J.M. Otero-López, M.C. Pardiñas, M.J. Santiago, C. Castro, L. Mirón, D. Ponte y E. Villardefrancos
Universidad de Santiago de Compostela

En las últimas décadas existe un notable consenso entre teóricos e investigadores acerca de que el "oficio de enseñar", fundamentalmente en los niveles de enseñanza secundaria, se convierte en un factor de riesgo del burnout. La evidencia documentada en distintos estudios acerca de la creciente incidencia y prevalencia de este fenómeno en este colectivo, los elevados costes que conlleva (laborales, sanitarios, sociales) y la urgente necesidad de diseñar propuestas preventivas y de intervención con garantías de eficacia, han sido los principales argumentos esgrimidos para reivindicar mayores esfuerzos desde la investigación.

Desde esa siempre obligada mirada retrospectiva que nos acerque al status quo de la cuestión cabe señalar que, si lo comparamos con épocas pretéritas, el mundo que rodea a los docentes de enseñanza secundaria ha sufrido una profunda transformación. La literatura previa se hace eco de algunas casuísticas que ejemplifican la dimensión menos amable del cambio: los ánimos están ahora más exaltados, existe mayor percepción del profesor de falta de apoyo desde distintos sectores (políticos, legisladores, padres…), han aumentado las críticas y el cuestionamiento de su labor, mayor dejación de las responsabilidades en la educación de los hijos por parte de algunas familias, mayor diversidad cultural de los alumnos, devaluación de la imagen del docente al que se responsabiliza (cual chivo expiatorio) de los males del sistema educativo, disminución de la motivación del alumno para estudiar, cambios en los contenidos curriculares, demanda de renovaciones metodológicas, reformas y más reformas, cambios en las relaciones profesor-alumno (aumento de la percepción de riesgo por parte del docente de agresiones verbales de los alumnos, por ejemplo), incremento de la conflictividad en las aulas y fuera de ellas, aumento de la edad de escolarización obligatoria (en ocasiones, los docentes se convierten en "vigilantes" de la permanencia en las aulas de algunos alumnos que se sienten retenidos contra su voluntad), sobrecarga laboral-múltiples tareas (docentes, administrativas, tutoriales, actividades extraescolares, claustros, reuniones, tareas de coordinación, vigilancia de recreos...), etc.

En suma, son muchos los profesores que apuntan que en la actualidad las demandas son excesivas: buen enseñante, pedagogo y psicólogo eficaz, capacidad para integrar la diversidad, eficaz solucionador de situaciones potencialmente conflictivas, habilidad para compaginar distintos roles contradictorios (compañero y evaluador del alumno). El resultado es que algunos profesores (afortunadamente no todos) han entrado en un camino de difícil retorno: su proyecto ilusionante al iniciar la carrera docente se ha visto cercenado por la realidad del día-a-día en las aulas, su sentido profesoral roza la sin-razón en un sistema aquejado (en ocasiones) por el menosprecio del saber, su tribulación cotidiana se encuentra desvalida ante las críticas de otros sectores (alumnos, padres, administración)… En fin, algunos profesores se han instalado en una fase de desencanto, de cansancio emocional, de acusada percepción de juicio social contra su labor, manifestando, a la postre, su malestar laboral.

Llegados a este punto, y conscientes de que no existen respuestas simples para problemas complejos, parecía oportuno realizar una investigación que contribuyera decididamente al conocimiento acumulativo en cuanto a la naturaleza y el alcance del burnout en este colectivo docente, sin descuidar la identificación de cuáles son las variables con mayor capacidad predictiva de este fenómeno. A este respecto, y siguiendo un diseño longitudinal de cohorte transversal, se evaluaron, a lo largo de tres años consecutivos, tres muestras representativas de profesores de enseñanza secundaria de la Comunidad Autónoma de Galicia -conformando la muestra agregada un total de 3.281 docentes-. Hemos explorado, transversal y longitudinalmente, múltiples aspectos en relación al burnout: datos de prevalencia en función de variables biográficas y ocupacionales, principales fuentes de estrés y agrupación, estrategias de afrontamiento más utilizadas, variables con mayor capacidad predictiva, etc. Así mismo, y en clara consonancia con la vocación integradora del estudio (interesaba lo cuantitativo, pero sin descuidar lo cualitativo), hemos realizado entrevistas en profundidad a 100 profesores interesándonos en sus experiencias, vidas y opiniones acerca del desempeño laboral en este ciclo educativo.

Las principales conclusiones del estudio son las siguientes:

  • El 25,7% de los docentes de la ESO de la Comunidad Autónoma de Galicia presentan altos niveles de burnout confirmándose, además, una tendencia ascendente de esta problemática en el periodo temporal analizado.
  • Existen diferencias significativas en función del sexo tanto en el burnout total, como en cada una de sus dimensiones. En concreto, las profesoras, cuando se las compara con sus compañeros varones, informan de mayores niveles de desgaste laboral, siendo especialmente elevadas sus puntuaciones en cansancio emocional. No obstante, cabe reseñar que en ambos sexos los niveles de burnout experimentan un incremento progresivo a lo largo del tiempo.
  • Se ha constatado la existencia de una relación curvilínea entre la edad y el burnout. Específicamente, los profesores que se encuentran en etapas intermedias de la vida (intervalo 40-49 años) informan de mayores niveles de burnout, diferenciándose a niveles estadísticamente significativos, de aquellos que están comenzando (menos de 30 años) o terminando su carrera profesional (60 años o más).
  • Por lo que respecta al ciclo de docencia, los profesores que imparten clase en el segundo ciclo de la ESO han manifestado, durante los distintos años evaluados, mayor burnout que los docentes de primer ciclo (estas diferencias alcanzaban, en todos los años evaluados, la significación estadística). Además, cabe reseñar que mientras los profesores de segundo ciclo informaban de mayor cansancio emocional y despersonalización, los docentes de primer ciclo presentaban mayor logro personal.
  • Los niveles de burnout se relacionan significativa y positivamente con la presencia de síntomas en los distintos momentos temporales analizados. En concreto, a mayor burnout laboral mayor era también la frecuencia de síntomas físicos (fatiga, dolor de cabeza, problemas de sueño), emocionales (irritabilidad, hostilidad, depresión, ansiedad) y cognitivos (dificultad para concentrarse, autoverbalizaciones negativas y excesiva preocupación).
  • Los estresores que mayor impacto psicológico percibido tienen en los docentes de secundaria se refieren, en general, a: falta de apoyo social, cuestiones disciplinarias y conflictos (alumnos, padres, compañeros, superiores…), pasividad del alumnado y cambios en el sistema educativo. No obstante, las tareas inherentes al "oficio de enseñar" (dar las clases, preparar y vigilar los exámenes) y la zona en que está situado el centro son, de todos los estresores evaluados, aquellos que menor tensión generan a los docentes.

Ahondando en la cuestión, cabría señalar que: