Francisco-Juan García-Bacete1, Inmaculada Sureda García2 y Mª Inés Monjas Casares3
(1) Universitat Jaume I de Castellón, (2) Universitat de les Illes Balears y (3) Universidad de Valladolid

Uno de los retos evolutivos a lo largo de la infancia es, sin duda, la construcción de unas adecuadas relaciones con otros niños y niñas lo que implica, entre otros, el logro de vínculos de amistad y la integración en los diversos grupos (de aula, deportivos, de ocio…). Las relaciones con los iguales tienen una importancia clave en el desarrollo general ya que los amigos son elementos importantes de compañía, de diversión, de protección, de información y aprendizaje; son fuente importante de intimidad, de afecto, de seguridad y de apoyo emocional. En este proceso, la mayoría de niños logran relaciones positivas y satisfactorias, pero algunos se ven apartados y/o no disfrutan de esas interacciones; entre ellos están los que son activa y sistemáticamente rechazados y excluidos por sus iguales.

¿Qué es el rechazo entre iguales?

Consideramos la aceptación social como el grado en que un niño es querido, aceptado, reconocido y apreciado en su grupo de iguales; el que un niño sea aceptado significa que las y los compañeros buscan su compañía y su amistad y que le estiman, le valoran y le quieren. Por el contrario, cuando un niño es rechazado evidencia que a los demás no les gusta y lo demuestran con conductas que denotan falta de estima y de valoración e incluso antipatía, desagrado y enemistad.

¿Cómo se identifica a los niños rechazados?

El rechazo es en primer lugar una cuestión sociométrica, una cuestión de preferencias y antipatías sociales. Para identificar al alumnado rechazado se emplean los métodos sociométricos y de modo específico el Cuestionario sociométrico de nominaciones entre iguales, que consiste en que cada niño elige a otros de su clase de acuerdo a un criterio determinado. Por ejemplo, ¿Quiénes son los tres compañeros o compañeras de esta clase que eliges como mejores amigos o amigas? Para la identificación adecuada del rechazo se requiere que el cuestionario incluya también la dimensión negativa: ¿Quiénes son los tres compañeros o compañeras de esta clase que menos te gustan como amigos o amigas?

¿Qué hace y qué no hace un niño rechazado?

Gran parte de la investigación en este campo se ha focalizado en el establecimiento de un perfil del rechazado. A título ilustrativo se señalan algunos correlatos asociados: a) conductuales (la agresión y el aislamiento), b) socio-cognitivos (sesgos de atribución hostil, por ejemplo, atribuye hostilidad a una conducta que otro niño ha hecho sin querer) y c) emocionales (pobre regulación emocional, por ejemplo, se enfada excesivamente cuando algo le está molestando). La evidencia disponible concluye que los alumnos rechazados son claramente los más agresivos, los más aislados y, sobre todo, los menos sociables y prosociales de todos los tipos sociométricos (preferidos, rechazados, controvertidos, ignorados y "promedios"). No obstante, no todos los rechazados son iguales, identificándose tres subtipos: rechazados-agresivos (25%), rechazados-aislados (15%) y rechazados medios (50%).

¿Por qué se rechaza a un compañero?

Cuando se pregunta directamente a los niños por las razones que tienen para no elegir como amigo a otro niño los principales motivos que esgrimen se refieren a conductas agresivas; primeramente, de agresión relacional e indirecta referida a dominancia y superioridad, especialmente prepotencia (No deja jugar a las demás; Hace bromas pesadas), después de agresión física y finalmente de agresión verbal. Los comportamientos que revelan inmadurez (Es un niñato; Se deja influir por los demás) y los que resultan molestos (Es un pelma; No para de hablar) son otras razones importantes de rechazo.

¿El rechazo una característica individual o interpersonal?

Sin embargo, el rechazo entre iguales no ha de verse como una respuesta automática a las peculiares características personales del niño rechazado, sino como un proceso interpersonal bidireccional en el que los iguales juegan un papel relevante, además de la familia y el profesorado.

Cuando los compañeros de clase no se sienten atraídos por un niño o encuentran molestas y desagradables algunas de sus conductas, están menos disponibles para este niño, se relacionan menos con él, le evitan y no establecen vínculos afectivos positivos con lo que el niño pierde oportunidades para practicar y aprender habilidades sociales muy relevantes para su desarrollo óptimo. Además, la reputación negativa que el grupo se forma de ese niño (pega, incordia, es mandona), reduce las oportunidades para cambiar y contribuye a la profecía autocumplida. Estas experiencias negativas y la interpretación que de ellas hace el niño rechazado afectan al desarrollo de su identidad, de sus creencias y a las representaciones personales que elabora sobre el mundo social. Todo ello hace que vuelva a mostrar conductas que no gustan al grupo con lo que se establece una espiral negativa que conlleva nuevas consecuencias negativas con lo que las dificultades socio-emocionales de los niños se incrementan con el tiempo, creando una situación crónica con un impacto negativo en el desarrollo de su identidad, autoestima, competencia social, salud mental y adaptación escolar. Por ello, en el estudio de esta problemática no sólo cabe observar lo que hacen los rechazados, sino también cómo les tratan sus compañeros del grupo.

¿Cuántos rechazados y rechazadas hay?

El porcentaje de alumnos identificados como rechazados se sitúa entre 10 y 15% (11,3% en nuestras investigaciones). Este número de rechazados es muy estable a lo largo de la escolaridad. Asimismo es preciso indicar que hay más rechazados que rechazadas (16.0% vs 5.8%). Esta asimetría en la distribución de las nominaciones negativas es lo que hace que el rechazo sea una característica fundamentalmente asociada a los varones.

¿Qué se puede hacer?

En consecuencia con la conceptualización del rechazo como proceso interpersonal dinámico proponemos una intervención dirigida, por una parte al grupo aula, donde son aspectos relevantes la promoción de un clima social inclusivo, el desarrollo de un programa socioemocional y el empleo de estrategias de aprendizaje cooperativo, y por otra parte, al alumnado rechazado (entrenamiento específico en habilidades sociales, autocontrol emocional, solución de conflictos interpersonales y promoción de la amistad) y a su familia (entrenamiento en habilidades de parentalidad, mejora las relaciones familia-escuela, etc.). Como puede deducirse de este planteamiento, el profesorado y los profesionales de orientación juegan un papel esencial en todo el proceso de identificación e intervención y por ello es crucial su formación en los diferentes componentes mencionados.

El grupo GREI (Grupo interuniversitario de Investigación del Rechazo entre Iguales en el contexto escolar) se constituyó en 2003 con la meta de estudiar al alumnado rechazado y motivados por la escasa atención en nuestro país a este tema y considerando el alto porcentaje de niños rechazados que existen en las aulas, las negativas consecuencias que conlleva el rechazo y el escaso éxito de las intervenciones anteriores con esta población. Actualmente está formado por ocho personas de cuatro universidades: Francisco-Juan García-Bacete y Mª Luisa Sanchiz (Universitat de Castelló), Mª Inés Monjas y Luis-Jorge Martín (Universidad de Valladolid), Inmaculada Sureda y Patricia Ferra (Universitat de les Illes Balears) y Victoria Muñoz e Irene Jiménez (Universidad de Sevilla).

El artículo original puede encontrarse en la Revista Anales de Psicología:
García-Bacete, F.J., Sureda, I y Monjas, M.I. (2010). El rechazo entre iguales en la educación primaria: una panorámica general. Anales de Psicología, 26 (1), 123-136.