Rafael Ballester Arnal1 y Mª Dolores Gil Llario2
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Universidad Jaime I de Castellón y (2)Universidad de Valencia

El abuso de alcohol constituye uno de los grandes problemas de la salud pública. El patrón más frecuente de consumo actual entre los jóvenes se caracteriza por atracones durante los fines de semana que son considerados como una forma inocua de diversión ya que no se perciben los riesgos asociados (accidentes de tráfico, conductas sexuales de riesgo para el contagio del VIH, etc.).

En un estudio realizado por nuestro equipo (Ballester y Gil, 2009) se ha aplicado el CIACS-III (Ballester y Gil, 2007) a 574 jóvenes de diversos municipios de toda la Comunidad Valenciana (67,9% chicas y 32,1% chicos) de entre 18 y 24 años. Este cuestionario recoge información sobre el comportamiento, información y actitudes de los adolescentes y sus padres respecto al consumo de alcohol.

Los resultados muestran que el 60% consume habitualmente alcohol durante los fines de semana en grandes cantidades (el 44% de los participantes consume un litro y el 20%, dos). Más del 80% considera que tiene suficiente información acerca de los efectos del alcohol aunque el 52% cree que el alcohol puede ser beneficioso para la salud en algún sentido. Beben los fines de semana para evadirse de los problemas (57%), facilitar las relaciones sociales (77%) y sobre todo la diversión (83%). El 87% cree que el alcohol sólo es perjudicial si se consume diariamente; el 85%, sólo si se consume durante muchos años; el 74% sólo si se llega a la embriaguez o se mezclan distintas bebidas; el 67%, sólo si se mezcla con otras drogas; el 63%, si se tolera poco; y el 51%, si no se ha comido previamente. Para el 89% el consumo de alcohol entre sus amigos es algo habitual. El 81% informan que sus padres toman vino o cerveza en las comidas, y más del 30% whisky y carajillo. Estos altos porcentajes contrastan con el 87,5% de jóvenes que indican que en su casa está muy mal visto el consumo de alcohol. Hay que destacar, por otro lado, que el 12% de jóvenes encuestados indica que en sus casas no está mal considerado el consumo de alcohol.

Si analizamos por sexos vemos que los chicos consumen en mayor medida alcohol (más borracheras) y no sólo los fines de semana. Las chicas beben sobre todo en celebraciones porque les resulta más fácil relacionarse, aunque piensan que el alcohol deteriora la salud siempre. En su caso, el alcohol está peor considerado por los padres que en el de los chicos. 

La correlación entre variables mostró que consumir durante los fines de semana y emborracharse correlacionan significativamente entre sí. Es decir, su consumo es compulsivo. En segundo lugar, el consumir los fines de semana correlaciona con el consumo habitual de alcohol en el grupo de amigos, con la aceptación de la presión grupal y el consumo paterno de alcohol corroborando el modelado que padres y amigos ejercen sobre ellos. Y lo mismo ocurre con la embriaguez. La búsqueda de variables predictivas a través de análisis de regresión subrayó de nuevo la baja percepción de riesgo, creencias incorrectas sobre efectos del alcohol y comportamiento desafiante (ver Ballester y Gil, 2009).

Todos estos resultados confirman la tendencia al aumento del consumo de alcohol, tanto comparado con décadas anteriores como con el segmento anterior de edad, en la línea de los resultados obtenidos por el Observatorio Español sobre Drogas (2007). Sólo el 1,7% de los encuestados no bebe nada frente al 9,5% de los adolescentes entre 15 y 17 años que obtuvimos en un trabajo previo (Ballester, Gil y Guirado, 2000).

Por otro lado, más de un 80% han crecido viendo beber alcohol en casa de forma habitual. En el 87% de los hogares de los entrevistados está mal visto el consumo de alcohol, pero en el 80% es consumido por los padres. Esta doble moral, aquello de "haz lo que yo digo pero no lo que yo hago" tiene nefastas repercusiones en la prevención del consumo de alcohol.

Como conclusión se puede destacar la relación existente entre el modelado del consumo por parte de amigos y padres y la gestación de patrones desadaptativos. Las creencias de los jóvenes (peores en el caso de los chicos) con respecto a las consecuencias del consumo de alcohol para la salud son acordes con su comportamiento. En la base de ambos está el estándar socialmente validado del modo en que se debe desarrollar el ocio a esas edades mantenido por una elevada presión grupal. Hay que estar desinhibido a nivel social, evadirse de los problemas y estar contento para estar bien visto en el grupo, a todo lo cual contribuye el alcohol. Mientras se mantengan estas exigencias, el consumo abusivo de alcohol (o el de otras drogas con efectos semejantes) se mantendrá impermeable a los intentos de prevención por lo que atender a la gestión del ocio, adquirir habilidades de asertividad ante las exigencias grupales e intervenir a nivel familiar se muestran aspectos clave a desarrollar en los programas de prevención primaria y secundaria.

El artículo original puede encontrarse en la Revista de Psicopatología y Psicología Clínica:

Ballester, R. y Gil, M.D. (2009). ¿Por qué los jóvenes se dan atracones de alcohol los fines de semana? Estudio sobre creencias y actitudes relacionadas con este patrón de consumo y diferencias de género. Revista de Psicopatología y Psicología Clínica, 14, 25-35.

Referencias bibliográficas:

Ballester, R. y Gil, M.D. (2007). Cuestionario de información, actitudes y comportamientos relacionados con la salud (CIACS-I, II y III). V World Congress of Behavioural and Cognitive Therapies. Barcelona, 11-14 julio.