Javier Horcajo(1), Darío Díaz(2), Pablo Briñol(1) y Beatriz Gandarillas(1)
Universidad Autónoma de Madrid(1) y Universidad a Distancia de Madrid(2)

Piensa en las siguientes situaciones: Cuando salimos de un cine en el que acabamos de ver una película, o cuando probamos los postres de un nuevo restaurante que nos recomendaron, ¿qué es lo primero que expresamos?, ¿nos gustó o no nos gustó? O cuando vemos en TV los sesudos debates sobre política, economía y actualidad, ¿qué pensamos de los tertulianos?; o cuando conocemos por primera vez a una persona, ¿qué conclusiones sacamos? ¿Pensamos en términos evaluativos, o simplemente hacemos un juicio frío, no valorativo de esos objetos o personas? Piense en cómo se comporta en términos generales en éstos y otros escenarios similares de la vida cotidiana.

Las personas evaluamos (bueno-malo) los objetos del entorno y juzgamos en términos evaluativos (positivo-negativo) a las demás personas con las que interactuamos directa o simbólicamente. A estas evaluaciones se las conoce con el nombre de actitudes y nos sirven, fundamentalmente, para guiar nuestro procesamiento de la información y nuestras conductas, a la vez que nos permiten mantener una identidad y expresar los propios valores personales (Eagly y Chaiken, 1993; Petty y Cacioppo, 1986). En definitiva, la evaluación, definida como un juicio valorativo (i.e., positivo-negativo) de las cualidades de un objeto, persona, propuesta o asunto, es una respuesta psicológica humana que está presente en la mayoría de las personas y en la mayoría de las situaciones.

Ahora bien, aunque esta predisposición a juzgar y a formarse opiniones es común en todas las personas, lo cierto es que la investigación ha demostrado que existen diferencias individuales en esta motivación; es decir, hay personas que están más motivadas que otras para formarse actitudes y usarlas para guiar sus juicios y conductas. Jarvis y Petty (1996) propusieron el constructo de Necesidad de Evaluación (NE) para referirse a esta predisposición o preferencia y desarrollaron un test para su medición que presentó unas adecuadas propiedades psicométricas en términos de fiabilidad y validez.

 

En un reciente trabajo, se ha adaptado y validado una versión en castellano del Test de Necesidad de Evaluación (TNE). A lo largo de diferentes estudios este instrumento ha mostrado unas propiedades psicométricas excelentes, destacando por su alta consistencia interna (los ítems del test miden con precisión el mismo constructo), su fiabilidad temporal (si administramos el test en momentos diferentes a la misma persona, los resultados son muy similares) o su validez convergente y discriminante.

El test original de NE se ha mostrado eficaz para predecir, por ejemplo, la velocidad de las respuestas automáticas que dan las personas en tareas de reconocimiento de estímulos evaluativos (e.g., en tareas de priming). En estas tareas se mide cómo de rápido es un individuo clasificando un estímulo (target) o tomando una decisión sobre el mismo, en función de la presentación previa de otro estímulo (prime) que puede ser evaluativamente congruente o incongruente. El efecto del priming se encuentra cuando una persona es más rápida respondiendo ante estímulos (prime y target) evaluativamente congruentes (e.g., ambos positivos). Los estudios con el test de NE muestran que este clásico efecto ocurre sobre todo con las personas altas en NE y esto sugeriría que sus actitudes son más accesibles que las de las personas con baja NE. Esto es un hallazgo importante para este ámbito de estudio puesto que las actitudes que son accesibles afectan al procesamiento de la información y la conducta en mayor medida que las actitudes que son menos accesibles.

Por otro lado, el test de NE también se ha mostrado como una medida válida y fiable para predecir el comportamiento de las personas fuera del contexto de laboratorio. Por ejemplo, usando datos de encuestas de elecciones nacionales en EE.UU., Bizer y cols. (2004) encontraron que las personas con una alta NE tenían una mayor cantidad de opiniones evaluativas sobre los candidatos políticos y, además, usaban en mayor medida estas opiniones para determinar sus preferencias hacia dichos candidatos. Como consecuencia, la NE predijo la intención de voto hacia un candidato. Además, los individuos con altas puntuaciones en NE también mostraron una mayor implicación en la política, realizaron un mayor uso de los medios de comunicación para obtener información relevante y presentaron una mayor intensidad en sus reacciones emocionales hacia los distintos candidatos políticos.

La versión en castellano del TNE puede ser de gran ayuda a investigadores y psicólogos que trabajen con población castellano parlante, en muy diversas áreas. Por ejemplo, se pueden plantear importantes cuestiones para la investigación futura, tales como por qué dichas diferencias individuales ocurren, o cómo se desarrollan. Asimismo, además de las obvias implicaciones para el estudio de la formación, el cambio o la fuerza de las actitudes y su valor predictivo sobre el comportamiento, también proponemos que el TNE puede ayudar significativamente en el estudio de distintos fenómenos psicosociales, como la percepción de personas, las percepciones endo- y exo-grupales (e.g., los estereotipos y prejuicios), o la propia auto-evaluación (i.e., la autoestima). Finalmente, también merece una especial mención la importancia que el uso del TNE podría tener para las agencias gubernamentales y las empresas que dedican un gran esfuerzo presupuestario a intentar modificar las actitudes hacia distintos temas de interés público, social y comercial (e.g., mediante anuncios publicitarios que tratan de modificar las actitudes hacia una determinada marca o producto). Concretamente, algunas de estas campañas publicitarias podrían tener un mayor efecto, por ejemplo, sobre aquéllos en los que la evaluación es una respuesta dominante (i.e., los altos en NE). En este sentido, conocer la NE de la audiencia hacia la cual va dirigida una campaña publicitaria o de salud pública podría ayudar a establecer las estrategias persuasivas más adecuadas para obtener los objetivos de dicha campaña.