el tema de forma rigurosa y responsable irán en su beneficio.

¿Qué rol desempeñan y pueden desempeñar aquí los medios de comunicación?

Los medios de comunicación adquieren un protagonismo esencial en la prevención del suicidio. Es importante que los profesionales de los medios de comunicación eviten descripciones detalladas de conductas suicidas, utilicen un lenguaje responsable, minimicen el protagonismo del suicidio, informen al público sobre el suicidio y los tratamientos disponibles y sobre dónde buscar ayuda.

En su opinión, ¿piensa que el abordaje del suicidio cuenta con un soporte asistencial suficiente en España? ¿Qué mejoras serían necesarias en este sentido?

A nivel asistencial, el abordaje del suicidio no tiene suficiente soporte en España, pero tampoco lo tiene la salud mental en general. Las redes públicas de salud mental han estado durante años precarias en cuanto a presupuestos económicos, en detrimento de mejora de las instalaciones, dotación de profesionales y puesta en marcha de modelos innovadores de intervención. La COVID-19 ha puesto el sistema aún peor, ya que la afectación de la salud mental ha sido importante y nos encontramos con plantillas escasas y se evidencia la falta de planificación que hemos tenido.

Para finalizar, ¿cuáles son sus expectativas con respecto a la celebración de estas Jornadas? ¿Desea añadir algún otro comentario?

Hace un año que los compañeros de Aragón la organizaron y tuvo que suspenderse por las restricciones de la pandemia. Personalmente me alegro de que hayan esperado y se pueda hacer de forma presencial. Echamos de menos los encuentros profesionales y personales. Abordar el suicidio es muy relevante y compartir las experiencias de otras comunidades nos enriquece a todos. Aunque en España no haya un plan nacional de prevención del suicidio, todas las CCAA están trabajando seriamente en ello y es necesario adoptar líneas de acción parecidas.

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VI Jornada SAPC - Suicidio: Prevención, intervención y postvención

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