Itziar Fernández Sedano(1), Darío Páez Rovira(2), y James W. Pennebaker(3)
(1)
Universidad Nacional de Educación a Distancia, (2)Universidad del País Vasco, y (3)The University of Texas at Austin

En mayor o menor medida todas las personas que vivenciaron los atentados terroristas del 11 de septiembre en Nueva York (11-S) y los sucesos que acontecieron el 11 de marzo en Madrid (11-M) han sentido la necesidad de comunicar sus sentimientos, pensamientos y emociones. La discusión sobre las causas, la posibilidad de prevenirlos, las consecuencias de la catástrofe y la atribución de responsabilidades han centrado una parte importante del discurso social tras dichos sucesos. Además, han producido reacciones colectivas de denuncia, conductas altruistas, así como un conjunto de cambios sociales y procesos psicosociales.

Investigaciones experimentales muestran que escribir sobre las emociones sentidas en relación a hechos traumáticos mejora la salud psicofisiológica a medio plazo, incluso cuando se narra sobre traumas que no se han vivido personalmente. Igualmente, estudios clínicos sugieren que escribir sobre hechos traumáticos acaecidos a personas cercanas tiene efectos terapéuticos.

La conveniencia de hablar sobre lo ocurrido y que esto es positivo para el ajuste emocional forma parte de las creencias sociales compartidas en nuestra cultura. De este modo, y tal y como indica Luis Rojas en su libro "Más allá del 11 de septiembre. La superación del trauma", al relatar y describir las imágenes de horror acumuladas en la memoria emocional las trasladamos a la memoria verbal y minimizamos la posibilidad de que se enquisten (Rojas Marcos, 2002, p. 78). Así, más del 80% de los estadounidenses entrevistados afirmó haber hablado sobre lo ocurrido tras el 11-S.

Al menos dos investigaciones han evaluado la eficacia del testimonio narrativo en víctimas de violencia colectiva. En un contexto de apoyo y neutralidad terapéutica, se busca que la persona reconstruya una narración y testimonio sobre lo ocurrido. Se le pide que hable de su vida antes del hecho traumático. Luego que reconstruya las imágenes, sensaciones y sentimientos. Dentro de lo posible se busca otorgarle un sentido –porqué y cómo ocurrió lo que ocurrió–. Es importante que el recuerdo y la narración impliquen no sólo activación emocional, sino también una actividad cognitiva de elaboración, de atribución de significado y de reinterpretación. La narrativa debe restaurar el sentido de control y la dignidad de la víctima. En la técnica del testimonio se crea una narración. Se transcribe y corrige con el paciente. Se genera coherencia, resolviendo las contradicciones y aclarando los puntos oscuros. Por último, el paciente lee su narración y si éste está de acuerdo, se firma el documento como testimonio. Un estudio sobre la valoración de la eficacia de la técnica del testimonio encontró una mejora sustantiva en los síntomas de trastorno de estrés postraumático, aunque no en los de duelo complicado, a los seis meses de seguimiento.

Los estudios sobre las características de las narraciones de hechos traumáticos y estresantes, realizados con personas sin trastornos, en contextos de laboratorio, durante un periodo de 1 a 5 días en sesiones de 20 minutos, también aportan elementos congruentes sobre la técnica del testimonio. Si bien a corto plazo los participantes están peor en síntomas afectivos (narrar provoca revivir y agrava el estado de ánimo) a medio y largo plazo se encuentran mejor en afecto positivo y visitan menos al médico –es decir, tienen mejor afectividad o salud mental y aumentan en índices fisiológicos (por ejemplo, inmunitarios).

La confrontación de hechos traumáticos, mediante la expresión tanto verbal como escrita, tiene efectos positivos más substanciales en personas con más dificultades de verbalización emocional, en hombres que en mujeres y en participantes con puntuaciones elevadas de alexitimia, es decir, en individuos que tienen dificultades para verbalizar sus emociones. Además, Pennebaker ha constatado que escribir o narrar tanto sobre los sufrimientos y traumas colectivos reales, como sobre escenarios imaginarios tiene efectos tan beneficiosos como narrar sobre un trauma personal real, probablemente estos efectos positivos tengan que ver con la capacidad del manejo de emociones negativas.