María Márquez-González*, María Izal*, Ignacio, Monotorio*, y Andrés Losada**
*Universidad Autónoma de Madrid y **Universidad Rey Juan Carlos de Madrid 

 El estudio sobre cómo afecta el envejecimiento a nuestras emociones y su regulación es relativamente reciente. Las investigaciones realizadas hasta la fecha, llevadas a cabo fundamentalmente en los Estados Unidos, sugieren que, a diferencia de lo que ocurre en el ámbito biológico y cognitivo, la experiencia y regulación emocional parecen estar preservadas de los efectos adversos de la edad, e incluso podrían experimentar ganancias asociadas a ésta.

Márquez-González y cols. (2004) resumen las principales características diferenciales de la experiencia emocional de las personas mayores: a) la respuesta cardiaca de las personas mayores ante situaciones emocionantes es menor; b) las personas mayores experimentan menos emociones negativas y, cuando las experimentan, lo hacen con menos intensidad; c) frente a otros estímulos, atienden más a la información emocional, especialmente si es gratificante; y, d) en comparación con personas más jóvenes, controlan más sus emociones, presentan mayor estabilidad emocional y seleccionan más las situaciones en las que se involucran, de cara a optimizar su bienestar emocional.

La hipótesis de la madurez emocional asociada al envejecimiento explica estas diferencias aludiendo a la mayor experiencia acumulada por las personas mayores a lo largo de su vida, que les proporcionaría una mayor capacidad para controlar sus emociones. Por su parte, la Teoría de la Selectividad Socioemocional (Carstensen, 1993) postula que con el envejecimiento se produce un cambio motivacional, por el cual las personas, cuando envejecen, sitúan en el primer lugar de la jerarquía de metas la extracción de significado y la optimización de su experiencia emocional. Así, las personas mayores son más selectivas tanto en sus relaciones interpersonales como en las situaciones a las que se enfrentan. Esta hipótesis ayuda también a explicar el fenómeno de la paradoja del bienestar en la vejez, según la cuál, a pesar del incremento asociado a la vejez en la frecuencia de eventos vitales negativos (enfermedades, pérdidas afectivas, etc.), las personas mayores siguen manteniendo niveles similares o superiores de bienestar subjetivo.

 

En este estudio se pretende explorar diferentes aspectos de la experiencia y la regulación emocional, y compararlos en tres grupos de edad (jóvenes, mediana edad y personas mayores). Concretamente, fueron entrevistadas 160 personas de 3 grupos de edad (55 jóvenes, 54 de mediana edad y 51 mayores), evaluando su nivel de bienestar subjetivo (emociones positivas y negativas, y satisfacción con la vida), la intensidad de sus emociones, su control emocional percibido, su madurez emocional, su moderación de las emociones positivas y diversas estrategias de regulación emocional (selección de situaciones, supresión emocional y rumiación).

De forma consistente con la hipótesis de que la madurez emocional es mayor en las personas mayores, éstas informaron de una mayor capacidad para controlar sus emociones y optimizar su experiencia emocional. Además, no diferían de los jóvenes y de mediana edad en cuanto a la frecuencia con que experimentaban emociones negativas y positivas. En consonancia con la Teoría de la Selectividad Socioemocional, las personas mayores empleaban con mayor frecuencia que las jóvenes la estrategia de regulación emocional de tipo preventivo de selección de situaciones. Sin embargo, también se encontraron datos inconsistentes con la hipótesis de la madurez emocional y que incluso cuestionan la paradoja del bienestar en la vejez: las personas mayores y de mediana edad presentaban una menor satisfacción con su vida que los jóvenes, y experimentaban sus emociones positivas (y no las negativas) de forma menos intensa. Se encontró también que las personas mayores moderan o limitan más su experiencia de emociones positivas que los jóvenes y de mediana edad. De este modo, se perfila una hipótesis interesante: las personas mayores podrían ejercer el control emocional de forma especial sobre sus emociones positivas, limitando su experiencia y su intensidad.

Por otra parte, se encontró que las personas mayores emplean en mayor medida la supresión emocional o inhibición de la expresión de las emociones, estrategia considerada disfuncional e inefectiva en población adulta joven. Es posible que este resultado se relacione con el hecho de que los participantes mayores de este estudio fueron socializados en un contexto sociocultural con diferentes normas de expresión emocional y escaso entrenamiento en la introspección psicológica. Es probable también que exista actualmente una mayor presión social sobre las personas mayores para inhibir la expresión de sus emociones, asociada a visiones estereotipadas de la vejez como etapa de empobrecimiento emocional o "desconexión" del mundo. Si los mayores tienden a inhibir la expresión de sus emociones, podrían tender a no informar de sus estados emocionales negativos. En este sentido, existe alguna evidencia que sugiere que las personas mayores tienen una menor capacidad de reconocer la presencia de emociones negativas en sí mismos y en otras personas. La actitud de menor apertura hacia la expresión de emociones negativas por parte de las personas mayores estaría en la base de una hipótesis alternativa a la de la madurez emocional: la supuesta estabilidad o mejora en el funcionamiento emocional asociado a la edad podría ser el reflejo de dicha tendencia de las personas mayores a inhibir la expresión de sus emociones negativas. Este estudio apoyaría parcialmente esta hipótesis y contribuiría a hacer más evidente la necesidad tanto de optimizar y aplicar con mayor precaución los autoinformes a la población mayor como de desarrollar metodologías alternativas para evaluar el bienestar subjetivo en estas personas. Se trata, en definitiva, de estar mejor preparados para acceder al mundo emocional de las personas mayores de cara a poder atenderles de forma más adecuada y eficaz en los distintos ámbitos en los que viven o reciben asistencia.

Referencias bibliográficas:

Carstensen, L. L. (1993). Motivation for social contact across the life span: A theory of socioemotional selectivity. In J.E. Jacobs (Ed.), Nebraska Symposium on Motivation. Developmental Perspectives on Motivation. Vol. 40 (pp.209-254). Lincoln: University of Nebraska Press.

Márquez-González, M., Izal, M., Montorio, I., y Pérez, G. (2004). Emoción en la vejez: Una revisión de la influencia de los factores emocionales sobre la calidad de vida de las personas mayores. Revista Española de Geriatría y Gerontología, 39 (Supl 3), 44-51.

Este artículo se basa en el original aparecido en la revista Psicothema:

Márquez-González, M., Izal, M., Montorio, I., y Losada, A. (2008). Experiencia y regulación emocional a lo largo de la etapa adulta del ciclo vital: Análisis comparativo en tres grupos de edad. Psicothema, vol. 20, 616-622.

Sobre los Autores:

María Márquez-González. Doctora en Psicología Clínica y de la Salud y profesora de Psicología en la Universidad Autónoma de Madrid. Investigadora en el ámbito de la Gerontología es autora de diversas publicaciones internacionales y nacionales.

María Izal Fernández de Trocóniz. Profesora de psicología de la Universidad Autonoma de Madrid y pertenece al grupo de investigación Psicología Clínica y de la Salud durante el Envejecimiento PSICOGERO de la Comunidad de Madrid con registro en la Universidad Autónoma de Madrid.

Ignacio Montorio Cerrato. Profesor de psicología de la Universidad Autonoma de Madrid y pertenece al grupo de investigación Psicología Clínica y de la Salud durante el Envejecimiento PSICOGERO de la Comunidad de Madrid con registro en la Universidad Autonóma de Madrid.

Andrés Losada Baltar. Doctor en Psicología y profesor de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Su actividad investigadora está centrada en la intervención psicosocial con personas mayores y atención a la dependencia y ha publicado diferentes libros y artículos en revistas internacionales y nacionales.