El día 30 de enero se ha celebrado el Día Escolar de la Paz y de la No Violencia. Precisamente la conflictividad y los problemas de convivencia escolar son uno de los puntos débiles más graves y más acusados de nuestro sistema de enseñanza, tal y como se ha visto reflejado en numerosos y recientes informes tanto nacionales como internacionales (véase el informe Panorama de la Educación, el Teaching and Learning International Survey, ambos de la OCDE, o el estudio Progreso hacia la consecución de los objetivos de Lisboa en educación y formación de la Comisión Europea, entre otros).

La gravedad de la situación en la que se encuentra nuestro sistema de enseñanza ha sido también motivo del debate del último Desayuno de Infocop, donde se dieron cita importantes representantes del ámbito educativo y político de nuestro país. En el marco de este VII Desayuno quedó patente la necesidad de abordar con urgencia los retos que aún quedan pendientes en el sistema educativo: fracaso escolar, violencia en las aulas, problemas de conducta... siendo ésta una necesidad sentida y especialmente demandada por parte de la comunidad educativa más directamente vinculada con el trabajo directo en los centros escolares (profesores, directores de centros de enseñanza, asociaciones de padres, etc.).

La Psicología ofrece herramientas fundamentales para el abordaje de todos estos problemas que afectan directamente a la calidad de la enseñanza. Por este motivo, hemos seleccionado el siguiente artículo, donde se detallan diferentes programas de actuación dirigidos hacia la mejora de la convivencia escolar, que los psicólogos educativos están implementando en los centros escolares.

Educación en resolución de conflictos para la mejora de la convivencia escolar

David Álvarez-García, Luis Álvarez Pérez y José Carlos Núñez Pérez
Universidad de Oviedo

La convivencia escolar está recibiendo una gran atención en los últimos años. Los enfoques de intervención para su mejora o mantenimiento han sido diversos. Una de las líneas de intervención que está recibiendo hoy en día una mayor atención por parte de investigadores y educadores es la Educación en Resolución de Conflictos. Este enfoque aglutina todo un variado conjunto de experiencias que tienen en común la práctica o formación de al menos uno de los procesos que permiten afrontar constructivamente conflictos -negociación, mediación y/o consenso en grupo-, así como los principios, habilidades y actitudes necesarios para ponerlos en marcha (Crawford y Bodine, 1996).

Utilizando la terminología propuesta por Bjerstedt (1993), las formas posibles de enseñar estos contenidos al alumnado desde un centro educativo son principalmente cuatro.

Siguiendo un enfoque mono-curricular, los contenidos se ofrecen como una asignatura independiente, generalmente en horario de tutoría. Así, por ejemplo, se pueden dedicar unas horas de tutoría a trabajar habilidades comunicativas (escucha activa, hacer críticas, responder a ataques verbales de forma asertiva, etc.), incidiendo en su importancia como forma de respuesta constructiva a los conflictos.

Desde un enfoque cross-curricular, estos contenidos se tratan como un eje transversal en todas las áreas, integrándolos en los contenidos propios de las diferentes asignaturas. Por ejemplo, se puede utilizar el episodio del jarro de vino del Lazarillo de Tormes en clase de Lengua Castellana y Literatura para distinguir los conceptos de conflicto y violencia, debatir sus causas y consecuencias, y analizar paralelismos con problemas sociales actuales (Álvarez-García, Álvarez, y Núñez, 2007), a la par que para trabajar la comprensión lectora o los valores literarios del texto. Desde un enfoque extra-curricular, estos contenidos se trabajan fuera del trabajo ordinario, en forma de campañas, talleres o jornadas. Por ejemplo, se puede desarrollar una campaña de sensibilización con carteles y folletos que animen a usar formas no violentas de afrontamiento; se puede desarrollar un taller en horario extraescolar para la formación del equipo de mediadores; o juegos alusivos durante el recreo del "Día Escolar de la No Violencia y de la Paz" (30 de enero).

Por último, el enfoque trans-curricular consiste en educar en resolución de conflictos impregnando todas las actividades del centro, mediante la interacción cotidiana. En este sentido, existen muchas maneras de aprovechar conflictos reales -o incluso de crearlos en el aula- para enseñar al alumnado a abordarlos correctamente. Por un lado, existen metodologías de aula que consisten en promover conflictos en el aula, de carácter intelectual, y tratar de resolverlos de manera adecuada, fomentando el proceso, los principios, las actitudes y las habilidades implicadas en una solución constructiva del conflicto. Una de las más representativas es la controversia académica (Johnson y Johnson, 1995).

Por otro lado, se puede aprovechar la gestión de conflictos relacionales o referidos al funcionamiento del grupo, reales, en el aula o en el centro, para enseñar al alumnado a abordar conflictos de manera constructiva. Así, por ejemplo, si un profesor pone en marcha una asamblea de aula y estructura la sesión siguiendo unas fases que faciliten que el diálogo llegue a un acuerdo y no se pierda en una discusión sin salida; si fomenta actitudes y valores, como la responsabilidad y el respeto; si mantiene durante el proceso principios esenciales, como que las partes centren su esfuerzo en atacar juntas el problema que comparten y no en atacarse las unas a las otras; y si propicia que el alumnado desarrolle habilidades, como la empatía, el respeto del turno de palabra o la tormenta de ideas, por ejemplo, estará enseñando a su alumnado mediante la propia práctica ante un caso real a afrontar los conflictos de manera constructiva. En este mismo sentido, los programas de mediación escolar no sólo pretenden solucionar conflictos concretos, sino también que los mediados interioricen el proceso, actitudes, principios y habilidades desarrollados o promovidos por el mediador, previamente formado en estos aspectos.

En un reciente trabajo, el equipo que firma este texto ha tratado de analizar el impacto de la aplicación de un programa de Educación en Resolución de Conflictos desde un enfoque mono-curricular sobre el clima de convivencia percibido por el alumnado. El programa de intervención consistió en un temario de diez unidades para la formación del alumnado en resolución de conflictos. Fue aplicado en aulas de un Instituto de Educación Secundaria, por sus respectivos tutores, en horario de tutoría. La aplicación de este temario fue acompañada del uso de este material por parte de los tutores para el afrontamiento negociado o mediado de ciertos conflictos en el centro y de reuniones periódicas de seguimiento. La mayor parte de las actividades aplicadas en este trabajo forman parte de un programa de intervención más amplio, publicado con el nombre de "Aprende a Resolver Conflictos" -ARCO- (Álvarez-García, Álvarez y Núñez, 2007). Los resultados obtenidos muestran un impacto positivo del programa sobre el clima de convivencia percibido.

El artículo completo en el que se basa esta noticia puede encontrarse en la revista International Journal of Psychology and Psychology Therapy:

David Álvarez, Luis Álvarez, José Carlos Núñez, Celestino Rodríguez, Julio Antonio González-Pienda y Paloma González (2009). Efectos sobre la conflictividad escolar de un programa de educación en resolución de conflictos en tutoría. International Journal of Psychology and Psychology Therapy, 9, 2, 189-204.

Referencias: