Jesús Saiz y Alejandro Chévez
Grupo 5, Gestión y Rehabilitación Psicosocial

Tal y como se ha venido recogiendo en distintas guías y manuales (Modelo de Atención a las Personas con Enfermedad Mental Grave, Guía de Práctica Clínica sobre la Esquizofrenia y el Trastorno Psicótico Incipiente), cada vez es mayormente reconocida la necesidad de implementar tratamientos psicosociales y socio-comunitarios en pacientes diagnosticados dentro del espectro de Trastorno Mental Grave y Crónico.

El concepto de Trastorno Mental Grave y Crónico (TMGC) es empleado para definir a un extenso y heterogéneo grupo de personas que sufren trastornos psiquiátricos graves. Éste abarca cuando menos tres dimensiones. En primer lugar, hace referencia a una dimensión diagnóstica definida en los manuales CIE-10 y DSM-IV-TR, por la cual este grupo está constituido por personas diagnosticadas fundamentalmente de psicosis funcionales (en especial esquizofrenia, así como trastorno afectivo bipolar, trastornos delirantes, trastornos esquizoafectivos, etc.). En segundo lugar, el TMGC implica impedimentos que se materializan en una serie de dificultades para el desenvolvimiento autónomo en las diferentes áreas de la vida personal y social. Y finalmente, el carácter crónico de estos trastornos implica que su evolución será larga y en ocasiones de por vida, lo cual exige unas medidas especiales para su tratamiento.

La atención ofrecida a este colectivo ha progresado en una dirección en la cual se abandona la exclusividad del tratamiento hospitalario, por una aproximación orientada al ámbito socio-comunitario, buscando activamente la integración social de estos pacientes. Algunos de los factores que se conjugaron para hacer necesario este giro fueron: la saturación de los antiguos centros psiquiátricos; la ausencia de tratamientos estandarizados y una escasa dotación presupuestaria a mediados de siglo; la aparición de las primeras experiencias de comunidades terapéuticas (Maxwell Jones) y distintos teóricos que abogaron por un cambio radical de las instituciones psiquiátricas (Goffman, Cooper, Szasz, etc.); así como importantes avances en farmacología y en terapias psicosociales basadas en la evidencia científica.

Específicamente, la intervención socio-comunitaria con sujetos con TMGC podría definirse como aquella que implica una doble tarea: a) la de acercar al paciente a la comunidad y facilitar su inserción y participación socio-comunitaria, y b) la de aproximarse al grupo social y promover procesos de aceptación del enfermo mental. Esta intervención implica un tratamiento en el contexto del paciente, fuera de los límites de una institución, e incluye un trabajo multidisciplinario.

De los distintos modelos y recursos dirigidos a este tipo intervención, destacan el Tratamiento Asertivo Comunitario (TAC) y el Acompañamiento Terapéutico (AT), por contar con un mayor sustento empírico y un consistente desarrollo teórico-clínico a nivel internacional.

Presentado en un principio para combatir el fenómeno de la "puerta giratoria", el TAC se caracteriza por estar constituido por un equipo multidisciplinar, que ofrece una atención integral socio-sanitaria. Su objetivo fundamental es el desarrollo de la autonomía y la inclusión social del paciente, su metodología ha demostrado ser eficaz y su implementación posee una larga trayectoria en países anglosajones. Por otra parte, el AT, tomando en consideración que la capacidad de establecer un lazo social saludable es lo que se encuentra fundamentalmente alterado en los sujetos con TMGC, formula como objetivo inicial promover el vínculo entre la persona y los agentes de tratamiento, para luego generalizarlo hacia el medio comunitario.

Un ejemplo práctico de implementación de intervención socio-comunitaria con sujetos con TMGC, es el trabajo de los Equipos de Apoyo Social Comunitario (EASC) en la Comunidad de Madrid. Los EASC son equipos multidisciplinares creados para facilitar el mantenimiento en su domicilio y en la comunidad de personas con TMGC con mayores dificultades de integración. Aunque los profesionales que los integran son del ámbito social (psicólogo, trabajador social y educadores sociales), los EASC mantienen una estrecha coordinación e integración con el Centro de Salud Mental (CSM) de su zona geográfica. De esta manera, uno de los principales objetivos de los EASC es el de "fomentar y facilitar la vinculación regular y adecuada del usuario con el CSM, con otros recursos específicos de atención social y con recursos comunitarios que contribuyan a mejorar su calidad de vida".

Finalmente, este tipo de intervención implica ciertas particularidades que deben ser especialmente tomadas en cuenta para la práctica. El tratamiento "in vivo", dentro del propio contexto del paciente y fuera de una institución, ofrece inigualables ventajas para la generalización de nuevas habilidades aprendidas, pero también incluye un importante reto a la hora de establecer un "encuadre" apropiado para el trabajo profesional. El hecho de que los sujetos no acudan al profesional sino que sea éste último quien se acerque al paciente, junto con una posible baja "conciencia de enfermedad", son elementos que subrayan la importancia de procurar, desde el inicio, el establecimiento de un vínculo fuerte y una estrecha relación de confianza y respeto. Por último, el trabajo en la comunidad también implica la movilización de los miembros de la misma, que favorezcan procesos de aceptación e incorporación del enfermo mental, así como de las instituciones tradicionales, que deben adaptarse a la nueva metodología de intervención.

En resumen, la intervención socio-comunitaria con sujetos con TMGC se postula como una estrategia a tomar en cuenta para el tratamiento de estos pacientes, que ha probado desde diferentes modelos, una gran eficacia en la consecución de sus objetivos de autonomía, integración social y mejora de calidad de vida.

El artículo original puede encontrarse en: Saiz, J. y Chévez, A. (2009). La intervención socio-comunitaria en sujetos con Trastorno Mental Grave y Crónico: modelos teóricos y consideraciones prácticas. Intervención Psicosocial, 18, 75-88.

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