Jesús Palacios - Universidad de Sevilla(1)

En relativamente poco tiempo, la adopción ha pasado de ser un hecho privado de unas pocas familias, a convertirse en un fenómeno con gran visibilidad social. Durante años, la adopción tenía que ver con parejas infértiles y con bebés abandonados y sin especiales problemas. El trabajo profesional era relativamente simple: valorar la idoneidad de los solicitantes y asignarles uno de los bebés adoptables. Las cosas han cambiado muy considerablemente en poco más de una década. Han cambiado por lo que se refiere a los niños y niñas que se adoptan: los bebés sanos son una clara minoría, predominando ahora niños y niñas de distintas edades, que han tenido experiencias adversas previas más o menos prolongadas, que han pasado por periodos frecuentemente significativos de institucionalización en condiciones muchas veces poco deseables y que, con mucha frecuencia, han sido adoptados internacionalmente. Las cosas han cambiado también por lo que se refiere a quienes adoptan: parejas casadas o no casadas, con o sin hijos previos, personas sin pareja, parejas del mismo sexo, etc. De forma inevitable, las cosas han cambiado también respecto a la intervención que los profesionales de la Psicología llevan a cabo, una intervención que se ha ido haciendo crecientemente compleja y diversa.

Las tareas profesionales ya no se limitan a la valoración-asignación, habiéndose multiplicado para atender a las necesidades que se plantean antes de la adopción, durante el proceso de adopción y en el periodo post-adoptivo. Probablemente la actividad más destacada antes de la adopción sea la preparación de los solicitantes a través de sesiones informativas y de programas de formación para la adopción, de los que es un ejemplo el que se elaboró para Andalucía (última edición, 2006). El objetivo fundamental es preparar a los adoptantes para hacer frente a los retos de la adopción (la llegada y los primeros momentos, la comunicación sobre adopción, claves para entender algunas conductas difíciles y para responder adecuadamente ante ellas, características de las adopciones de niños mayores o grupos de hermanos, etc.).

Ya en las puertas de la adopción se encuentran dos intervenciones profesionales destacadas: la valoración de idoneidad y la asignación de niños o niñas concretos a familias concretas. Sin duda alguna, la valoración de idoneidad ha sido y sigue siendo la tarea profesional a la que más tiempo y discusión se ha dedicado. Se trata de hacer un pronóstico de en qué medida unos solicitantes concretos reúnen las características que se consideran necesarias para adoptar con éxito. En años recientes, ante el boom de la adopción internacional, cientos de profesionales de la Psicología se han visto implicados en esta tarea, haciéndolo con distintos grados de familiarización con la problemática de la adopción. El Ministerio de Educación, Política Social y Deportes acaba de publicar un Manual para intervenciones profesionales en adopción internacional. Valoración de idoneidad, asignación de menores a familias y seguimiento postadoptivo (Palacios, 2008) que ofrece detallados protocolos elaborados desde un modelo conceptual basado en las necesidades de los niños y niñas que son adoptados y en las capacidades de los adoptantes necesarias para darles cumplida respuesta. Con esa lógica, se abordan la valoración de idoneidad, la asignación de niños a familias y el seguimiento post-adoptivo. Aunque el trabajo se encargó en relación con la adopción internacional, el contenido puede aplicarse a la adopción nacional con apenas modificaciones.

Conviene añadir que en una parte de esta fase alrededor del momento de la adopción intervienen también profesionales de la Psicología que trabajan en las llamadas Entidades Colaboradoras de Adopción Internacional (ECAIs), que completan la formación de los solicitantes, ayudan a preparar y organizar el desplazamiento y llevan luego a cabo una importante labor de seguimiento y apoyo una vez que la adopción se ha producido, en parte porque son muchos los países que exigen la emisión de informes de seguimiento durante un cierto tiempo.

Finalmente, los servicios post-adopción van ganando una importancia y una visibilidad crecientes. Los profesionales de la Psicología que en ellos trabajan atienden típicamente tres tipos de demandas: por una parte, asesoramiento ante determinadas situaciones o problemas (por ejemplo, en relación con pautas educativas). Por otra parte, trabajo terapéutico cuando surgen problemas de mayor calado (trabajo que típicamente suele implicar al sistema familiar). En tercer lugar, mediación en relación con la búsqueda de orígenes (en la mayor parte de los casos, búsqueda de información, pero en ocasiones intentos de contacto).

Sin duda alguna, los profesionales de la Psicología han contribuido y contribuyen de manera muy significativa en los muchos y variados temas relacionados con la adopción. Pero también sin duda, la adopción ha ofrecido y ofrece a muchos psicólogos y psicólogas amplias oportunidades para el desarrollo profesional.

(1) Este texto está escrito durante la estancia de su autor en el Departamento de Psicología Social y Evolutiva de la Universidad de Cambridge con financiación del Ministerio español de Ciencia e Innovación (PR2008-0291).

El artículo original puede consultarse en la revista Papeles del Psicólogo:
Palacios, J. (2009). La adopción como intervención y la intervención como adopción. Papeles del Psicólogo, 30, 53-62.

Sobre el autor:

Jesús Palacios es catedrático de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Sevilla y catedrático visitante de la Universidad de Cambridge. Su actividad docente e investigadora está ligada a la temática de familia y desarrollo, con especial dedicación a cuestiones relacionadas con la protección infantil (maltrato, acogimiento, adopción).